la adoptaron antes que el nazismo

El dilema de los símbolos nazis: ¿por qué Finlandia sigue luciendo esvásticas?

¿Cómo puede ser que los finlandeses exhiban desde los más altos organismos públicos un símbolo que en todo el mundo se identifica con la ideología del odio hitleriana?

Foto: Dos niños encienden lámparas que conforman una esvástica en la festividad hindú de Diwali, en la ciudad de Chandigarh, India, en 2004. (Reuters)
Dos niños encienden lámparas que conforman una esvástica en la festividad hindú de Diwali, en la ciudad de Chandigarh, India, en 2004. (Reuters)

Finlandia es una democracia abierta, moderna, plural, que sobresale por su avanzada economía y la excelencia de su sistema educativo. Por eso, a muchos extranjeros les sorprende ver esvásticas en instituciones públicas, museos e incluso algunas banderas e insignias oficiales cuando visitan el país. ¿Cómo puede ser que los finlandeses exhiban sin ningún tipo de reparo y desde los más altos organismos públicos un símbolo que en todo el mundo se identifica con la ideología del odio hitleriana?

La razón está en que ellos lo adoptaron antes de que lo hicieran los nazis y en un momento de gran importancia para la construcción de su nación. Ésta nació como tal hace justo un siglo, el 6 de diciembre de 1917, tras un arduo recorrido y varios siglos de dominación sueca y, más recientemente, rusa. Sin embargo, han pasado muchas cosas desde entonces, entre ellas el Holocausto y también la controvertida colaboración de Finlandia con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial en su particular contienda contra los rusos, que querían invadir su territorio.

Es cierto que hoy la presencia de la esvástica en banderas e insignias del país nórdico es mucho menor que en los primeros tiempos, cuando acababa de proclamar su independencia. Pero que el símbolo siga usándose, aunque sea de un modo testimonial, sigue generando perplejidad, sobre todo a los de fuera, pero también cada vez más a los de dentro, ahora que las recientes celebraciones por el primer centenario de la nación invitan a la reflexión histórica, con todas sus luces y sus sombras.

Por una parte, están quienes dicen que eliminar la esvástica supondría negar las verdaderas raíces del símbolo, cediéndoselo definitivamente a los nazis. Otros, en cambio, consideran que mantenerla deteriora la imagen del país e incluso podría llegar a ponerlo en riesgo en caso de conflicto o guerra. La discusión no es nueva, pero sí ha tomado brío recientemente a raíz, entre otros factores, de un libro del profesor de Política Mundial de la Universidad de Helsinki, Teivo Teivainen, en el que cuestiona la pertinencia de seguir usando un símbolo que en todas partes y, especialmente en Europa, es sinónimo de racismo, genocidio y totalitarismo.

Para entender las raíces del dilema hay que remontarse a los orígenes. Finlandia logró independizarse del imperio de los zares en el convulso año 1917 y fue entonces cuando la esvástica fue elegida como uno de los diseños preferidos para decorar la nueva nación. "Cabe resaltar que en ese momento todavía no existía el partido nazi", destaca Kai Mecklin, director del Museo de las Fuerzas Aéreas Finlandesas, donde se pueden ver varios modelos de aviones antiguos con el polémico símbolo. "La esvástica en Finlandia era y sigue siendo un símbolo de independencia y libertad y en ningún caso un símbolo nazi", remarca.

Poco después de la declaración de independencia, estalló una sangrienta guerra civil, entre los seguidores de Lenin, partidarios de extender la revolución comunista rusa, y el llamado Ejército Blanco, que representaba a la clase burguesa y acomodada y que estaba liderado por el general Carl Gustav Emil Mannerheim. El conde sueco Eric von Rosen donó un avión a los blancos para que pudieran llevar a cabo tareas de reconocimiento del terreno. "Antes de salir de Umeå [norte de Suecia] von Rosen pintó esvásticas azules en las alas de la aeronave. Era su símbolo de la suerte y escudo familiar. El avión aterrizó en Vaasa en la mañana del 6 de Marzo de 1918 y ese es el día en que se considera que se fundó la Fuerza Aérea Finlandesa", detalla Mecklin. A partir de entonces, la esvástica se adoptó como símbolo oficial de esta rama del Ejército y empezó a decorar suelos, pomos de puertas y otros objetos relacionados con la incipiente nación.

