Claroscuros del Nobel colombiano
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JUAN MANUEL SANTOS

Claroscuros del Nobel colombiano

Muchos partidarios del No critican la decisión del comité de expertos del premio. Ven el galardón como una presión de los países extranjeros para que se firme el acuerdo

Foto: El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos después de recibir la noticia de ganar el Premio Nobel de la Paz. (Reuters)
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos después de recibir la noticia de ganar el Premio Nobel de la Paz. (Reuters)

Colombia va de sorpresa en sorpresa. El presidente Juan Manuel Santos ha sido galardonado con el premio Nobel de la Paz para asombro de todo un país. El fallo del jurado de Oslo se produce tan sólo cinco días después de que todas las encuestas fallasen y el No se impusiese por unos 57.000 votos en el plebiscito sobre los acuerdos entre el Gobierno y las Farc.

El desconcierto era palpable este viernes en las calles de Bogotá. También la división entre quienes apoyan el acuerdo con la guerrilla y quienes rechazan el documento de 257 páginas.

“Quienes le han dado el premio Nobel a Santos han ensillado el caballo sin ni siquiera tenerlo. El presidente no se lo ha ganado hasta que no se firme la paz y sea sin impunidad”, critica Jaime Rodríguez Muñoz, uno de los miles de taxistas de la capital colombiana. Recio, y de mirada segura, el transportista votó por el No en el referéndum el pasado domingo.

Foto: Juan Manuel Santos. (Reuters)

Su pequeño vehículo amarillo recorre la avenida Séptima, la más importante de la capital, por donde el pasado miércoles marcharon unas 100.000 personas en favor del acuerdo, mientras evalúa el efecto del galardón en la popularidad del líder colombiano: “Esto fortalece a Santos. Le sube los ánimos, porque lo que sucedió el domingo le bajó los humos”.

El día clarea para Santos

El nuevo premio Nobel de la Paz ha pasado la última semana subido en una montaña rusa de sensaciones. Tocado y casi hundido el pasado domingo, las tornas comenzaron a cambiar el pasado jueves, cuando un importante asesor del No, Juan Carlos Vélez, se excedió en su discurso y relató a un diario colombiano unas controvertidas estrategias publicitarias para convencer a los electores de rechazar el acuerdo.

Esas declaraciones han causado tanta polémica que ya se han presentado dos denuncias ante la Corte Suprema de Justicia por fraude al elector. La Fiscalía abierto una investigación. Vélez dimitió de su cargo en el partido Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe, máximo defensor del No al acuerdo en el país. El espaldarazo definitivo a Santos se ha dado este viernes, con el fallo del jurado del Nobel.

Muchos partidarios del No, sin embargo, critican la decisión del comité de expertos del premio. Ven el galardón como una presión de los países extranjeros para que se firme el acuerdo: “Esta decisión se ha tomado a nivel mundial, no aquí. Europa, por ejemplo, tiene muchos problemas en sus puertas. Que se fijen primero en su casa y después en los demás. A este acuerdo le falta mucho todavía”, critica el comerciante Álvaro Rosero. Votó en contra del acuerdo el pasado domingo.

Sus razones son claras: “Tengo familiares que han entregado su vida a la patria. Yo me jodí un año en el monte, mi hermano 20, y no es posible que tanta lucha haya sido para nada”. Álvaro comenta cómo tuvo que dejar una empresa de transportes en la que trabajaba, situada en el departamento de Nariño, por las presiones tanto de la guerrilla como de los paramilitares. “Ellos lanzaban bombas, macheteaban… Imagínese, la guerrilla nominada al premio Nobel, con lo que padecimos. Esto no es un acuerdo, es un contrato”, exclama.

Falsos positivos

En la posición contraria a la de Álvaro está Ramiro Ospina, un dicharachero agente inmobiliario de la capital: “Me parece maravilloso que le hayan dado el premio a Santos. Es el reconocimiento de la comunidad internacional a los esfuerzos de los colombianos por la paz. Más que Santos, quien lo merece es la gente. Santos ‘le metió ficha’ al asunto, pero sin la gente no hubiera conseguido nada”, apunta. El pasado domingo votó a favor del acuerdo entre el gobierno y las Farc.

