Epidemia de cámaras espías en baños públicos

"Mi vida no es tu porno": el #MeToo de Corea del Sur está lleno de cámaras ocultas

Corea del Sur sufre una epidemia de cámaras ocultas en baños públicos u hoteles. En 2018, se denunciaron más de 6.000 casos de grabaciones ilegales.

Foto: Un policía demuestra cómo estaban colocadas las cámaras espías en un hotel. (Reuters)
Un policía demuestra cómo estaban colocadas las cámaras espías en un hotel. (Reuters)

"Evita si puedes los baños públicos, y mira bien antes de entrar", recomienda Nhoa Lee a sus amigas que vienen a visitarla a Corea del Sur desde España. No es un consejo en vano: el país asiático sufre lo que ha sido catalogado como una "epidemia" de cámaras espías colocadas en lugares como baños públicos o habitaciones de hotel que ha hecho saltar las alarmas e incluso activar una brigada especial de la Policía para detectarlas.

El fenómeno se conoce como 'molka' (cámara secreta), y evitarlas se ha convertido en parte del día a día de las surcoreanas, especialmente en grandes ciudades como Seúl, donde es muy fácil encontrarse con baños completamente agujereados. Ahí, en pequeños agujeros junto al pomo, o en la umbría sombra de un rincón, es donde se esconden las microcámaras. Cerca de 6.800 casos de grabaciones ilícitas se denunciaron a la Policía surcoreana en 2018, según datos de la Fiscalía Superior del país, pero las cifras reales son mucho mayores, ya que la mayoría o no se detectan o no se denuncian.

"Aunque es agobiante, las chicas ya incluso lo han llegado a normalizar, lo ven como algo inevitable. Cubren las paredes con papel higiénico y van rápido, siempre con ese agobio", explica a El Confidencial la joven malagueña, que se hace llamar Nhoa Lee y reside en Seúl desde hace dos años, donde ha cursado un posgrado de traducción literaria al español y coreano y colabora con organizaciones de turismo en Seúl para hispanohablantes.

Algunas surcoreanas han tomado cartas en el asunto. En internet pueden encontrarse trucos para detectar las cámaras, que va desde revisar los agujeros y taparlos con papel higiénico a pasar el móvil conectado a una llamada buscando interferencias, o echar un vistazo a las redes wifi disponibles. Si hay alguna con un nombre muy largo lleno de números y letras, probablemente sea la conexión inalámbrica de la cámara. Algunas incluso llevan silicona para sellar los agujeros. Paralelamente, las ventas de detectores de cámaras se han multiplicado. Un 333% comparado con el año anterior en la tienda de compra online surcoreana 'G-Market', según datos que recoge un reportaje de la cadena estadounidense ABC.

Por si acaso, muchas utilizan una mascarilla que, aunque estén siendo grabadas, impedirá su identificación.

Mujeres con máscarilla en Seúl. (Reuters)
Mujeres con máscarilla en Seúl. (Reuters)

Si en Estados Unidos el #MeToo se tradujo en una oleada de denuncias de acoso en la industria del cine y en España la indignación prendió en torno a las violaciones grupales como la de La Manada o los tipos penales sobre el abuso, las reivindicaciones al otro lado del océano son muy distintas. En 2018, miles de surcoreanas, muchas con el rosto cubierto, salieron a las calles bajo el lema "Mi vida no es tu porno", para denunciar la epidemia de cámaras espías y venta de vídeos íntimos a páginas web pornográficas.

Las manifestaciones fueron un extraño detonante en un país donde el feminismo no ha terminado de cuajar en la opinión pública, y donde las mujeres que denuncian casos de abuso en la todopoderosa industria musical del 'K-pop' se arriesgan al escarnio y acoso público. Kang Kyung-yoon, periodista de la cadena local SBS que destapó conversaciones entre conocidos cantantes hablando de violar a mujeres ebrias o compartiendo fotos y vídeos íntimos -en lo que se ha convertido en el mayor escándalo del K-pop- ha recibido incluso amenazas de muerte.

"Corea ha fomentado una cultura y sociedad misógina durante miles de años, y esa misoginia permeó profundamente. Las feministas coreanas ahora están señalando y cambiando aspectos misóginos y patriarcales en la sociedad", explica una joven coreana miembro del colectivo KORADFEM (feministas radicales de Corea del Sur) que pide que se le cite bajo el seudónimo de Crystal, porque "es muy común (que a las feministas) se las acose y amenace, especialmente online. No es seguro ser abiertamente feminista en Corea. La mayoría prefiere ocultar su cara e información personal".

Patrullas de mujeres

Meses después, el Gobierno surcoreano respondió a las manifestaciones con la creación de un cuerpo especial mujeres que patrullan los baños en estaciones de metro o de tren armadas con aparatos para detectar emisiones e identificar así las cámaras ocultas en los cubículos.

"De cada diez baños, en tres o cuatro puedes encontrar agujeros en las paredes (donde presuntamente se ocultan o se han ocultado cámaras)", cuenta Nhoa, quien explica que, según su experiencia, los baños más afectados suelen estar en las zonas de las universidades, donde hay más chicas jóvenes. Recuerda especialmente un caso en el que "toda la pared estaba llena de bolitas de papel, como si fuera relieve". Las cámaras son cada vez más pequeñas y se han llegado a detectar algunas en las cabezas de los tornillos de las bisagras.

Pero el escándalo de las 'molka' no se ha limitado a los baños públicos. El marzo pasado, dos hombres fueron arrestados por publicar online vídeos de "actividades íntimas" de más de 1.600 clientes de 30 moteles por toda Corea del Sur. Las cámaras, con lentes de un milímetro, estaban escondidas desde en soportes del secador de pelo o la caja de la televisión por cable.

El porno prohibido

A diferencia de su vecino Japón, que cuenta con una saludable industria de vídeos eróticos, Corea del Sur prohíbe el porno. Las páginas web pornográficas están bloqueadas en el país, pero es fácil burlar los cortafuegos del Gobierno con un simple VPN. Los vídeos grabados acaban tanto en la 'deep web' como en foros de intercambio por teléfono. Y no sólo vídeos. Las conocidas como 'upskirt' fotos, fotografías por debajo de la falda sin consentimiento de las chicas, se hicieron tan comunes que es habitual encontrarse en los metros de Seúl carteles advirtiendo de la ilegalidad de la práctica. "Normalmente las chicas, y yo también, llevamos un pantaloncito debajo de la falda por si acaso", explica Nhoa. Además, en Corea del Sur la cámara de los móviles viene con sonido incorporado cuando hace una foto, una configuración predeterminada que no puede eliminarse.

El negocio del 'molka' es lucrativo. El presunto jefe del cartel WebHard, centro de distribución ilegal de pornografía y canal principal en el país para difundir este tipo de grabaciones, Jin-ho Yang, habría obtenido más de 2.000 millones de wons (millón y medio de euros) del negocio. Jin-ho Yang fue detenido hace apenas unos días acusado de construir a través de WebHard uno de los mayores imperios de pornografía online en el país.

Tras las crecientes protestas, el Gobierno surcoreano ha endurecido las penas contra los cibercrímenes de naturaleza sexual, con castigos que pueden llegar a cinco años de prisión o multas de 30 millones de won (22.780 euros).

"Más del 90% de los políticos coreanos son hombres. A pesar de estas manifestaciones, el Gobierno sigue ignorando las voces de las mujeres. Necesitamos muchas más mujeres políticas que puedan defender los derechos de las mujeres", concluye Crystal.

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