los 'ejércitos en la sombra' del kremlin

Ilegales pero útiles: así operan las compañías militares privadas de Rusia

La muerte de numerosos operativos rusos en Siria en febrero puso de manifiesto un fenómeno creciente: el despliegue de mercenarios en teatros de interés para el Kremlin, de Ucrania a África

Foto: Miembros del Grupo Wagner en el área de Starobeshevo, en Donetsk, Ucrania, en algún momento del verano de 2014
Miembros del Grupo Wagner en el área de Starobeshevo, en Donetsk, Ucrania, en algún momento del verano de 2014

A mediados de febrero, un oscuro incidente en Siria saltó a las noticias de todo el mundo: la aviación estadounidense había matado a varios combatientes rusos en Deir Az Zor, al este del país, no soldados regulares sino miembros de una compañía militar privada o CMP. En otras palabras, mercenarios. Al principio se habló de unos pocos. Después, de una, dos docenas. Algunas fuentes empezaron a hablar de doscientos. Para sorpresa de algunos, el Kremlin reconoció los hechos, aunque negó toda relación con lo sucedido y trató de minimizar el número de bajas. Pero pronto, periodistas rusos y extranjeros empezaron a hablar con familiares y amigos de los fallecidos. Pronto quedó en evidencia que lo sucedido había sido una verdadera debacle para las fuerzas rusas en Siria.

¿Qué había sucedido? Aparentemente, los combatientes habían cruzado el río Khusham –considerada la frontera de las zonas de influencia rusa y estadounidense en Siria- y atacado un complejo de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), la milicia apoyada por EEUU. Algunos analistas creen que el motivo era hacerse con el control de una refinería cercana antes de que sus oponentes pudiesen reaccionar. Pero en el lugar había integrantes de las fuerzas especiales de EEUU empotrados con las SDF, que pidieron apoyo aéreo, que llegó en forma de un intenso bombardeo. Los eslavos implicados en el ataque –miembros, como se sabría pronto, de una empresa llamada Grupo Wagner, o CHVK Wagner, por sus siglas en ruso- murieron por docenas.

Tras este episodio, resultó imposible negar una tendencia que varios expertos llevaban un tiempo señalando: la creciente presencia de este tipo de compañías militares privadas rusas en territorios de interés para Moscú. Según Ruslan Pukhov, director del Centro para el Análisis de Estrategias y Tecnologías, el despliegue de estos mercenarios es parte de las nuevas formas de hacer la guerra que el Kremlin está ensayando en Siria, en paralelo al innovador armamento utilizado por primera vez. “El uso de compañías militares privadas es parte de este proceso de ensayo y error”, declaró a la publicación The New Yorker.

Sergey Suhankin, investigador de la Fundación Jamestown y uno de los expertos que más en profundidad ha investigado este fenómeno, asegura que, desde 2008, al menos diez firmas de este tipo han aparecido en Rusia, como parte de una explosión internacional en este negocio tras las guerras de Afganistán e Irak. Pero Suhankin señala que hay una diferencia fundamental: “Normalmente las CMPs occidentales no participan en operaciones militares, pero las rusas están actuando como parte de las fuerzas militares. Por ejemplo, en numerosas ocasiones el Grupo Wagner ha actuado como vanguardia durante operaciones militares llevadas a cabo por las fuerzas sirias, como las ofensivas en Raqqa y Palmira”, dice a El Confidencial. “Las CMPs occidentales –incluso cuando son desplegadas en regiones afectadas por un conflicto militar- normalmente toman parte en diversas operaciones auxiliares, como la protección de infraestructuras, oleoductos o líneas de comunicación. Pero las CMPs rusas presentan una combinación de papeles militares y no militares”, añade.

Miembros del Grupo Wagner
Miembros del Grupo Wagner

"Un instrumento de interés nacional"

Lo paradójico es que, técnicamente, este tipo de empresas son ilegales bajo el artículo 359 del Código Penal ruso, vigente desde 1996. Varios diputados rusos han tratado de impulsar su legalización, y el pasado 27 de marzo la Duma (el Parlamento ruso) votó en contra de una iniciativa formal en ese sentido. La propuesta de ley fue rechazada unanimemente por los ministerios de Defensa y Exteriores, el Servicio Federal de Seguridad (FSB), el Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) y otras instituciones de seguridad, lo que demuestra que las autoridades rusas consideran que las CMPs les son más útiles operando en un limbo legal que reguladas.

