EL MAGNATE CUMPLE UN MES EN LA CASA BLANCA

Siete frentes que marcarán la presidencia de Trump

Un mes después de que ocupase el cargo y rodeara el despacho oval de cortinajes dorados, su presidencia se abre camino dando algunos bandazos y prometiendo cuatro años de sorpresas

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump, durante un evento electoral en Melbourne, Florida, el 18 de febrero de 2017. (Reuters)
El presidente de EEUU, Donald Trump, durante un evento electoral en Melbourne, Florida, el 18 de febrero de 2017. (Reuters)

El periodismo tiene muchas coletillas. Una de ellas es 'sin precedentes'. A veces parece que todo lo que ocurre, desde una victoria electoral a un eclipse, o una nevada, es 'sin precedentes'. Pero con Donald Trump esta coletilla está ampliamente justificada. Es el primer presidente sin experiencia política ni militar, un 'empresario-showman' que promete gobernar con el estilo renegado que le hizo ganar y que pocos vieron venir.

Un mes después de que ocupase el cargo y rodeara el despacho oval de cortinajes dorados, su presidencia se abre camino entre la burocracia, dando algunos bandazos, y prometiendo cuatro años de sorpresas. Estas son las variables que la pueden marcar.

Las filtraciones

Casi a diario salen exclusivas con información interna del Gobierno, a veces muy cercana al presidente. Exclusivas que reciben la atención de Donald Trump en Twitter y que ya han traído una sonora renuncia: la del general Michael Flynn, exasesor de Seguridad Nacional.

Las filtraciones en sí son tan importantes como su contenido. Aliados de Trump acusan al jefe de gabinete y representante del “ala del 'establishment”, Reince Priebus, de minar así la posición de otras voces dentro de la cúpula, como la de Flynn o la del jefe de Estrategia, Steve Bannon, y reforzar la suya.

El presidente ha reconocido estar enfurecido por las fugas de información y ha prometido encontrar a los responsables. Es razonable esperar dimisiones y cambios en los próximos meses.

Trump vs. agencias de inteligencia

Gran parte de estas filtraciones vienen de las agencias de inteligencia, un centro de poder dentro de la Administración y ahora un foco de disensión. 'The Wall Street Journal' asegura que las agencias ocultan información al propio Trump “por miedo a que sea filtrada o comprometida” y que están preocupadas por sus relaciones con Rusia.

'The New York Times' publicó que varios miembros de la campaña de Donald Trump habían hablado repetidas veces con espías y miembros del Gobierno ruso. El propio Trump dijo que “las filtraciones son reales”, para tacharlas a continuación de “noticias falsas”. Los implicados han negado la información.

El presidente, que antes de ocupar el cargo comparó a las agencias americanas con la Alemania nazi, prepara una reorganización de los espías que podría ser supervisada por un inversor amigo: Stephen Feinberg, cofundador de Cerberus Capital Management.

El presidente Donald Trump y la primera dama Melania Trump saludan a simpatizantes en Melbourne, Florida. (Reuters)
El presidente Donald Trump y la primera dama Melania Trump saludan a simpatizantes en Melbourne, Florida. (Reuters)

¿Una conjura rusa?

La cronología de contactos confirmados (como los del asesor Michael Flynn con el embajador ruso, interceptados por los espías americanos y reconocidos por el propio Flynn) y los contactos denunciados en diversas filtraciones pueden ser el extremo visible de un entramado de dimensiones desconocidas.

En enero, los agentes llevaron a la atención de Trump y del entonces presidente, Barack Obama, un informe que acusaba al magnate, sin pruebas, de estar en las manos de Rusia por información comprometida. La investigación del FBI acerca de la influencia rusa en las elecciones continúa y podría seguir agitando al Gobierno en el futuro.

Mientras, Donald Trump sigue teniendo buenas palabras para Vladímir Putin y poco a poco ha ido cambiando la percepción que tienen del presidente ruso los votantes republicanos, que pasan de verlo como adversario a potencial aliado.

