El expresidente desestimó la idea por la primera enmienda

Trump se prepara para hacer lo que Obama no se atrevió: ir a por WikiLeaks

El magnate despliega sus armas judiciales contra Julian Assange y quiere hallar evidencias que incriminen al fundador de haber robado documentación clasificada, algo que no será fácil

Foto: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. (Reuters)

A Donald Trump le gustaba Wikileaks cuando era candidato. Era octubre de 2016 y el presidente de Estados Unidos lo admitía con entusiasmo y sin reparo ante sus electores en Pensilvania: “Me encanta Wikileaks”. Para entonces, era normal que el organismo dirigido por Julian Assange fuera su mejor aliado, ya que desde aquí se filtraron los correos del Partido Demócrata y del presidente de la campaña presidencial de Hillary Clinton, John Podesta. Pero ahora las cosas han cambiado y Trump va a por Assange, algo que no terminó de cerrar Barack Obama.

El presidente de Estados Unidos ha pasado de interesarle las informaciones que publicaba WikiLeaks a iniciar una persecución contra la organización. Precisamente desde que el pasado 7 de marzo saliera a la luz 'la primera gran filtración de la era Trump', en la cual el portal de filtraciones detalla un programa encubierto de 'hacking' de la CIA mediante un potente 'sofware' en Iphones, sistemas Android y televisores Samsung.

Á. MartínezÁ. Martínez

Es decir, ahora que la información le salpica Trump no parece tan contento y así lo ha hecho saber el fiscal general de EEUU, Jeff Sessions, que aseguró el pasado 21 de abril que la detención de Julian Assange era una “prioridad”. “Ya hemos comenzado a intensificar nuestros esfuerzos en el Departamento de Justicia”, señaló el fiscal, asegurando además que llevará a “algunas personas” a prisión. Pero ¿cómo?

Julian Assange, desde el 2010 en el foco

Presentar cargos contra el fundador de WikiLeaks no es tan fácil y eso lo sabe bien Barack Obama que sí consiguió algunas detenciones, pero no lo que ahora pretende Trump: retomar el camino de la persecución al divulgador principal de todas las filtraciones: Julian Assange. El principal obstáculo para imputar a Assange se remite a la llamada Primera Enmienda de la Constitución de EEUU, que defiende la liberta de expresión, aunque también hay otros escollos que deberá salvar Trump si quiere cumplir su objetivo, y uno de ellos es el de hallar pruebas incriminatorias contra el fundador.

Bradley cuando era militar antes de someterse a un cambio de sexo y ser Chelsea Manning. (Reuters)
Bradley cuando era militar antes de someterse a un cambio de sexo y ser Chelsea Manning. (Reuters)

La investigación contra el fundador de WikiLeaks no es nueva, ésta se remonta a 2010, cuando el portal llevó a cabo la mayor publicación de documentos de la historia, desde los Papeles del Pentágono en la Guerra de Vietnam, que dejaba al descubierto los secretos de la política exterior de EEUU y de las guerras de Irak y Afganistán. Assange contó en esta publicación con la colaboración de Chelsea Manning, analista de inteligencia militar en ese momento, que se encargó de difundir a Wikileaks toda la documentación clasificada entre la cual había vídeos, cables diplomáticos e informes del campo de batalla.

El Departamento de Justicia bajo el mandato de Barack Obama decidió presentar cargos con aquellos que filtraron la información en 2010, concretamente contra la militar Chelsea Manning que, aunque ahora su pena ha sido conmutada por el expresidente, fue condenada en 2013 a 35 años de cárcel.

La detención de Chelsea Manning fue la más sonada, pero antes ya hubo otras cinco detenciones por la filtración de documentos clasificados

La administración Obama ya había iniciado una escalada de detenciones contra aquellos informadores de material clasificado. Desde su llegada al cargo en 2009, Obama se preocupó por iniciar procesos penales por delitos graves de conformidad con lo previsto en la Ley de Espionaje de 1917 contra aquellos que filtraran información clasificada a los medios, como Jefrey Sterling, Shamai K. Leibowitz o Thomas Drake.

Obama inició tantas investigaciones por filtraciones como todos sus predecesores juntos, pero sin premio: no se presentaron ningunos cargos contra Julian Assange o WikiLeaks y el obstáculo tenía el nombre de Primera Enmienda.

