Un estudio de científicos israelíes

El confinamiento es un "método medieval innecesario", ¿por qué seguimos usándolo?

Dos matemáticos han elaborado una teoría en la que argumentan, con datos reales, como Israel y otros países podrían haber controlado la epidemia sin necesidad de confinamiento

Foto: Visitantes en el Sepulcro Sagrado en Jerusalén. (EFE)
Visitantes en el Sepulcro Sagrado en Jerusalén. (EFE)

Cuando medio mundo ha estado o permanece en confinamiento para evitar la propagación del covid-19, en Israel, uno de los países en los que la incidencia letal de la pandemia ha sido casi marginal, pero la económica y psicológica no tanto, un equipo de la Universidad Hebrea de Jerusalén critica el método de la cuarentena como “medieval” y señala que, en este caso y aplicándolas como se han aplicado en casi todo el mundo, el remedio es peor que la enfermedad.

En los primeros días de actividad institucional en contra del coronavirus, con cierre de los cielos del país, clausura de fronteras, la obligatoriedad de la cuarentena y la puesta en marcha de métodos hasta entonces antiterroristas, como la supervisión vía GPS de personas que la vulnerasen, el primer ministro Benjamin Netanyahu dijo en una de sus múltiples alocuciones al país en la televisión pública: “Hay que extremar las precauciones, quedarse en sus casas y seguir nuestras instrucciones; un contagiado contagiará a tres personas, cada una de esas tres personas contagiará a otras tres y así”, en una explicación exponencial que el profesor David Gershon, coautor del estudio “Manejando la pandemia del covid-19 sin destruir la economía”, califica de anticuada y no precisa.

“El modelo epidemiológico tradicional que explica el ritmo de contagios con bolas de color representando los enfermos, y bolas blancas representando a los sanos, en el que una bola de color contagia exponencial y progresivamente a las sanas es un modelo que permite predecir fácilmente los contagios, pero es un mal modelo porque es primitivo, inexacto y da mucho miedo”, sostiene Gershon, profesor de economía de la Universidad Hebrea, en entrevista con El Confidencial.

Los economistas Gershon y Alexander Lipton, junto al epidemiólogo Hagai Levin, han elaborado una teoría matemática en la que argumentan, con datos reales, como Israel y otros países podrían haber controlado la epidemia sin necesidad de confinamiento.

Sálvese quien pueda

La versión israelí del confinamiento: las calles de Tel Aviv, Jerusalén, Haifa… vacías, coches patrulla de la policía recorriéndolas, así como ambulancias y drones de vigilancia sobre parques y plazas para asegurar el cumplimiento de la nueva normativa. Mientras, los informativos monotemáticos día tras día.

Muy a menudo se oía música en los apartamentos del centro de las ciudades y en los portales se acumulaban las botellas de alcohol (se dejan ahí para que las personas necesitadas las canjeen en los supermercados por dinero). El gerente de una conocida franquicia de alcohol confirmaba a este diario que los israelíes, un pueblo no muy dado a consumir alcohol, se comportaba de manera atípica desde el encierro: “Están comprando más alcohol que nunca, más que en las fiestas, y eso me alegra bastante”, afirmaba Adam Solov.

Se sabe que el confinamiento puede producir enormes daños en la psique de las personas, por la ansiedad, el miedo, la sobreinformación...

En ese ambiente apocalíptico, los psicólogos y psiquiatras israelíes, como en el resto del mundo, vieron aumentar su trabajo. Como enfatizó la psicóloga Yafi Shpirer, “se sabe que el confinamiento puede producir enormes daños en la psique de las personas, por la ansiedad y el miedo, la sobreinformación que acaba siendo desinformación, el aislamiento, con el aumento de agresiones domésticas multidireccionales (no solo del marido a la mujer, sino de los menores a los padres, o entre los hermanos)”. Esos males y el consabido estancamiento económico -en España el PIB ha caído un 5,2%, en la mayor economía del mundo, la estadounidense, un 4,8%, y la israelí se ha contraído en un 7%- es lo que motivó al equipo de profesores israelíes a trabajar en un modelo basado en una división multipoblacional para calcular su teoría y probar que el confinamiento no es la solución.

El modelo propuesto

“Quisimos ser más específicos que los modelos de contagio hechos por los epidemiólogos, que no son muy buenos matemáticos”, señaló Gershon. Para ello dividieron la población muchos y diversos grupos, como vulnerables y menos vulnerables, los que viven en concentraciones urbanas y en menor concentración, por edades, por características de comportamiento, por interacciones… y estudiaron lo que se conoce del comportamiento del coronavirus.

