"quemaron viva a mi familia"

Dos décadas de rencor tiñen el voto de los musulmanes contra Modi

La familia de Shakeela Bano fue quemada viva enfrente de sus ojos a manos de hinduistas, una matanza que mancha el expediente del candidato favorito en India: Narendra Modi

Foto: Shakeela Bano, testigo que perdió a su familia en la matanza de musulmanes que tuvo lugar en 2002 en Gujarat. (EFE)
Shakeela Bano, testigo que perdió a su familia en la matanza de musulmanes que tuvo lugar en 2002 en Gujarat. (EFE)

El 28 de febrero de 2002, la familia de Shakeela Bano fue quemada viva enfrente de sus ojos a manos de hinduistas sedientos de venganza, una matanza de musulmanes que todavía mancha el expediente del candidato favorito a la reelección en la India: el primer ministro, Narendra Modi. Cuando era jefe de gobierno en el estado occidental de Gujarat, 59 peregrinos hindúes murieron en el incendio de un tren del que se acusó a activistas islámicos, lo que desató como represalia una matanza indiscriminada de casi un millar de musulmanes, instigada, según las víctimas, por partidos como el BJP de Modi.

La mañana siguiente al incendio del ferrocarril, los comercios cerrados, la presencia policial y la llegada de grandes grupos de personas a las callejuelas de Naroda Patiya, en el noreste de la ciudad de Ahmedabad, presagiaban tormenta, explicó a Efe Shakeela, de 36 años. Por la tarde, la familia decidió trasladarse al barrio de Gangotri. Allí, pidieron ayuda a un conocido llamado Bhavani que se ofreció a guardar las joyas que la madre de Shakeela había podido salvar antes de abandonar Naroda Patiya.

Sin embargo, tan pronto como pusieron un pie en la colonia, Bhavani gesticuló para dirigir la atención de la turba hacia ellos. "Vertieron gasolina sobre mi madre, mi hermano, mi cuñada y cuatro niños y los quemaron vivos. Cortaron la cabeza de mi hermano con una espada. También había un bebé de dos meses, dijeron: 'si vosotros no vais a vivir, ¿qué vamos a hacer con vuestro hijo?'. El bebé también fue quemado vivo", relató la joven.

Shakeela se seca las lágrimas que ruedan por sus mejillas con el extremo de su hijab negro. "Lo vi con mis propios ojos, pero no pude salvarlos", sollozó. Se escondió en un restaurante de carretera hindú y vio como varias jóvenes eran violadas y otros muchos asesinados y sus cadáveres echados a un pozo. La Policía, lejos de ayudarlos, les pegaron y amenazaron, lamenta.

Un coche vino finalmente a salvarla y la trasladó a uno de los varios campamentos de ayuda para musulmanes que se improvisaron en Ahmedabad a raíz de la violencia, el del templo Shah-e-Alam, donde vivió durante ocho meses. Aquel día, la violencia en Naroda Patiya causó al menos un centenar de muertos.

Cuando llegó el momento de testificar ante un tribunal, la joven fue amenazada de muerte y hasta le ofrecieron dinero a cambio de silencio. Sin nada más que perder ya, dio a la Justicia los nombres de quienes mataron a sus seres queridos, que se encuentran en libertad bajo fianza antes de haber cumplido sus condenas. "Narendra Modi ha ascendido gracias nuestros cadáveres. Si hubiese querido, podía haber parado los disturbios y no habría muerto tanta gente", aseveró sobre el dirigente indio, que se presenta a la reelección en las elecciones generales del 11 de abril al 19 de mayo.

Más de 17 años después, Shakeela está sola en el mundo y todavía pierde el sueño cuando relata su historia a algún diario, una matanza por la que Estados Unidos negó a Modi la visa antes de convertirse en primer ministro en 2014.

Durante los últimos cinco años de su mandato en el Gobierno central, se han producido una serie de ataques contra musulmanes acusados de transportar o poseer carne de vaca, animal sagrado en el hinduismo, por parte de grupos radicales hinduistas afines al BJP y que Modi nunca condenó con dureza en ninguno de sus discursos. Sin embargo, ningún resentimiento de los fieles del islam con el dirigente y su formación se puede comparar con el que pervive en Gujarat 17 años después.

Algunos, como el conductor Salim Mohammed Hussain Sheikh, mantienen incluso que apenas dos horas después del fuego en el tren vieron a militantes de la Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), conocida por su hinduismo radical y de la que bebe el gubernamental BJP, saliendo a las calles y molestando a los hombres "barbudos".

A la mañana siguiente, Sheikh estaba en la mezquita del barrio cuando apareció una turba de entre 1.000 y 1.500 personas con armas de fuego y espadas. Allí llegó la líder del BJP y exministra para el Desarrollo de la Mujer en Gujarat Maya Kodnani, condenada a perpetuidad por estos disturbios en 2012 y luego absuelta en 2018. "Maya Kodnani vino allí y habló con la Policía, yo estaba bastante lejos pero pude ver como reñía a los agentes. Después de eso, la turba atacó el área violentamente. La Policía también estaba disparando junto a la turba", relató a Efe este hombre, que perdió a su sobrina y los hijos de ésta en el incidente.

Nazir Khan Pathan, director de un colegio de primaria, recuerda a miembros de las juventudes de la RSS con sus típicos pantalones cortos y otros con bufandas color azafrán en la cabeza. Algunos, afirmó a Efe, eran miembros del Consejo Municipal y parlamentarios de la Asamblea de Gujarat que gritaban: "adelante, estamos con vosotros". "Toda esta serie de eventos fue planeada de antemano y Modi tuvo el mayor papel", concluyó.

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