UN MILLÓN DE PERSONAS EN EL CORAZÓN DE PARÍS

Los partidos franceses, unidos en un clamor: no más complacencia con el islamismo

Desde el Partido Socialista, pasando por el centro y llegando hasta la extrema derecha, insistían ayer en que "las cosas (en Francia) no pueden continuar así"

Hasta los diarios digitales intentarán mantener lo máximo posible la foto histórica. Un millón de personas en defensa de la libertad y contra el terrorismo yihadista, en el corazón de París. El fenómeno vivido este fin de semana en Francia, donde se calcula que más de tres millones de personas habrían desfilado en las principales ciudades, se puede calificar de "histórico", como todos los comentaristas quieren dejar claro. Pero el efecto emocional debe ahora traducirse en hechos concretos.

El atentado contra Charlie Hebdo, el asesinato de dos policías y la matanza en el supermercado judío, donde 4 clientes murieron acribillados, ha provocado una reacción que muchos temen que se diluya rápidamente. En las calles, ciudadanos franceses deseosos de vivir en paz confían ingenuamente en que marchar al lado de personas que jamás volverán a cruzarse puede curar las heridas. Los signos de que el futuro no será tan rosado como creen comenzaron a surgir ya anoche.

Años de complacencia con el islamismo interior

Bajo los efectos de esa emoción, ciertos políticos, desde el Partido Socialista pasando por el centro y llegando hasta la extrema derecha, insistían ayer en que "las cosas no pueden continuar así". ¿A qué se refieren concretamente, pues incluso temían decirlo claro? A la ceguera, a la complacencia que se ha mostrado durante años con el islamismo interior, como declaró a Le Figaro el filósofo Pascal Bruckner.

Se ha repetido hasta la náusea estos días que hay que diferenciar entre musulmanes y terroristas musulmanes. Sólo los imbéciles necesitan que se lo expliquen. No se puede seguir escondiendo la cabeza bajo tierra: en los guetos donde habitan sólo emigrantes e hijos de emigrantes, la ley la imponen los caids (matones) del hachisch y los salafistas. Todos los franceses lo saben; todos los políticos lo admiten. Médicos de guardia, carteros, bomberos y, por supuesto, policías no se atreven a entrar en esos territorios conquistados a la República.

París se echa a la calle contra la barbarie terrorista

Musulmanes sometidos por musulmanes

En esos barrios, florecen mezquitas clandestinas donde imanes extranjeros y alguno local imparte el veneno yihadista. No ya con soflamas para incitar a la lucha armada, sino para implantar su visión del mundo. Mujeres con burka; jóvenes con velo del que se despojan en cuanto salen del perímetro de la banlieue, patrullas durante el Ramadán para velar por el respeto estricto, es decir, nada de fumar, de beber, de escuchar música…

Por supuesto que la mayoría de los musulmanes que habita esas zonas está en contra de esa actitud, pero callan por temor. Son ellos, los emigrantes e hijos de emigrantes los que sufren en primer lugar la falta de libertad impuesta por una minoría radicalizada, pero bien organizada y financiada también desde el extranjero. Sus escasos vecinos de "origen europeo" salen en estampida de esos guetos en cuanto pueden. Los pobres ancianos sin familia y sin una pensión suficiente para abandonar la cité, los llamados petits blancs, se enmuran en sus apartamentos y salen lo menos posible para no cruzarse con unas bandas de jóvenes vecinos que los desprecian y amenazan.

Puede parecer un panorama apocalíptico. Sólo mencionar esta realidad, denunciada a cara oculta por sus propios habitantes, por los comerciantes de la zona y por los trabajadores del servicio público que están obligados a ejercer allí, lleva a ser tachado de "facha" y "xenófobo".  

Si hay una clara víctima de esta perversión son las mujeres que habitan estos barrios. Sin guarderías públicas suficientes, sus posibilidades de poder trabajar son escasísimas. Cuando a alguien se le ocurre crear un jardín de infancia privado, como fue el caso de la famosa guardería Baby Loup, dirigido por una chilena que huyó de Pinochet, la presión islamista es tan fuerte que acaban abandonando la zona.

El problema, además, es que los poderes públicos ignoran el drama y apoyan medidas que consideran progresistas, pero que son simples concesiones a los enemigos de la libertad y la República, como la separación por sexo en las piscinas públicas, la aceptación de menús diferentes en los comedores de las guarderías o, incluso, la prohibición del string en la "Playa de París", para "no ofender". La dejación de los valores republicanos lleva a eso. Por evitar la ofensa se condena a muerte a los libertarios de Charlie Hebdo, los únicos que consideran que tienen derecho a expresarse sobre cualquier asunto, porque no se trata de ofender, sino de mofarse de todo. Un lujo peligroso en la patria de Voltaire y en toda la Europa libre.

Ayer, en las calles de París, los periodistas de televisión se extasiaban y mostraban a grupos de manifestantes de diferentes comunidades desfilando juntos. El lunes todo volverá a la realidad, decían ayer pesimistas, muchos comentaristas.

La escuela pública, el comienzo del fracaso

Buena parte de ese pesimismo está basado en la situación de la enseñanza. Políticos de todo signo reconocen que el origen del fracaso en la integración está en la escuela. Esta misma semana, cuando los colegios franceses decidieron recordar a las víctimas con un minuto de silencio, miles de estudiantes se negaron. Algunos afirmaron claramente que ellos "no eran Charlie", sino "los que han disparado contra Charlie, contra los policías y contra los judíos". Algunos profesores no pudieron siquiera intentar explicar sus razones. Es imposible.

