EURASIA NUNCA SE FUE

Una amistad para gobernarnos a todos: el plan de Xi y Putin que cambiará el mundo

Como dice Putin, los lazos ruso-chinos han alcanzado probablemente su punto más álgido en toda su historia y se siguen desarrollando, provocando un efecto dominó geostratégico en el resto del planeta

Foto: Xi Jinping y Vladimir Putin. (Reuters)
Xi Jinping y Vladimir Putin. (Reuters)

“De entre mis colegas extranjeros, él es mi amigo más íntimo. Valoro profundamente mi amistad con él”. Las palabras de Xi Jinping hacia Vladímir Putin llamaron la atención del equipo de prensa que cubría la visita oficial del presidente chino a Moscú por su inusitada calidez. “Los lazos ruso-chinos han alcanzado probablemente su punto más álgido en toda su historia y se siguen desarrollando”, le correspondió Putin.

No era mera palabrería: Xi llegó a la capital rusa con un séquito de más de 1.000 funcionarios chinos, lo que da una idea de la importancia concedida por Pekín a este viaje. Pocos días después, Xi y Putin se volvieron a encontrar durante la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai en Bishkek. Y lo volverán a hacer la semana que viene en la del G20 en Osaka. Será la ocasión número 33 en la que los dos mandatarios se vean las caras en seis años, en una relación cada vez más estrecha. Para muchos observadores, estos son indicios de que la que era una mera especulación se está convirtiendo en una realidad: “la gran Alianza Oriental”.

Esta exhibición pública de afecto mutuo ha sido percibida como un corte de mangas suave al presidente estadounidense, Donald Trump. El mensaje es claro: frente a sus exigencias unilaterales, el resto de grandes potencias tienen todo el derecho del mundo a elegir a sus propios amigos.

La relación ruso-china viene fortaleciéndose desde al menos 2001, cuando ambos países firmaron un tratado de “amistad y cooperación”. Pero ahora, gracias a las tensiones compartidas con EEUU, están entrando en una nueva fase de apoyo mutuo y con potencial para alterar profundamente los equilibrios en el hemisferio oriental.

Eurasia, el nuevo protagonista

“Durante la Guerra Fría, en su mayor parte, China y la Unión Soviética mantuvieron una cuidadosa distancia una de otra. Sin embargo, en los últimos años, bajo los presidentes Xi Jinping y Vladímir Putin, se están acercando más y más. Esta coalescencia, que posiblemente resulte en un bloque unificado que domine el continente euroasiático, podría ser la tendencia geopolítica más importante del siglo XXI”, opina el exalmirante estadounidense James Stavridis, antiguo comandante supremo de las fuerzas de la OTAN.

“Este emparejamiento tiene cierta lógica. China es un poder global en ascenso y tiene una vasta población. Rusia tiene problemas económicos y una población en declive, pero posee madera, agua, minerales, oro, petróleo y gas natural en abundancia. Ambos comparten una enorme frontera. Y los dos son estados resueltamente autoritarios con un partido único y un solo gobernante en la práctica”, escribe Stavridis en Bloomberg. “Por encima de todo, comparten una antipatía por Occidente en general -con sus molestos esfuerzos por difundir la democracia y apoyar los derechos humanos- y un desdén por Estados Unidos en particular. Esas son suficientes cosas en común para un creciente nivel de cooperación, aunque no (todavía) para una alianza militar formal”, asegura.

Tradicionalmente, China y Rusia han tendido a cooperar en la esfera diplomática internacional, votando al alimón en el Consejo de Seguridad de la ONU. El último ejemplo se produjo el pasado 4 de junio, cuando ambos bloquearon una resolución de condena de la institución contra las matanzas de civiles en Sudán, asegurando que el documento “carecía de equilibrio”. También colaboran en el ámbito militar, donde China se beneficia de la experiencia de Rusia en campañas recientes, de Chechenia a Siria. Y este acercamiento no ha hecho sino estrecharse desde que ambos países fuesen designados “oponentes estratégicos” de EEUU en la Doctrina de Seguridad Nacional de la Administración Trump a finales de 2017. El año pasado, tropas chinas tomaron parte en los ejercicios militares masivos rusos “Vostok 2018” en Bielorrusia y el Báltico.

“Si EEUU asume que Rusia y China son una amenaza y decide hacer frente a los dos países a la vez, una alianza temporal entre ellos se convierte en inevitable”, afirma el exministro portugués Bruno Maçaes, hoy profesor no residente en la Universidad de Pekín y experto en política euroasiática. “En una de esas paradojas tan comunes en la política internacional, podríamos acabar con el mismo resultado que a los tres países les gustaría evitar: una alianza oriental entre China y Rusia”, asegura, haciendo referencia a la tradicional rivalidad entre ambos países en áreas como Asia Central.