El agente se acuerda, eso sí, del escándalo que más salpicó al presidente Santos en su anterior etapa como ministro de Defensa en el gabinete de Uribe (2006-2009), el de los falsos positivos.

Durante años, centenares de campesinos y personas humildes de todo el país fueron secuestrados por militares, obligados a vestir como guerrilleros, y asesinados, a veces en connivencia con las fuerzas paramilitares. Sus verdugos conseguían así prebendas oficiales -casi 2000 euros por guerrillero dado de baja- e incluso fines de semana libres. La Fiscalía colombiana ha llegado a investigar unos mil casos.

El escándalo fue destapado por el mismo Santos, en 2008, tras la desaparición de 11 jóvenes de Soacha, una localidad marginal al sur de Bogotá. Se les encontró muertos en dos zonas lejanas del país.

Parte de la opinión pública colombiana critica a Santos por su responsabilidad política como ministro de Defensa cuando sucedieron muchos de los casos. También por su beligerancia contra la guerrilla dentro del marco del programa de ‘seguridad democrática’ promovido por el presidente Uribe, que si bien supuso grandes victorias sobre los subversivos, celebradas por una parte del pueblo colombiano, ha sido señalado por otros sectores de la población por su violencia y el uso de prácticas como la de tierra quemada.

La mayoría de quienes apoyan el acuerdo creen que el Nobel de Santos es un golpe para Uribe, la persona que más ha defendido el No en el plebiscito

Santos siempre se ha defendido del caso de los falsos positivos. Lejos de “inventarlos”, dice el ahora presidente, los sacaron a la luz y acabaron con ellos. “Me desgarró el corazón cuando se comprobó lo que estaba sucediendo”, dijo cuando todavía era candidato presidencial.

La Fiscalía archivó la investigación contra el líder del país por los ‘falsos positivos’ en 2010. La posición de Santos es apoyada por algunos trabajos periodísticos. El entonces ministro de Defensa se habría encontrado con el problema nada más llegar al cargo y habría conseguido reducir drásticamente los falsos positivos durante su mandato, según un relata, por ejemplo, una investigación del medio ‘La Silla vacía’.

“Si existen segundas oportunidades, Santos ha aprovechado muy bien la que le ha dado Colombia. La responsabilidad penal e histórica la cobrará el pueblo en el futuro. Si su forma de resarcirse es con el acuerdo, el pueblo la ha aceptado”, subraya el agente inmobiliario Ospina.

Golpe para el 'uribismo'

La mayoría de quienes apoyan el acuerdo firmado entre el gobierno colombiano y las Farc creen que el Nobel de Santos es un golpe para Uribe, la persona que más ha defendido el No en el plebiscito, enemigo acérrimo de las Farc y seguido por millones de personas en Colombia: “Él tenía la sartén por el mango tras la votación, pero ya no lo tiene”, cree Ospina.

El expresidente ha felicitado a Santos por el galardón, esperando que “conduzca a cambiar los acuerdos dañinos para la democracia”. Cree que el Nobel indica que “no se debe premiar a los terroristas de las Farc y que se debe corregir el rumbo para alcanzar la verdadera paz”.

También los partidarios del Sí se refieren a la posición favorable que la mayoría de la comunidad internacional parece haber tomado respecto al acuerdo en Colombia, salvo casos como el de Human Rights Watch, que se ha mostrado en contra de las penas previstas para quienes hayan cometido crímenes de lesa humanidad: “La gente va a darse cuenta de que el mundo apoya el proceso y eso va a valer el apoyo de quienes no fueron a votar (alrededor del 67% de la población) que todavía no sabemos qué piensan”, explica el ingeniero civil Daniel Páez, defensor del acuerdo.

Las tres corrientes en disputa, el Gobierno, Uribe y las Farc, parecen haberse abierto a cierta revisión de los acuerdos, aunque parece difícil que los líderes guerrilleros acepten demandas que podrían llevarles a prisión. Colombia afronta en las próximas semanas uno de los retos más importantes de su historia: llegar a un acuerdo aceptable para la mayor parte de la población. Y también que las Farc lo acepten.

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