UN TÓTEM DE PODER MATRIARCAL

Celestinas de élite: amor para ricos en Nueva York

Agencias de citas para millonarios cobran hasta 250.000 dólares por asesorar personalmente a sus clientes, hombres "solteros, exitosos y selectivos" sin tiempo para salir o buscar pareja en internet

Foto: Un hombre en el observatorio Top of the Rock del Rockefeller Center, en Nueva York (Reuters).
Un hombre en el observatorio Top of the Rock del Rockefeller Center, en Nueva York (Reuters).

Nueva York es un exprimidor, una máquina engrasada con 9 millones de personas que llevan el PIB de España en los bolsillos, y 50 millones de visitantes al año. Es la ciudad más fotografiada del mundo, la que tiene más milmillonarios y, según Citigroup, la más competitiva. Una vorágine de carreras contrarreloj y planificación. ¿También en sentido amoroso?

“Nueva York tiene un estilo de vida febril”, dice a El Confidencial Christie Nightingale, fundadora y jefa de Premier Match. “Damos servicio a gente que trabaja de 12 a 14 horas diarias y que no tiene tiempo de ir a los bares a conocer a alguien ni de buscar por internet. Pero sí el dinero para invertir en un servicio de lujo como este”.

Premier Match es una agencia de citas para millonarios. “Consejeros delegados, médicos, fiscales...”, dice Nightingale por teléfono. “Es muy similar a como funciona un buscador de empleo de alto nivel. Entrevistamos a la persona y luego buscamos potenciales parejas que satisfagan su criterio. A lo largo del año, llegamos cada vez más cerca del tipo de persona deseada”. Hoy tiene 10.000 inscritos, 4.000 de ellos en búsqueda activa. La tarifa empieza en 10.000 dólares.

No es cara. Otras, como Kelleher International, cobran hasta 250.000 si el cliente quiere ser asesorado personalmente por sus fundadoras: Jill Kelleher y Amber Kelleher-Andrews (heredera y actual CEO; exactriz de Los vigilantes de la playa). “Soltero, exitoso, atractivo, selectivo... ¿Simplemente demasiado ocupado?”, dice su página web.

Un hombre lee un diario ante la Bolsa de Nueva York (Reuters).
Un hombre lee un diario ante la Bolsa de Nueva York (Reuters).

Un tótem de poder matriarcal

En Selective Search, dirigida por la excazatalentos Barbie Adler, sólo pagan los hombres: los clientes. Las mujeres son “afiliadas” que rellenan un formulario de ocho páginas y esperan a que se les llame, lo que puede no ocurrir nunca. Hay más de 250.000 perfiles de mujeres disponibles para entre 300 y 400 clientes activos en Estados Unidos, el 90% hombres. El 87% “encuentra el amor”.

“Atraemos a mujeres de muy alta calidad”, dice a El Confidencial Claire Wexler, vicepresidenta de Selective Search. “La mayoría de los hombres llegan buscando a una mujer que no sólo sea hermosa, sino realizada, educada, con clase y elegancia”. La empresa lleva 15 años en el mercado y creció con fuerza durante la recesión. “Creemos que durante la inestabilidad económica la gente vuelve a los valores fundamentales”, opina Wexler. “Buscar pareja, enamorarse...”.

Todas las presidentas de las agencias consultadas son mujeres. La mayoría de cabello luminoso, leonino, como si en lugar de melena fuese una pirámide refulgente. Un tótem de poder matriarcal. 

La cara más visible del negocio es Patti Stanger, presentadora del programa de televisión The Millionaire Matchmaker, un festival de lujo y ensueño donde millonarios en busca de amor se postran ante la Celestina. Ella, Patti Stanger, les azota con su látigo verbal. Recorre jardines, camerinos y hoteles de cinco estrellas, hace entrevistas, y poco a poco, perfil a perfil, forja uniones.

Stanger ha sido descrita como un “placer culpable” por militantes feministas que racionalmente deploran su programa, pero, confiesan, disfrutan viéndolo. Los comentarios de esta conocida empresaria de 53 años, con fama de trabajadora e independiente, le han ganado el título de “antifeminista”. Recomienda a las mujeres “atontarse un poco”, vestir tacones de aguja y no llevar el cabello pelirrojo ni rizado, porque “a los hombres que son ricos les gusta el pelo liso”.

Dos neoyorquinas pasean por la Quinta Avenida, en Manhattan (Reuters).
Dos neoyorquinas pasean por la Quinta Avenida, en Manhattan (Reuters).

“En Nueva York, time is money

Algunos estratos más abajo, el resto de mortales neoyorquinos también están atrapados en la maquinaria económica, y ligan de manera muy precisa. “En Nueva York todo parece más rápido”, declara por email el escritor y divulgador científico Pere Estupinyà, autor de S=ex2: La ciencia del sexo. “Time is money. En este sentido, el dating scene es muy pragmático y to the point (al grano). Hay tantas opciones que, si uno o una no encaja perfectamente, se descarta rápido”.

Las clases media y baja disponen de servicios online, como Tinder, una aplicación para móvil que rastrea la soltería en movimiento. 50 millones de usuarios que pasan una hora y media diaria buscando pareja en la pantalla. Y abajo de todo, Craigslist, el Segunda Mano online, cuya sección de contactos es un campo minado con spam y fotografías de carne tatuada hechas con flash.

Pero, de vez en cuando, el Edén abre sus puertas al resto de clases. Olga (nombre ficticio), kirguisa de 30 años, alta, rubia, ojos azules, probó Premier March hace tres. Una amiga suya que trabajaba en la agencia le propuso tomar una copa con un rico. Una cita gratis, como un favor. Olga aceptó por curiosidad, dice a El Confidencial. “Tienes que ponerte mucho maquillaje”, le recomendó su amiga. “Y no llevar cartera. Es él quien tiene que pagar”.

Olga quedó con el hombre, de más de 40 años, en Central Park. Tomaron una copa en la terraza de un barco. Ella desobedeció las reglas: llegó poco maquillada y con dinero. Quería pagar lo suyo para no tener remordimientos económicos y sentirse obligada a repetir. La cita fue aburrida. “Estaba deseando que terminase”, dice Olga. 

Llegó la cuenta y se la disputaron. Al final pagó todo ella. Él se había confesado: era el día de su cumpleaños.

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