Uno de los aviones de las Fuerzas Aéreas Finlandesas que está expuesto en su Museo. (Museo de lasFuerzas Aéreas Finlandesas)
Uno de los aviones de las Fuerzas Aéreas Finlandesas que está expuesto en su Museo. (Museo de lasFuerzas Aéreas Finlandesas)

Por lo demás, se trata de un símbolo muy antiguo, de origen asiático y que ha sido usado a lo largo de la historia por distintas culturas, entre ellas la vikinga. Fue, de hecho, su vinculación con el paganismo nórdico lo que inspiró su 'revival' en el siglo XIX. Por ejemplo, era uno de los motivos favoritos del pintor Akseli Gallen-Kallela, autor de las ilustraciones del famoso Kalevala, la epopeya nacional finlandesa.

Pero con la adopción de la cruz gamada como máximo símbolo de Hitler, todo cambió. Después de la guerra, la necesidad de llevar a cabo una política exterior muy atenta con la vecina Unión Soviética, en plena Guerra Fría, hizo que, en un primer momento, Finlandia la quitara de muchas banderas, estandartes y aviones.

Más adelante, no obstante, fue reintroducida en algunos lugares hasta llegar a la actualidad, en que puede verse en el centro de la bandera de cada una de las unidades de la Fuerza Aérea Finlandesa. Ésta se utiliza en recepciones oficiales, desfiles y otros actos militares. Más discreta y con un menor parecido a la que utilizaban los nazis, también aparece en la llamada Vapauden Risti (Insignia de la Libertad), presente, entre otros lugares, en la bandera del Presidente de la República.

Mecklin subraya que el caso de Finlandia no es el único. Antes de que lo usaran los nazis, en los años 20, por ejemplo, lo adoptó un equipo de hockey canadiense o un escuadrón militar francés, detalla. En su opinión, "un símbolo siempre debe entenderse en el contexto en el que se presenta". Además, "si Finlandia la abandonara o prohibiera ahora, ¿No daría con ello al mundo la señal de que nuestra esvástica estaba relacionada con el símbolo nazi?", se pregunta.

En su país, no obstante, no todos opinan igual. El profesor Teivainen, a quien citábamos al principio y con quien también hemos hablado, sostiene que "verlo en banderas militares causa confusión y podría llegar a implicar un cierto riesgo en tiempos de guerras informáticas y de propaganda". Finlandia es un país pequeño, que no está en la OTAN y cuya cercanía con Rusia en estos nuevos tiempos de crecientes tensiones preocupa a sus ciudadanos. Si los rusos nos atacan, ¿Vendrá alguien a ayudarnos?, se preguntan muchos. En este contexto, según Teivainen, "las esvásticas no ayudan, no aportan nada y, además, implican un riesgo, aunque sea pequeño. Si tenemos que pedirles ayuda, por ejemplo, ¿qué dirán los alemanes? ¿Influirá en su decisión ver que algunas de nuestras banderas militares siguen exhibiendo esvásticas?", se pregunta.

A ello hay que añadir que, si bien Von Rosen trajo la esvástica a Finlandia antes de que ésta fuera adoptada por los nazis, más adelante, el conde sueco sí tuvo relación con los círculos nacionalsocialistas de su país e incluso con el propio Hermann Göring, uno de los máximos exponentes del Partido Nazi alemán, que acabaría casándose con la hermana de su mujer. Tampoco ayuda que los movimientos neonazis y la extrema derecha estén resurgiendo en el norte de Europa. Aunque pequeño, el Movimiento de Resistencia Nórdica ha protagonizado varios incidentes violentos en Finlandia y, recientemente, un tribunal le ha prohibido manifestarse y distribuir propaganda. Este grupo no utiliza la cruz gamada como logo, sino una runa vikinga. Pero el riesgo de que sus miembros se inflamen cuando vean esvásticas en emblemas y banderas oficiales es real e incomoda incluso a quienes consideran que el símbolo no debería desaparecer.

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