Los conflictos de interés

Donald Trump es también la persona más rica en alcanzar la Casa Blanca y la primera en 40 años que no publica su declaración fiscal. Se sabe que The Trump Organization domina unas 500 empresas y tiene propiedades en al menos 23 países, lo que deja un abanico potencial de conflictos. Pero su patrimonio exacto es desconocido.

“Jamás hemos visto algo así con un presidente”, decía a El Confidencial Craig Holman, lobista de ética gubernamental y miembro de Public Citizen, una asociación sin ánimo de lucro que monitoriza la acción del Gobierno. Public Citizen y otras organizaciones dicen haber formado una “gran coalición” para indagar en el imperio Trump, que según el presidente ahora llevan sus hijos. Y ya le han denunciado por recibir presuntamente pagos de gobiernos extranjeros a través de sus empresas.

La baja popularidad

La campaña presidencial de 2016 pasará a la historia como una de las más polarizadas, una etiqueta que se mantiene, por ahora, para la presidencia Trump.

El republicano juró su cargo siendo el presidente más impopular desde que se hacen encuestas, y su gestión tiene al país severamente dividido. Según Pew Research Center, el 39% de los estadounidenses aprueba su gestión frente al 56% que la rechaza. Pero lo interesante no es la proporción, sino el grado: el 75% de los encuestados aprueba o desaprueba a Trump 'enfáticamente', un grado de énfasis o politización que no se alcanzó en ningún punto de la Administración Obama.

La guerra con los medios de comunicación

Una de las obsesiones de Trump son los medios de comunicación, a quienes ataca diariamente acusándolos de propagar noticias falsas y de ser los “enemigos del pueblo americano” por servir “intereses especiales”. Trump se refiere a los medios como el “partido de la oposición” y habla expresamente de “guerra” con ellos.

El presidente promete un recorte fiscal que bajará el impuesto corporativo al 20%, desmontar las regulaciones bancarias y quitar límites a las empresas energéticasDurante la campaña, el republicano ridiculizó a periodistas concretos, retiró acreditaciones a los medios críticos y prometió aprobar “leyes de libelo”. De momento, se limita a criticar a los periodistas, “la forma de vida más baja”, en sus ruedas de prensa y en Twitter.

Una agenda sin obstáculos

Independientemente de cuáles sean las consecuencias a medio o largo plazo, la agenda de Donald Trump podría despegar suavemente. El presidente promete un recorte fiscal que probablemente bajará el impuesto corporativo (el más alto del mundo industrializado) al 20%, desmontar las regulaciones bancarias aplicadas por su predecesor, quitar límites a las empresas energéticas y lanzar una inversión en infraestructuras que de momento ha quedado en un segundo plano.

Su plan tiene pocos obstáculos: el Partido Republicano domina el Senado y la Cámara de Representantes, la Casa Blanca y más del doble de gobiernos estatales que los demócratas (33 contra 16, y uno independiente). Además, Trump ha nominado a un juez del Tribunal Supremo que romperá el empate actual entre progresistas y conservadores, y rellenará tres puestos clave de la Reserva Federal, incluida su presidencia en 2018.

¿Demasiado pronto para juzgar?

La falta de experiencia pública de Trump y de parte de su gabinete, y su férrea ideología en cuestiones como la inmigración han dejado por ahora un vals de medidas aprobadas a todo correr, incompletas y posiblemente inconstitucionales. El caso más evidente es el veto al visado de siete países, bloqueado por la justicia.

Igual juicio se aplica a sus conversaciones telefónicas con los líderes de México y Australia, terminadas abruptamente, o a su brocha gorda al tratar con China: una potencia que podría atraer a su órbita a algunos aliados tradicionales de Estados Unidos.

La narrativa general de los medios de comunicación es de caos. Los simpatizantes de Trump, en cambio, valoran que respete (o lo intente) sus promesas de campaña y piden tiempo para que el presidente agite un poco las aguas, “drene la ciénaga”, eche a los soplones y se haga un Gobierno que tarde o temprano enderece el rumbo.

Es la misma dinámica que vive Estados Unidos desde aquel día de junio de 2015 en que Trump anunció su campaña presidencial: un estado emocional agitado en el que las reglas más básicas de hacer política, o de gobernar, han sido cuestionadas.

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