“El principal valor de este tipo de compañías para el Gobierno ruso se basa en dos pilares. El primero es la negación plausible, el que nadie pueda realmente acusar al Kremlin de ‘promover el terrorismo’ o estar implicado en operaciones militares ilegales en el extranjero. En este sentido, tenemos que recordar que la muerte de soldados privados y formaciones militares vistualmente ilegales dispararía una reacción diferente en la sociedad rusa” que si se tratase de tropas regulares, apunta Suhankin. “Y además está la parte económica: pueden ser usadas como poderes efectivos para poner bajo el control de uno riquezas y recursos, como minerales, petróleo, gas, en algunas regiones, como África o países poco desarrollados o zonas de inestabilidad. En ese sentido pueden ser usadas como ejércitos privados, no solo empresas. De hecho, Wagner es un ejército privado, no una CMP según la comprensión occidental del término”, señala.

El 12 de abril de 2012, el propio presidente Vladímir Putin aseguró que estos grupos eran “un instrumento para la realización de los intereses nacionales en el extranjero sin la participación directa del estado”. Rusia los utilizó en escenarios como Bosnia o Transnistria, lo que permitía a Moscú ser parte activa en el conflicto al tiempo que se presentaba como potencia mediadora. En 2013 cobraron notoriedad en Siria los llamados Cuerpos Eslavos, pertenecientes a una empresa llamada Grupo de Seguridad Moran, que participaron en varias operaciones de protección y recuperación de infraestructuras de hidrocarburos para clientes privados sirios. Pero a su regreso a Rusia, dos de sus principales líderes fueron detenidos, juzgados y condenados a tres años de cárcel, por razones no totalmente aclaradas.

Fue el conflicto de Ucrania lo que lo cambió todo. Tras la anexión rusa de Crimea y el levantamiento en el Donbás, junto a los milicianos locales y los voluntarios extranjeros pronto aparecieron combatientes bregados y con experiencia. Entre ellos destacaba Dimitry Utkin, alias “Wagner”, un ucraniano veterano del GRU, el servicio de inteligencia militar ruso, y posteriormente del Grupo Moran. Según varios participantes en dicha campaña, estos hombres fueron entrenados en una instalación militar cerca de Rostov-on-Don bajo la supervisión de experimentados oficiales de las fuerzas especiales y el Ministerio de Defensa ruso. En junio de 2014, el primer grupo de alrededor de 250 combatientes había entrado en Ucrania.

Utkin pronto se destacó como un comandante capaz y despiadado, según sus propios compañeros. De acuerdo con un extenso reportaje de Newsweek publicado este enero, su grupo consiguió derribar una aeronave de transporte militar en el aeropuerto de Luhansk poco después de su llegada, matando a 40 combatientes ucranianos. También jugaron un papel fundamental en la victoria rebelde en la ciudad de Debaltseve, a principios de 2015. Pero sobre todo, según los servicios de inteligencia ucranianos, Utkin fue útil a la hora de deshacerse de los comandantes rebeldes que se resistían a plegarse a los designios del Kremlin.

Un helicóptero ruso sobrevuela las ruinas de Palmira, en marzo de 2017. (Reuters)
Un helicóptero ruso sobrevuela las ruinas de Palmira, en marzo de 2017. (Reuters)

Cerca del Kremlin

Muy poco después de hacer su aparición en Ucrania, el Grupo Wagner fue asimismo desplegado en Siria; al principio, solo en tareas de protección, pero no tardaría en jugar un papel en diversas ofensivas militares junto al ejército sirio, como por ejemplo las dos reconquistas de Palmira. A día de hoy, aunque en Siria operan varias compañías militares privadas rusas, solo Wagner participa en operaciones de combate.

En ese sentido, Wagner disfruta de un estatus especial con el poder en Rusia. Sus integrantes entrenan en un centro militar en Molkino, en la región de Krasnodar, junto a un centro de entrenamiento de la 10ª Brigada del GRU. “Si su existencia no fuese aprobada por el Gobierno, eso sería imposible, que estuviesen justo al lado de una base de elite de las fuerzas especiales del GRU”, afirma Ruslan Leviyev, analista del Conflict Intelligence Team, una organización opositora rusa que se dedica a monitorizar las operaciones de su país en el exterior, en una entrevista con Radio Free Europe/Radio Liberty. Además, varios de sus líderes han sido condecorados por el propio Putin.