Se preguntaron lo que otra mucha gente se debió de preguntar cuando los gobiernos empezaron a dictar cuarentenas: que si el confinamiento era realmente necesario o si esa recreación moderna del encierro medieval era una medida desesperada y tomada con retraso frente lo desconocido, cuando el virus ya se había propagado, o una medida preventiva necesaria.

Un hombre camina por una calle semivacía en Nablus. (EFE)
Un hombre camina por una calle semivacía en Nablus. (EFE)

“Porque uno de los argumentos de los gobernantes era que el objetivo del encierro era 'aplanar la curva' o, en otras palabras, asegurarse de que el sistema de salud no excediese su capacidad máxima”, explicó Gershon. “El modo de medirlo con respecto a esta pandemia es asegurarse de que el número de camas en las unidades de cuidados intensivos es suficiente para todos los pacientes que requieran cuidados intensivos”, añadió.

El modelo “Manejando la pandemia del COVID-19 sin destruir la economía” calcula el consumo de camas en unidades de cuidados intensivos en hospitales y camas hospitalarias en general durante la pandemia. Considera cada una de las fases de la enfermedad, separa entre los distintos grupos de población y calcula la tasa de infección, hospitalización y camas en cuidados intensivos para las diferentes poblaciones.

Según este modelo, si un país adopta una política de distancia social en la medida de lo posible, también en el trabajo, 14 días de autoconfinamiento para quien tenga síntomas de fiebre o tos, pruebas a los individuos con síntomas siempre que sea posible y medidas higiénicas, como mascarillas en público, en la mayoría de los casos la cuarentena sería innecesaria.

Una de las conclusiones del estudio es que en los países en los que el número de camas en cuidados intensivos para pacientes de covid-19 supera las 60 por millón, no es necesario el confinamiento. Y cuando el número de camas es menor a 60 por millón de pacientes, puede que se recomiende una cuarentena parcial y temporal para la población de riesgo, pero la economía y la sociedad puede continuar funcionando.

¿Un mundo sin grises?

El dilema del confinamiento se presentó al público israelí desde el principio como una cuestión maniquea entre salvar vidas o salvar la economía. Y no solo al público israelí. El reputado economista turco Daron Acemoglu, que investiga y trabaja en el MIT (Massachusetts Institute of Technology) se alinea con esta perspectiva, igual que Darrell Duffie, de la Universidad de Stanford, que oponían vidas a economía, y proponían encierros de hasta dos años.

El estudio de la Universidad Hebrea, que, por cierto, ha tenido repercusión limitada en el país, apenas en el ámbito académico, asegura que, en Israel, incluso con el peor de los pronósticos y sin ninguna cuarentena, hay 3.000 camas hospitalarias en total, lo que lleva a Gershon a concluir: “Aquí el encierro ha sido innecesario y podría haber sido evitado. Hubiera bastado una política de responsabilidad higiénica en lugares públicos”.

Sin embargo, sí que ha habido grises en países como Suecia, Singapur, Taiwán o Corea del Sur. En ninguno de ellos hubo un cierre total y el sistema sanitario no llegó a su capacidad máxima, incluso cuando varios de ellos tenían menos camas que Israel.

El epidemiólogo del estudio apunta que países como España, Italia o el Reino Unido, donde, a pesar de la cuarentena, miles de personas han muerto, se han solapado diversos elementos: el número de muertos por gripe en los tres países es más alto que la media europea, entre otros motivos por el excepcionalmente alto número de población de riesgo por edad. Otro motivo probable es que las regulaciones de cuarentena se aplicaron cuando el virus ya se había propagado peligrosamente y no se había obligado a medidas higiénicas desde el principio.

Tanto en Europa como en Israel no se han hechos públicos muchos datos todavía, como el impacto psicológico del encierro. Los psicólogos que tratan a pacientes en situación de ansiedad extrema han compartido algunos detalles, como personas que de tanto limpiar ciertas partes de sus casas han deshecho muebles y utensilios con disolventes, casos de quemaduras corporales para “librarse” del virus, y el fenómeno más común de las personas que, aun pudiendo, prefieren no salir de casa.

Tan seguros están los tres investigadores de que el remedio ha sido peor que la enfermedad que piden una investigación sistemática de los casos de muertes debida al confinamiento, a corto y largo plazo, ya que apuestan a que la mortandad por efectos de la cuarentena es mayor que la mortandad relacionada con el virus

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