la crisis debilitó el estado de bienestar holandés

Estudiar en Holanda ya no es lo que era: hasta 50.000 euros de deuda universitaria

El anterior Gobierno de gran coalición modificó el sistema de becas e impulsó los préstamos. Muchos jóvenes empiezan su carrera profesional con la obligación de devolver miles de euros

Foto: La Haya, una de las principales ciudades en Holanda, durante la semana de las elecciones el pasado marzo. (Reuters)
La Haya, una de las principales ciudades en Holanda, durante la semana de las elecciones el pasado marzo. (Reuters)

Mirte es holandesa, pero cuando conversa parece española. No sólo porque habla el idioma de Cervantes a la perfección, sino porque gesticula cada diez segundos para reforzar el sentido de sus palabras. Su vida de estudiante la llevó tanto a una facultad de Ingeniería de la Universidad de Rotterdam como al conservatorio de esa misma ciudad. Tiene otros tres hermanos y la situación económica en su casa nunca ha sido estable.

“A diferencia de muchos de mis amigos, en mi familia no habíamos ahorrado nada. Mi padre me dijo que pidiera el dinero prestado, que no habría problema”, dice mientras toma un sorbo de cerveza. Nunca supo si darle prioridad a la ingeniería o a la música e incluso intentó trabajar como profesora, así que sus estudios se alargaron más de lo habitual. Recibió becas, pero también pidió préstamos al Ministerio de Educación y el monto de su deuda subió año tras año hasta llegar a los 60.000 euros. Al preguntarle cómo piensa devolverlos, se encoge de hombros y abre los brazos: “Quizás trabaje como prostituta”, dice a El Confidencial. Ante la sorpresa de su interlocutor, asegura que habla en serio. “¿Por qué no? Soy una chica mona, podría hacerlo”, responde.

El caso de Mirte es sólo uno más de los aproximadamente 15.000 jóvenes cuya deuda supera los 50.000 euros, según han publicado varios medios holandeses citando cifras del Ministerio de Educación. “Les afecta no tanto durante su época como estudiantes, sino cuando empiezan a trabajar”, asegura a El Confidencial Kai Heijneman, portavoz de la asociación juvenil FNV Jong. “Por ejemplo, tienen más difícil adquirir una hipoteca porque no pueden esconderle esa deuda al banco, ya que va a afectar al pago de las letras”, añade.

A pesar de esas cifras, tanto Mirte como la gran mayoría de los estudiantes con préstamos pueden sentirse afortunados: una parte de su deuda se cancelará si aprueban todas las asignaturas debido a que pertenecen al viejo sistema de financiación estudiantil. No corren la misma suerte los que empezaron la carrera en el curso 2014/15, cuyas condiciones son diferentes. Vamos por partes.

La subvención de la educación en Holanda se basa en un sistema dual que combina becas y préstamos. Antes, los jóvenes recibían 100 euros al mes por el simple hecho de seguir con sus estudios más allá de la enseñanza obligatoria, sin importar el nivel económico de sus progenitores o si elegían Formación Profesional o universidad. Esa cantidad aumentaba a 280 euros si se iban del nido familiar, lo que impulsaba su emancipación. “No cubría todos los gastos, pero era una ayuda muy alentadora”, comenta a El Confidencial Jarmo Berkhout, portavoz del sindicato de estudiantes LSVb. Sólo había una condición: que aprobaran todo en un máximo de diez años. Si no lo hacían, debían devolver la beca.

También recibían una tarjeta de transporte gratuita que les permitía viajar en los transportes públicos de todo el país, o de lunes a viernes o en fin de semana según la preferencia del joven. Además, los chicos de familias con menos recursos podían optar a otra beca extra de hasta 260 euros. En caso de que alguien necesitara más dinero, como ocurría en el caso de Mirte, podían pedirlo prestado al Estado en unos términos más favorables que los de un crédito bancario. “Las condiciones no son tan duras como las de una hipoteca o un coche. Nadie me va a quitar la mitad del sueldo para saldar esa deuda”, explica la joven holandesa.