Las matanzas de esta semana, dicen algunos, pueden ayudar a hacer comprender que hay que tomar medidas de protección. Triste consuelo. La batalla dialéctica entre "garantistas" y "realistas" comienza este lunes. Para los segundos, el apoyo de los dirigentes extranjeros que ayer celebraron en París un improvisado G45, les sirvió de respaldo. Los hermanos asesinos, Said y Cherif Kaouchi, y su colega, Amedy Coulibaly, hirieron también gravemente al Tratado de Schengen.

Manifestacion París atentados 2

Vídeo: Gritos de 'Charlie, Charlie' en París. (Vídeo: @Giammpo / Instagram)

Reforzar el arsenal jurídico

Uno de los pocos imanes franceses que hablan claro y sin tapujos, el de la localidad de Alfortville, decía, sin embargo, que en el caso francés los terroristas no vienen del exterior, sino de los barrios de Francia. El exministro francés de Exteriores, el socialista Hubert Vedrin, le apoyó diciendo que si hubiera muchos imanes como él, el silencio y la confusión creada por sus pares ayudaría a evitar atentados. Una crítica clara a la actitud ambigua de las autoridades religiosas de los musulmanes de Francia.

Muchos van a protestar porque las libertades pueden disminuir en aras de la seguridad. Habría sido diferente si se hubieran tomado otras medidas hace años y se hubieran afrontado los problemas sin hacer el avestruz. Hollande y Valls ya lo tienen claro. La legislación antiterrorista debe ser actualizada. No sirve para luchar contra un terrorismo que desborda las defensas de las sociedades democráticas y, en especial, la francesa. Las redes sociales, que han vomitado también en las últimas horas su veneno contra las víctimas y su apoyo a los terroristas, también van a ser objeto de especial atención.

Cuando el millón de personas que tomó ayer París ya había colapsado la capital, Hollande celebraba el cortejo oficial con sus invitados extranjeros. El recorrido era diferente por, digamos, motivos evidentes de seguridad. En el cortejo, el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, fue el protagonista menos esperado. Sobre todo, después de su intercambio verbal de la víspera con Manuel Valls. Netanyahu dijo el sábado que "Israel es el hogar de los judíos franceses". El primer ministro Valls le contestó que "el lugar de los judíos de Francia es Francia".

Ceremonia ayer en la Gran Sinagoga de París (Efe)
Ceremonia ayer en la Gran Sinagoga de París (Efe)
"¡Bibi, Bibi!", en París

La comunidad hebrea ha vivido la muerte de las cuatro víctimas en el supermercado judío de la Porte de Vincennes como el trágico cierre de un año negro. Más de seis mil judíos franceses han emigrado en 2014 a Israel. El doble que el año anterior. Valls acudió la tarde del sábado al encuentro de las personas que rendían homenaje a sus muertos. Allí escuchó gritos desesperados: "Tenemos miedo cada mañana por nuestros hijos". El drama de las familias judías de Francia parece irresoluble. Si llevan a sus hijos a colegios públicos, son insultados y agredidos; si acuden a centros comunitarios, son objetivo fácil para los terroristas, como fue el caso del profesor y los tres niños asesinados en Toulouse por Mohamed Merah.

Mucho se habla estos días de "islamofobia", pero en Francia lo que existe de verdad es un antisemitismo imparable. Valls condenó la falta de reacción de la calle y de los intelectuales a la matanza de niños judíos perpetrada en Toulouse por el yihadista Mohamed Merah en 2012. Recordó también que pocos se habían manifestado por el robo y violación, hace un mes en Creteil, de una joven sólo por el hecho de ser judía. Se le olvidó citar el asesinato salvaje de Ilan Halimi, un vendedor de comercio, secuestrado y quemado vivo en 2006 por una banda de banlieue, "por judío".

Hollande, Valls y Netanyahu acudieron anoche a la gran sinagoga de París para ofrecer un homenaje a las cuatro víctimas de Amedy Coulibaly. El presidente y el premier francés comprobaron en quién confían los judíos franceses. Los aplausos y gritos de «Bibi, Bibi» resonaron en el templo, ante el paso de los huéspedes políticos.

La desconfianza de los judíos franceses hacia sus autoridades no está sustentada en motivos ideológicos. Es simple hartazgo y miedo. Los cuerpos de las cuatro personas masacradas el sábado serán enterrados conjuntamente en Israel, y no en Francia.

Una de las imágenes de la manifestación de ayer en París (Efe)
Una de las imágenes de la manifestación de ayer en París (Efe)
Aplausos y pasillo a las fuerzas del orden

La responsable de política de una de las cadenas públicas, conocidas por unas redacciones situadas a la izquierda, sorprendió ayer con unas declaraciones que muestran otro de los efectos del espíritu del 11 de enero. Dijo que el asesinato de dos policías ha empezado a cambiar la actitud de los Verdes y la extrema izquierda, culturalmente antifuerzas de orden público, como un buen gauchista debe ser desde el mayo del 68.

Otra de las imágenes que quedará grabada para siempre durante la marcha de ayer en París fue el pasillo con aplauso que los manifestantes dedicaron a los Cuerpos Republicanos de Seguridad (CRS), los antidisturbios franceses. La imagen de Ahmed Merabet, rematado en frío sobre la acera y la acción televisada en directo de las fuerzas de élite contra los tres yihadistas han reconciliado a buena parte de la izquierda con las fuerzas del orden. Es otra de las conclusiones de una jornada que los franceses quieren considerar histórica. Más de tres millones de franceses desfilaron ayer por la libertad y, sobre todo, en defensa de una convivencia por encima de diferencias comunitaristas. Los partidos políticos son ahora, más que nunca, responsables de mantener esa esperanza.

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