Tú y yo nos entendemos

En realidad ninguno de estos conceptos es demasiado original. Pero más allá del simbolismo, esta vez se han adoptado una serie de decisiones cruciales que pueden tener consecuencias profundas a largo plazo. Para empezar, Xi y Putin han firmado dos documentos que otorgan carácter más o menos formal a este frente común: uno referido a una “colaboración estratégica integral para una nueva era”, que cubre toda una serie de áreas como el espacio, el Ártico, internet o la innovación tecnológica; y otro de compromiso de refuerzo de la estabilidad global estratégica, cimentando una postura común en temas como Venezuela, Irán, la península coreana o la proliferación nuclear.

Otro factor es la creciente interdependencia económica. El año pasado el comercio bilateral entre ambos países alcanzó la cifra récord de 107.000 millones de dólares anuales, principalmente en los sectores energético y alimentario, convirtiendo a China en el mayor socio comercial de Rusia. En comparación, el comercio entre Rusia y EEUU fue de 27.500 millones de dólares, unos 3.500 millones menos que el año anterior.

Y en estos tiempos de turbulencia geopolítica, Moscú ha corrido a socorrer a su socio. Según han acordado sus dos líderes, Rusia cubrirá el vacío alimentario generado por los aranceles de EEUU, de donde China importa gran parte de su soja y una proporción no desdeñable de su carne. Además, en otro desafío abierto a la Administración Trump, la compañía china Huawei ha firmado un acuerdo con la compañía rusa MTS para implementar la red 5G en Rusia.

Pero tal vez lo que puede tener un impacto más profundo sea el convencimiento por parte de ambas cúpulas dirigentes de la necesidad de establecer un sistema de pagos en yuanes y rublos que permita puentear al dólar. “EEUU es la economía más poderosa del mundo. Si queremos evitar la hegemonía del dólar, lo primero que tenemos que hacer es evitar usarlo, porque los pilares de la economía estadounidense se basan en las reservas de dólares que poseen estos países, y eso le da la capacidad y la confianza para presionar a otros países para que acaten sus reglas”, afirmó el economista Sergey Glaziev, uno de los principales asesores de Putin, durante el Foro Económico de San Petersburgo al que asistió Xi. “Si lo hacemos, la influencia estadounidense acabará por ser debilitada”, sostuvo en un panel junto a Zhou Li, un alto cargo del Partido Comunista Chino.

Los dos países han empezado a estudiar un mecanismo de intercambio comercial para transacciones energéticas que excluya al dólar, que todavía domina las cuentas binacionales: entre el 70% y el 90% del comercio ruso-chino se hace en esta divisa, mientras que el yuan se utiliza en apenas el 2%. Pero Moscú ya está haciendo los deberes. El año pasado, el Banco Central ruso se deshizo de 101.000 millones de dólares en reservas, el mayor movimiento de este tipo en la historia, adquiriendo en su lugar euros, yuanes y yenes. Rusia posee ahora un cuarto de las reservas globales de yuanes. Moscú y Pekín trabajan ya para implementar los pagos con la tarjeta de crédito china UnionPay en Rusia y de la rusa Mir en China, y para permitir la venta de bonos soberanos en las respectivas divisas del otro en las bolsas nacionales.

El Kremlin, asediado por las sanciones, lleva promoviendo la idea de la “desdolarización” desde al menos 2014. Pero una China que se sentía muy cómoda con el sistema global no parecía tener demasiada prisa por implementarla. Pero ahora, con la presión que impone la guerra comercial, el escenario podría ser muy diferente. En 2015, el Banco Popular de China lanzó el llamado Sistema de Pago Interbancario Transfronterizo, que funciona solo en yuanes y utiliza el sistema Swift. Analistas creen que Pekín trabaja ya en un modelo totalmente independiente que funcione al margen de Swift, sobre el que EEUU siempre puede ejercer sanciones.

El nuevo telón de acero

“El contexto ha cambiado. El reinicio de la guerra comercial, las medidas estadounidenses contra Huawei, así como la respuesta de China, sugieren que China y EEUU están entrando en una fase de desacoplamiento, no solo en las relaciones económicas sino de forma más general”, indica Steve Tsang, director del Instituto de China de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de Londres. “Esto implica un cambio estructural en el alineamiento estratégico global. A medida que esto progresa, China bajo Xi necesitará reforzar su capacidad de hacer frente a EEUU y sus aliados. Y la Rusia de Putin viene muy bien en este contexto”, dice en una entrevista con el diario South China Morning Post.

Según algunos expertos, el riesgo que implica que tanto las redes de conectividad como los sistemas económicos de Rusia y China estén integrados es que acabe creándose un nuevo “telón de acero tecnológico” en el que ambas esferas se desarrollen de forma completamente independiente. A la larga, esto crearía una brecha entre Occidente y Oriente en la que aparatos y software de ambos bloques podrían ser incompatibles.

Es pronto para dar todo esto por hecho, pero todos los grandes proyectos empiezan con un pequeño gesto. Y en ese sentido, Xi y Putin están más expresivos que de costumbre.

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