costará más de 280 millones de dólares

Drones en el Sáhara: las nuevas bases (no tan) secretas de EEUU para cazar yihadistas

La Fuerza Aérea estadounidense está construyendo la mayor base aérea de su historia en Agadez, Níger, desde donde partirán casi todas las misiones aéreas antiterroristas en el Sahel

Foto: Miembros de la Fuerza Aérea de EEUU de la base alemana de Rammstein, en Níger, preparándose para su despliegue en Agadez, en 2016. (US Air Force)
Miembros de la Fuerza Aérea de EEUU de la base alemana de Rammstein, en Níger, preparándose para su despliegue en Agadez, en 2016. (US Air Force)

Serán el nuevo epicentro de los esfuerzos antiterroristas de EEUU en África: dos bases aéreas en lo más profundo del desierto de Níger, alejadas de miradas inoportunas, de la que partirán los drones de vigilancia y ataque contra objetivos yihadistas. Una en el noroeste, otra en el nordeste; una operada por el Pentágono, la otra por la CIA, pero ambas con el mismo objetivo: cazar desde el aire a los militantes de la miríada de organizaciones terroristas de casi una decena de países del Sahel.

La primera instalación, en los alrededores de la ciudad de Agadez, uno de los principales cruces de caminos en el Sáhara, supone el mayor esfuerzo de construcción de la historia de la Fuerza Aérea de EEUU. Denominado oficialmente AB 201, el complejo contará con todas las facilidades habituales, como cafeterías, restaurantes de comida rápida, gimnasios y salas de ocio. Todo edificado de cero para la comodidad de los 650 soldados que estarán estacionados allí de forma permanente. Pero además, según ha desvelado el New York Times este fin de semana, la Agencia Central de Inteligencia mantiene desde enero su propia base en Dirkou, cerca de la frontera de Libia, de momento oficialmente solo para misiones de localización. Pero nadie cree que eso vaya a seguir así por mucho tiempo.

A estas alturas, la AB 201 no es exactamente secreta: los planes de su construcción fueron revelados en septiembre de 2014 por el periodista del Washington Post Craig Whitlock, y posteriormente confirmados por el Mando de las fuerzas armadas de EEUU para África (AFRICOM), pero, como suele suceder, la noticia apenas atrajo atención alguna. En principio no parecía sino uno más de los múltiples proyectos militares estadounidenses en todo el mundo. Pero el asunto ha empezado a suscitar interés en Estados Unidos a medida que algunos congresistas y periodistas se interesaban por la financiación: con un presupuesto inicial de 50 millones de dólares, pronto quedó claro que la construcción duplicaría esa cifra de forma efectiva. El último cálculo sitúa los costes en más de 280 millones de dólares para 2024, sin contar los salarios del personal allí desplegado.

A medida que reporteros e investigadores iban revelando información sobre la base, el Pentágono se ha ido abriendo al escrutinio, e incluso se ha permitido a varios periodistas estadounidenses visitar el lugar, todavía en construcción. Pero desde hace tiempo, los tres gigantescos hangares blancos que son el corazón de la instalación, rodeados de otros bloques y edificios, son visibles desde el aire con una simple búsqueda de Google Earth.

La base de drones en construcción, en junio de 2017. (Google Earth)
La base de drones en construcción, en junio de 2017. (Google Earth)

Una presencia menos visible

“El principal proyecto de construcción militar del USAFRICOM se localiza en Agadez, Níger, para construir un aeródromo capaz de albergar [drones] MQ-9 y C-17”, se lee en un documento de planificación de 2015, que señala que la instalación “presenta una opción atractiva desde la que basar los recursos de ISR [el acrónimo en inglés de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento] dad su proximidad a las amenazas en la región y la complejidad de operar con las vastas distancias de la geografía africana”, afirma el texto.

“La presencia de RPAs [el acrónimo en inglés de aeronaves pilotadas de forma remota, o drones] en África noroccidental apoya las operaciones contra siete organizaciones extranjeras designadas [por el Departamento de Estado] como terroristas. El desplazamiento de las operaciones a Agadez alínea los recursos de ISR a las amenazas actuales y emergentes sobre Níger y Chad, apoya la regionalización francesa y extiende su área de cobertura a Libia y Nigeria”, dice el documento. En otras palabras, Agadez está bien situado para abarcar una enorme franja geográfica en la que operan numerosos grupos yihadistas, y que resulta difícil de cubrir por tierra debido a su enorme extensión.

Pero hay, además, otras razones para escoger Níger: “Es el único país del noroeste de África dispuesto a permitir el despliegue de MQ-9”, indican los documentos del Pentágono. “El presidente ha expresado su voluntad a apoyar las RPAs armadas”. Pero con una condición: que los drones fuesen desplazados desde Niamey, donde operaban desde 2013, a Agadez.

“La base de Agadez tiene la ventaja de hacer la presencia estadounidense menos visible, lejos de Niamey, la capital. Esto es importante, dada la clara oposición de una parte significativa que la población de Níger ha expresado sobre la creciente presencia occidental en el país”, afirma William Assanvo, coordinador regional en el Instituto de Estudios de Seguridad de África, en una entrevista con Voice of America.