Mark Rutte, el primer ministro de Holanda y líder del partido VVD. (Reuters)
Mark Rutte, el primer ministro de Holanda y líder del partido VVD. (Reuters)

Ese generoso sistema se topó hace cinco años con una crisis económica que se llevó por delante un Gobierno y puso en duda el fuerte estado del bienestar holandés. Tras las elecciones de 2012, los liberales del primer ministro Mark Rutte (VVD) llegaron a un acuerdo con los socialdemócratas holandeses (PvdA). Ambos partidos aprobaron subir la edad de jubilación -de 65 a 67 años-, flexibilizar el mercado laboral y disminuir las partidas para ayudas sociales. Era cuestión de tiempo que los recortes llegaran a los estudiantes. Dicho y hecho. La entonces ministra de Educación, Jet Bussemaker, dijo durante un debate en el Parlamento que la beca universal se había vuelto “extremadamente cara” y que ya no era necesaria porque su objetivo inicial, estimular en los años 80 que un mayor número de jóvenes se formaran en estudios superiores, ya se había cumplido.

La financiación de las becas sufrió una enorme modificación en el curso 2015/16. La ayuda universal, esa que aumentaba si el joven se iba de casa, desapareció. De 280 euros al mes a 0, de un día para otro. Las consecuencias fueron inmediatas. El porcentaje de universitarios menores de 19 años que vivía fuera del hogar paterno se desplomó ese año de un 28% a un 13% según la asociación Kenzes, que ayuda a los estudiantes a buscar alojamiento. Las protestas de los jóvenes, que incluyeron una gran manifestación en La Haya, tuvieron algunos resultados. Forzaron a los partidos a negociar y consiguieron mantener la tarjeta de transporte gratuita y parte de la ayuda extra para los jóvenes con pocos recursos, pero les fue imposible convencerles para que recuperaran la beca universal.

Tras dos cursos escolares con el nuevo sistema, a las asociaciones de estudiantes no les salen las cuentas. Se quejan de que el precio de la matrícula universitaria no ha dejado de aumentar y ya alcanza los 2.000 euros a año, una de las más caras del viejo continente según un informe del Consejo Europeo. Casi el doble que en la vecina Bélgica y mucho más que en Francia, unos 200 euros, o en Alemania, donde es casi gratis. Para colmo, si un estudiante finaliza una carrera y decide apuntarse en otra la matrícula se cuadriplica, llegando a los 8.000 euros al año. A eso hay que añadirle la continua subida en el precio de los pisos. “Alquilar una habitación de seis metros cuadrados en una ciudad como Ámsterdam cuesta entre 600 y 700 euros al mes”, añade Berkhout.

El Gobierno aseguró que comprendía las quejas y dijo dar con la solución: el “studievoorschot” (“anticipo de estudios”, en holandés). Este término significaba en realidad que la partida destinada a los préstamos, la cual ya existía, aumentaba notablemente. Además, sólo se empezaría a devolver cuando el estudiante cobrase por encima del salario mínimo y el monto mensual a devolver nunca excedería el 4% de sus ingresos. La propuesta tenía su letra pequeña. Con el sistema anterior, si 15 años después de terminar la carrera el préstamo aún no se había devuelto del todo, el monto restante se anulaba. El nuevo modelo de financiación aumentaba ese periodo 20 años más. Hablando en plata: un joven que termine de estudiar a los 25 años deberá seguir devolviendo dinero hasta que cumpla los 60. Intereses incluidos. “Eso es casi hasta la edad de jubilación”, indica Berkhout.

Las asociaciones de estudiantes advierten de que el supuesto ascensor social holandés corre el riesgo de bloquearse porque los más afectados están siendo los que menos tienen. “Los padres con estudios superiores suelen tener más ingresos, así que pueden dejarles dinero a sus hijos más fácilmente”, explica Heijneman. También aseguran que el número de jóvenes que intentan acceder a la universidad después de pasar por la Formación Profesional ha caído bruscamente. “Temen que, al estar tantos años estudiando, la deuda sea demasiado alta”, añade el portavoz de FNV Jong.

A pesar de los recortes, estas asociaciones siguen reclamando a los partidos que inviertan más en los estudiantes. Esperan ser escuchados por el nuevo Gobierno, que aún está por formarse tras las elecciones del pasado marzo. “Holanda es un país rico y tiene como deber ofrecer posibilidades de avanzar a todo el mundo. Somos un estado pequeño en Europa y la educación es lo único que tenemos”, afirma Berkhout.

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