consecuencias de la tragedia del domingo

Italia baraja desembarcar en Libia para frenar a un millón de inmigrantes

La prensa italiana asegura que el Gobierno podría poner en marcha una operación militar en el país norteafricano para frenar al millón de personas que esperan para lanzarse al Mediterráneo

Foto: Varios inmigrantes que viajaban en un velero de madera que transportaba a decenas de ellos, naufragaron el 20 de abril frente a las costas griegas, fueron rescatados por la guardia costera.  REUTERS / Argiris Mantikos
Varios inmigrantes que viajaban en un velero de madera que transportaba a decenas de ellos, naufragaron el 20 de abril frente a las costas griegas, fueron rescatados por la guardia costera. REUTERS / Argiris Mantikos

Italia ha declarado la guerra a los traficantes de seres humanos. Esa es la principal consecuencia de la tragedia del domingo, cuando más de 900 personas se ahogaron en el Mediterráneo después de que naufragara el pesquero con el que intentaban alcanzar las costas italianas. Aunque el primer ministro, Matteo Renzi, insistió en que no va a haber una intervención armada en Libia, de donde parten la mayor parte de las embarcaciones de los indocumentados, los principales diarios del país aseguraban ayer que está valorando poner en marcha una operación militar en el país norteafricano.

Llegan a puerto los supervivientes del naufragio frente a las costas de Libia

Roma desearía que la acción se llevara a cabo junto con sus socios europeos y bajo el paraguas de una resolución de Naciones Unidas, un objetivo difícil de conseguir por las habituales objeciones que miembros permanentes del Consejo de Seguridad, como Rusia y China, ponen a cualquier uso de la fuerza. El primer obstáculo para alcanzar este objetivo lo tiene que superar Renzi en la cumbre europea extraordinaria convocada para pasado mañana y que estará dedicada a buscar respuestas al éxodo migratorio que se está produciendo en el Mediterráneo.

La magnitud del problema sigue creciendo, pues según un fiscal de Palermo que está investigando a las mafias que se lucran con los inmigrantes, podría haber hasta un millón de personas en Libia esperando su oportunidad para embarcarse hacia Italia.

"No se puede pensar que porque vayan a parar la ruta de Libia los inmigrantes van a dejar de intentar a llegar a Europa. Ha pasado otras veces. Cuando se impedía el paso por un país intentaban llegar por otro", explica Fulvio Vassallo Paleologo, profesor de Derecho al Asilo en la Universidad de Palermo. “El problema no sólo está en Libia. Hace falta una respuesta europea a largo plazo que contemple el salvamento de las naves en aguas internacionales, no sólo hasta 30 o 40 millas de Lampedusa o de Malta, como ocurre ahora”.

Según este experto, las limitaciones del operativo europeo Tritón para controlar la zona del Canal de Sicilia explican en parte que estén falleciendo tantos inmigrantes en el Mediterráneo. Desde principios de año van ya más de 1.600. “Se ha dejado que sean las naves mercantes las que se encarguen del salvamento, cuando no tienen ni los medios ni los conocimientos suficientes para ello. Los equipos de rescate tardaron cerca de 6 horas en llegar a la zona del último naufragio desde que los inmigrantes lanzaron la llamada de socorro”, denuncia Vassallo Paleologo.

¿Qué hace Europa ante las tragedias de la inmigración? De Mare Nostrum a Triton

 

Giovanni Salvi, el magistrado de la Fiscalía de Catania que está investigando el hundimiento del pesquero cargado con 950 inmigrantes (otras fuentes hablan de 700) denuncia igualmente que Triton "se basa sustancialmente en la intervención de las naves mercantes" para llevar a cabo las labores de socorro. Esto resulta "inadecuado" por la "elevada profesionalidad" que se precisa para llevar a cabo esta labor.

El profesor de Derecho al Asilo en la Universidad de Palermo considera que la primera medida que deberían tomar los líderes europeos el jueves es establecer una nueva operación Mare Nostrum, como se conocía al dispositivo anterior a Tritón,que preveía el salvamento de los inmigrantes en aguas internacionales y contaba con muchos más medios materiales.

"También haría falta reforzar la actual misión de Naciones Unidas en Libia para intentar estabilizar el país", propone. Si, en cambio, se opta por una operación militar en el país magrebí, Italia podría estar fabricando un nuevo Irak o Afganistán a 500 kilómetros de sus fronteras, sostiene. “Sería una catástrofe que nos pusiéramos a atacar a los barcos de los traficantes de inmigrantes en los puertos libios. Entraríamos en conflicto con las autoridades libias y podría saltar el actual pacto tácito que ha permitido que las instalaciones petroleras y gasísticas italianas en aquel país no hayan sido atacadas”.

Refugiados interceptados por la Marina italiana (Reuters).
Refugiados interceptados por la Marina italiana (Reuters).

Ugo Melchionda, presidente del centro de estudios e investigaciones IDOS, dedicado a temas migratorios, propone por su parte una doble estrategia a Europa para hacer frente a este desafío. A corto plazo recomienda tres iniciativas dedicadas a que no siga subiendo la cifra de muertos, que considera propia de una guerra.

“Primero habría que utilizar la fuerza de los Veintiocho para poner en marcha una operación similar a Mare Nostrum que contemple la búsqueda de los inmigrantes para rescatarlos. Segundo, establecer acuerdos con las agencias internacionales como Acnur para que los refugiados pudieran solicitar asilo antes de emprender estos peligrosos viajes por el Mediterráneo. Y tercero, que todos los países de la UE se repartan a los inmigrantes, de manera que no sean sólo los estados donde llegan los que asumen un mayor peso”, explica Melchionda. Para ello habría que cambiar el protocolo europeo que obliga a los refugiados a pedir asilo en la primera nación europea a la que llegan.

A medio y largo plazo, este experto en migraciones propone primero llevar a cabo políticas destinadas a estabilizar la región del noreste de África. “No es posible dar pasos adelante si estos países siguen implosionando”. Su segunda idea tiene como protagonistas a los inmigrantes que ya han echado raíces en territorio europeo. “Ni con la ayuda al desarrollo ni con el funcionamiento libre del mercado estas naciones salen de la miseria. Los inmigrantes arraigados que han montado negocios en Occidente pueden hacer mucho por sus tierras de origen”, asegura.

Finalmente, plantea que todas las inversiones que se hagan en los países de donde salen hoy los inmigrantes exijan contraprestaciones en materia de derechos humanos para facilitar así el desarrollo y la permanencia de las poblaciones locales, especialmente de los jóvenes, las mujeres y los niños.

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