"EN EUROPA NO HAY LUGAR PARA EL ISLAM"

Un Estado del bienestar sin inmigrantes, la fórmula en auge del populismo nórdico

El PPD sería la fuerza más votada si las elecciones se celebrasen hoy. Su popularidad crece por su defensa de las prestaciones sociales, el euroesceptiscismo y su oposición a la inmigración

Foto: Unas banderas danesas junto a unas flores durante un funeral por las víctimas de los ataques de Copenhague (Reuters)
Unas banderas danesas junto a unas flores durante un funeral por las víctimas de los ataques de Copenhague (Reuters)

Muchos escandinavos consideran el mantenimiento de un robusto Estado del bienestar como un valor sagrado. Y pintar a los inmigrantes como la principal amenaza para lograrlo se ha convertido en uno de los argumentos estrella de los partidos populistas, ahora mismo en auge en toda la región. Una tesis, sin duda, que saldrá reforzada tras el atentado terrorista del pasado fin de semana en Dinamarca.

Perpetrado en nombre del islam por un joven de origen inmigrante, el ataque no podía presentar un escenario más tentador para el Partido Popular Danés (PPD), que, como las demás formaciones del país, se prepara para afrontar las próximas elecciones generales, previstas para antes del próximo 14 de septiembre. Así lo evidencian, al menos, las declaraciones que, tras la tragedia, hizo en el Parlamento el presidente de este partido, Peter Skaarup, que considera que el ataque debería llevar a los daneses a combatir con mayor firmeza la inmigración.

Queremos controles fronterizos más duros, con verdaderos guardas y puertas de entrada que permitan controlar quién entra en el territorio”, señalaba esta semana, destacando, entre otras cosas, que las autoridades “deberían retirar la ciudadanía a las personas que apoyan actividades criminales como el terror o el fraude”, así como “a los combatientes que viajan a Siria o a Irak”.

El miedo es la clave

El PPD sabe que parte con ventaja. Algunas encuestas, incluso, indican que sería la fuerza más votada si las elecciones se celebraran hoy. Su creciente popularidad entre los ciudadanos se explica por la contundencia con que defienden un Estado del bienestar sólido, con generosas prestaciones sociales, al mismo tiempo que alientan el sentimiento nacionalista, el euroescepticismo y la oposición a la inmigración.

Como ocurre en gran parte de Europa, la principal causa de su éxito estriba en haber sabido capitalizar el descontento y los miedos de las clases populares ante los desafíos que plantea un mundo cada vez más globalizado, una fórmula que les ha capacitado para arrancar votos tanto a los partidos tradicionales de izquierda como a los de derecha. A los primeros, por su acérrima defensa del tan aclamado welfare escandinavo. Y a los segundos, por el descarado y a veces ofensivo modo con que afrontan el tema de la inmigración, especialmente la de origen musulmán.

Muchos de sus representantes “suelen utilizar una retórica muy discriminatoria y deshumanizada respecto a los musulmanes”, explica Rune Engelbreth Larsen, columnista del diario Politiken, que lleva años denunciando la creciente influencia de este partido en el debate público.

Carteles que rezan Refugiados y musulmanes son bienvenidos en un homenaje a las víctimas de Copenhague (Reuters).
Carteles que rezan Refugiados y musulmanes son bienvenidos en un homenaje a las víctimas de Copenhague (Reuters).

“Hay que repatriar a los musulmanes”

Por esto, y aun teniendo en cuenta el atentado, ve “difícil que el tono aumente todavía más, puesto que lleva 15 o 20 años siendo ya muy duro”. Los ejemplos son “innumerables”, asegura en una entrevista con El Confidencial, citando, entre otras, las palabras con las que el exparlamentario europeo Mogens Camre reivindicaba hace unos años que “en Europa no hay lugar para el islam y nuestra principal prioridad debe ser repatriar a los musulmanes”.

En otra ocasión, este mismo político estableció un paralelismo entre los jóvenes musulmanes y la ocupación nazi de Dinamarca, asegurando que “los soldados alemanes en nuestras calles se comportaban mejor, mucho mejor, que los chicos musulmanes”. Otro miembro del partido, Søren Krarup, tildó a quienes creen en esta religión de ser “la nueva plaga totalitaria que se extiende por Europa”, en declaraciones hechas en 2002.

El discurso del PPD ha sido tachado por muchos de demagógico y populista. Pero lo cierto es que, al final, ha acabado calando en la sociedad. Así lo demuestra el rápido ascenso de este partido en el espectro político. Desde su creación, en 1995, ha pasado de ser una formación minoritaria a convertirse en la tercera fuerza política del país y, quién sabe, quizá en la primera en los próximos comicios.

Este partido se fortaleció especialmente entre 2001 y 2011, periodo en el que apoyó al Gobierno de centro-derecha en el Parlamento. A cambio, la coalición gobernante le dio vía libre para dictar las políticas de inmigración del país, que acabarían convirtiéndose en las más restrictivas de Europa. Su influencia ha contagiado a las demás fuerzas políticas, el Partido Socialdemócrata incluido, cuya visión sobre la inmigración ha ido virando poco a poco hacia la derecha.

Pero, sobre todo, el éxito del PPD en Dinamarca ha envalentonado a los partidos afines de los demás países nórdicos, que a menudo presentan a los inmigrantes como una amenaza para la prosperidad de que gozan las sociedades escandinavas.

La penetración de estas ideas en una parte de la ciudadanía ha sido interpretada como parte del contexto en el que se radicalizó Anders Breivik, el ultraderechista noruego que en julio de 2011 cometió una masacre en su país en nombre de la lucha contra el islam y la sociedad multicultural, matando a 77 personas y dejando malheridas a varios cientos.

La primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, en el homenaje a las víctimas (Efe).
La primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, en el homenaje a las víctimas (Efe).

Prohibir la mendicidad y otras controversias

Ahora mismo, el Partido del Progreso, la formación populista a la que perteneció el terrorista durante unos años y de la que luego renegó, forma parte del Gobierno de coalición que lidera el Partido Conservador. Posición que, no hace mucho, los populistas intentaron aprovechar para impulsar una polémica ley que buscaba prohibir la mendicidad, pero que el Ejecutivo tuvo finalmente que retirar a causa de la controversia generada. Valga mencionar que la mayor parte de los vagabundos que piden limosna en las ciudades noruegas es extranjera.

En Finlandia, el Partido de los Finlandeses también ha progresado en las urnas y, en Suecia, los Demócratas Suecos, están experimentando una trayectoria parecida a la vivida por el PPD años atrás, pues en un tiempo récord han pasado de ser una fuerza política casi inexistente a convertirse en el tercer partido más votado. La gran diferencia con Dinamarca, sin embargo, es que el resto de partidos suecos, ya sean progresistas como conservadores, se niega a colaborar con los populistas, lo que explica que, de momento, su influencia en las políticas de inmigración de este país sea nula.

Estos días, se ha oído decir que si el atentado hubiera tenido lugar en Estocolmo los populistas lo habrían achacado a las relajadas leyes de inmigración que mantiene Suecia, país que ahora mismo acoge una de las mayores cifras de refugiados de Europa.

Otros, sin embargo, apuntan que es precisamente la agresividad y tono exagerado con que se ha estereotipado a los seguidores del islam en estos últimos años lo que ha propiciado la radicalización de una parte de los jóvenes musulmanes nacidos y educados en Dinamarca, entre ellos el joven de 22 años que perpetró el atentado. Dos argumentos encontrados que probablemente se repetirán hasta la redundancia a lo largo del año electoral que acaba de empezar.

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