Esta cercanía puede deberse a sus supuestos vínculos con Yevgeni Prigozhin, un hombre de negocios a quien muchos apodan “el chef de Putin”, muy bien conectado con el Kremlin (la investigación del consejero especial Robert Mueller en EEUU le vincula con una granja de ‘trolls’ informáticos en San Petersburgo que habría buscado influir en las elecciones de 2016).

“La controversia sobre Wagner se deriva del hecho de que nadie sabe con precisión quién lo ‘posee’. Tiene conexiones tanto con los ‘siloviki’ [los antiguos miembros de los servicios de seguridad reconvertidos en políticos de alto nivel] como con poderosos actores económicos dentro de Rusia. El elemento más intrigante aquí fue el rechazo a la legalicación de las CMPs en Rusia, lo que hasta cierto punto demuestra que muchos actores internos e instituciones en Rusia prefieren que mantengan su papel semilegal”, opina Suhankin. “La información sobre Wagner es clasificada, no sería erróneo argumentar que es probablemente una de las CMPs más secretas de Rusia. Es más, hay rumores de que si se cierra el centro de entrenamiento de Molkino –que ya ha sido comprometido-, los entrenamientos podrían desplazarse a otras regiones como Tayikistán o Abjasia”, comenta.

Integrantes de Wagner en Siria
Integrantes de Wagner en Siria

Salarios discretos, pero mejores que en Rusia

Se cree que Wagner mantiene en Siria al menos 3.000 combatientes, aunque algunas fuentes elevan la cifra hasta los 4.000, lo que supondría más o menos la mitad de las fuerzas militares rusas en el país. A sus miembros se les pagan salarios de unos 150.000 rublos (algo más de 2.000 euros) al mes, que se duplican si los empleados completan su tour de tres meses. Un comandante recibe el triple de esa cantidad, según varios altos cargos de la empresa entrevistados por RFE/RL, que explican el papel de esta firma en Siria: “Toman territorio bajo su control –como regla, yacimientos de gas y petróleo- y lo custodian. Se les paga por eso. Pero es imposible controlar un campo petrolífero si hay combatientes hostiles a quinientos metros, así que tienen que sacarlos de allí”, comenta uno de ellos.

Pero la masacre de Deir Az Zor parece haber cambiado el panorama. “Definitivamente hubo un ‘antes’ de esa debacle. La financiación de Wagner era mucho mejor, pero un par de semanas antes de eso hubo una pelea entre el ministro de Defensa y algunos círculos económicos detrás de Wagner (mis fuentes mencionan el nombre de Prigozhin). Como resultado, la calidad de la munición y el armamento se redujo, lo que contribuyó a que los miembros de Wagner fueran diezmados en Deir Az Zor”, explica Suhankin. Los líderes de la empresa confirman el enfrentamiento, aunque lo remontan a 2016: “Se llevaron los tanques y las armas. Se llevaron todo lo que nos habían dado anteriormente. Ahora las fuerzas de Wagner luchan con armamento sirio”, indica uno de ellos, que señala que ahora los salarios son pagados por el Gobierno sirio.

Eso no significa que este tipo de empresas hayan perdido el favor del Kremlin. Más bien al contrario: en fecha reciente, miembros de Wagner han sido desplegados en Sudán y en la República Centroafricana, y sus comandantes creen que podrían serlo pronto también en Libia. “Han creado un poderoso ejército de bolsillo que opera tanques, vehículos blindados de transporte, Grads BM-21 y artillería pesada. ¿Qué parece eso? Parece un ejército privado de Putin. Si la situación se desestabiliza en Bielorrusia o los estados bálticos o Moldavia, los primeros que irán para allá vistiendo ropas de civiles serán los representantes de Wagner CMP”, afirma Vasyl Hrytsak, del SBU, el servicio de inteligencia de Ucrania.

“Estoy totalmente convencido de que las CMPs jugarán un papel en la política exterior rusa en un futuro cercano. Casi todos los teóricos militares rusos, empezando por el jefe del estado mayor Valery Gerasimov, que recientemente declaró que Rusia debe aprender de todas las experiencias adquiridas desde la Segunda Guerra Mundial, vienen a predecir que este fenómeno seguirá creciendo. Es una política de seguridad que empezó en el periodo soviético, aunque entonces era un poco diferente”, afirma Suhankin, quien predice: “Las dificultades económicas y la falta de un futuro decente para los militares retirados indican que el número de personas dispuestas a unirse a Wagner no decrecerá”.

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