La Primera Enmienda, el escollo principal

La Primera Enmienda de la Constitución de EEUU reconoce el derecho a la libertad de expresión y de los medios de comunicación a publicar información clasificada y también protege a los periodistas contra la identificación de sus fuentes. Obama vio que el hecho de encausar únicamente a Assange caía en saco roto, ya que el australiano, que siempre ha defendido la labor periodística de su organización y de su cometido por “ayudar a establecer la verdad” podría acogerse, como cualquier medio, a este principio constitucional.

Julian Assange, fundador y editor de WikiLeaks. (Reuters)
Julian Assange, fundador y editor de WikiLeaks. (Reuters)

Y en esto basa su defensa la organización, argumentando que realiza la misma actividad que un medio de comunicación y se encarga de publicar noticias. “Nuestra motivaciones son idénticas a las del ‘New York Times’ o las del ‘Washington Post’: publicar contenido noticioso”, declaraba en un escrito en el ‘Post’ y añadía: “Publicamos material verdadero, al margen de si las fuentes lo obtienen legalmente o si tienen derecho a entregárselo a los medios”.

No le daba elección a Obama, si este quería encausarle a Assange, también tendría que hacer lo mismo contra las dos cabeceras estadounidenses que se hicieron eco de las revelaciones de Chelsea Manning.

Trump busca culpar a Assange de robo

Así que la única baza que le queda al Departamento de Justicia de la era Trump es acusar a Assange de robo de documentos del Departamento de Estado, el Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia y la Agencia de Seguridad Nacional. Precisamente, según medios estadounidenses, el Departamento de Justicia bajo el mandato de Trump estaría centrando la investigación en las dos mayores filtaciones desde la llegada de Obama: la de 2010 y la de 2013, cuyos responsables principales son Chelsea Manning y Edward Snowden.

Las investigaciones se centran en demostrar si Assange instruyó a Chelsea Manning o a Edward Snowden a robar esa documentación clasificada

En concreto, según desvela el ‘Washington Post’, estarían buscando una implicación más activa de Assange en esas revelaciones a través del estudio de conversaciones que Assange mantuvo con Manning para llevar a cabo la filtración de 2010.

La otra investigación, según la ‘CNN’, se centraría en saber si Assange estaría involucrado en el robo de la información publicada en 2013 que revelaba detalles de un programa secreto de espionaje de EEUU con amplio alcance nacional e internacional y que fue revelado por Edward Snowden, un exagente de la CIA acusado de espionaje y que se encuentra asilado en Rusia.

De esta manera los fiscales aúnan fuerzas para hallar evidencias de que Assange no solo se dedicó a difundir dicha información, sino que su actuación fue determinante para conseguir la documentación clasificada y, por tanto, pudo haber instruido a Chelsea Manning o a Edward Snowden.

Los delitos que el Departamento de Justicia prepara contra Assange serían el de robo, conspiración y violación de la Ley de Espionaje

Además, la cabecera estadounidense desvela junto a ‘CNN’ que los fiscales del Departamento de Justicia de la era Trump estarían preparando un memorando en el que se contemplan cargos por los que pueden ser imputados los miembros de WikiLeaks, que incluye delitos de conspiración, robo a la propiedad del Estado y violación a la Ley de Espionaje. Las armas judiciales con las que Trump y sus fiscales pretenden llevar a Assange a la cárcel.

Así las cosas, en la actualidad, EEUU no ha encontrado ninguna evidencia para probar que Assange robase dicha información en lugar de simplemente difundirla a través de su portal. Por su parte, el abogado de Assange, Barry Pollack, ha asegurado que nadie del Departamento de Justicia le ha indicado que se hayan presentado cargos contra su cliente.

La administración de Trump ha dejado claro a través de todos sus frentes que no le gusta WikiLeaks. Antes de que el fiscal general declarase que arrestar a Assange es una prioridad, en el primer discurso del nuevo director de la CIA, Mike Pompeo, acusó a WikiLeaks de ser un servicio de Inteligencia “hostil” y que además “cuenta con la ayuda de actores como Rusia”.

Está por ver aún si con Trump en el poder peligra la Primera Enmienda o si logra reunir las pruebas suficientes que acusen a Assange de robo y, finalmente, llevarle a prisión.

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