Pero según un alto funcionario estadounidense citado por el New York times, la base de Dirkou opera "con pocas o ninguna de las sensibilidades políticas a las que el ejército de EEUU se enfrenta en sus localizaciones". La CIA se beneficia de la manga ancha otorgada a la institución por el presidente Donald Trump, quien, a petición de su anterior director, el actual secretario de Estado Mike Pompeo, eliminó en gran medida las restricciones impuestas por Barack Obama al uso de drones por parte de la agencia de inteligencia, tras la mala prensa generada por las numerosas bajas colaterales de civiles causadas por sus ataques en lugares como Yemen y Pakistán.

La instalación de Dirkou tiene, además, otra función: controlar sobre todo los movimientos de Al Qaeda en el sur de Libia, donde, según los analistas, crece la amenaza que supone esta organización. Según un funcionario de seguridad de Níger, el pasado 25 de julio la CIA lanzó un ataque aéreo desde allí contra un objetivo en la localidad libia de Ubari, algo sobre lo que la agencia no se ha pronunciado oficialmente.

Miembros de la Fuerza Aérea desplazan generadores en la base 201 en Agadez, en septiembre de 2017. (Fuente: Departamento de Defensa de EEUU)
Miembros de la Fuerza Aérea desplazan generadores en la base 201 en Agadez, en septiembre de 2017. (Fuente: Departamento de Defensa de EEUU)

Níger, clave en la estrategia africana de EEUU

Níger es uno de los países que más ayuda económica y material ha recibido en el marco de las iniciativas antiterroristas estadounidenses en África, y la presencia de militares norteamericanos sobre el terreno va más allá de la mera anécdota o los programas de entrenamiento conjunto, como demuestra la muerte de cuatro miembros de las fuerzas especiales en una emboscada del Estado Islámico en Tongo Tongo, cerca de la frontera con Malí, en octubre del año pasado. El Gobierno de Niamey ha recibido más de 30 millones de dólares en la última década y media en este concepto, lo que le convierte en uno de los tres estados africanos que más se ha beneficiado de los fondos de la lucha contra el yihadismo.

Unos 800 militares estadounidenses están ya desplegados de forma más o menos permanente en Níger. No sin controversia: muchos locales se muestran contrarios a la presencia de contingentes extranjeros en el país -además de EEUU, también Francia, Italia y Alemania mantienen tropas en territorio nigerino-, y de vez en cuando se producen protestas, duramente reprimidas por las autoridades. Al rechazo contribuye el oscurantismo con el que se comportan las autoridades nigerinas y estadounidenses, que no hacen demasiados esfuerzos para explicar su presencia allí. Según algunos observadores sobre el terreno, esto ha desatado todo tipo de teorías de la conspiración entre la población, que cree que los soldados extranjeros están allí para llevarse los recursos del país.

“No me gusta el término 'fuerzas extranjeras'. Son fuerzas amistosas, que se irán tan pronto como queramos. Están aquí a petición nuestra, y una vez que desaparezca la necesidad de que estén, se marcharán”, afirmó recientemente el presidente de Níger, Mahamadou Issoufou, en una entrevista con el diario The Guardian. El ministro de Defensa, Kalla Mountari, asegura que la iniciativa está funcionando. “Diré que ya estamos teniendo éxito, porque lo que los terroristas podían hacernos en el pasado ha disminuido significativamente, porque ahora tenemos los medios para detectar y contrarrestar la amenaza de forma simultánea”, afirma.

Pero no todo el mundo opina lo mismo. "Esta tendencia desata preocupaciones sobre que potencias extranjeras echen raíces en el Sahel para perseguir intereses nacionales que no siempre están claros, y que pueden no coincidir con los intereses nacionales de los países huéspedes", indica Assanvo. "También podría desatar una escalada de ataques y enfrentamientos o ser la justificación para la llamada yihad que algunos de los grupos extremistas pretenden estar haciendo", subraya. Además, como señala Joe Penney, reportero de la publicación The Intercept que a principios de año visitó el lugar, los soldados estadounidenses ni siquiera tendrían que provocar un incidente para atraer las iras de los locales: "Si alguna de las fuerzas militares [francesas, alemanas o italianas] comote un error, todos ellos se pueden convertir en objeto de represalias", afirma.

Pero para el Pentágono, las ventajas superan a los inconvenientes: la supremacía aérea, con capacidades de ataque incluídas, permitirá poner en marcha los proyectos del Departamento de Defensa para reducir el número de comandos de operaciones especiales en suelo africano sin mermar en exceso las capacidades antiterroristas estadounidenses. Si estos planes son aprobados por el secretario James Mattis, se cerrarán los puestos militares de EEUU en Níger, Túnez, Camerún, Libia y Kenia, así como siete de las ocho unidades antiterroristas de elite que operan en el continente. La idea es reducir la cifra de los actuales 1.200 miembros de las fuerzas especiales en África a la mitad en un plazo de tres años. Una necesidad, asegura el ejército, ante la decisión de enfocar los esfuerzos de defensa en Rusia y China. Pero, eso sí, sin perder el dominio de los cielos del Sahel.

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