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Shanghai o el desafío de la habitabilidad
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Shanghai o el desafío de la habitabilidad

“La París de Oriente" se expande vertiginosamente intentando convertirse, al mismo tiempo, en una metrópolis habitable

Foto: Juego de luces en el distrito financiero de Pudong (Reuters)
Juego de luces en el distrito financiero de Pudong (Reuters)

“Ha hecho faltamás de un hombre para cambiar mi nombre por el de Shanghai Lily”. Esta frase que Marlene Dietrich dijo a Clive Brook en la películaEl expreso de Shanghai ha pasado a la historia del cine y trae a la memoria el recuerdo de una ciudad que, en el primer tercio del siglo pasado, fue apodada “La París del Este y la Nueva York del Oeste”. Hoy, 82 años después del estreno de aquella cinta, Shanghai camina decidida a recuperar el protagonismo perdido en la arena internacional.

A pesar de las diferencias, lógicas, que separan al Shanghai de principios del siglo XX con la ciudad que se persigue construir en la actualidad, hay un elemento que perdura: su importancia como centro económico, no sólo en Asia, sino a nivel global.

Si en el pasado la ciudad costera fue conocida como el “Gran Shanghai”, debido a la presencia denumerosas concesiones extranjeras ygrandes bancos internacionales,en la actualidadel Gobierno chino camina hacia la construcción de una urbe moderna en su planificación y puntera en materia económica. Pero aún queda mucho camino por recorrer.

“Shanghai ha tenido varios aciertos, como la conservación del Bund y la creación del área de Pudong, ya que son las zonas que dotan de personalidad a la ciudad y le dan una imagen reconocible a nivel internacional. El desarrollo urbano, en cuanto a viviendas, ha sido diferente. La población se ha incrementado de manera considerable en las últimas décadas, y no ha habido tiempo de realizar una planificación tan buena como hubiera sido deseable”, asegura Yan Donghua, arquitecta asociada al Departamento de Planificación Urbana de Shanghai.

Como asegura Yan, el rápido crecimiento de la población shanghainesa (entre los años 2000 y 2010 se incrementó en un 40%, pasando de 16 a 23 millones de habitantes)ha sido uno de los principales problemas con el que los gobernantes han tenido que lidiar en su anhelo de construir una ciudad comparable con cualquiera de las grandes urbes mundiales, algo a lo que se suma el lastre histórico que Shanghai arrastra.

El esplendor de la ciudad comenzó a apagarse el mismo año que El expreso de Shanghai veía la luz. El bombardeo japonés de aquel 1932 se unió al estallido posterior de la Segunda Guerra sino-japonesa en 1937, un conflicto que formaría parte de la llamada Guerra del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial y que dejaría a la metrópolis herida de muerte.

“Se puede decir que el Shanghai previo a la guerra fue eliminado por el conflicto y que la administración de la ciudad tras el final de la guerra la despojó del poderío económico que antes tenía en beneficio de varias ciudades del sur como Shenzhen o Hong Kong (esta, entonces, en manos británicas)”, afirma Ye Bingjie, colaborador del Departamento de Historia de la Universidad de Pekín.

La situación que describe Yen comenzó a revertirse a finales de la década de los 70 cuando, con Deng Xiaoping como cabeza visible, el país comenzó a implantar una serie de reformas que le llevarían a adoptar una economía más orientada al mercado.

Un crecimiento imparable

A partir de entonces, el crecimiento de la ciudad ha sido imparable. Desde comienzos de la década de los 80, la renta per cápita de los shanghaineses se ha incrementado en más de diez veces, aunque este crecimiento trae asociados una serie de retos que aún deben ser resueltos.

El principal de ellos, la habitabilidad. “La prosperidad económica de Shanghai no puede ir en detrimento de la calidad de vida de sus habitantes”, reconocía Pan Yue, viceministro de Protección Medioambiental de China, interrogado acerca del problema del reciclaje.

Según datos oficiales, sólo el 20 por ciento de las cerca de 12.000 toneladas de residuos que genera la ciudad a diario son procesados de manera correcta. El resto se acumula en vertederos como el de Shanghai Laogang, una superficie de casi 400 hectáreas junto al Mar del Este de China preparada para recibir, separar y almacenar residuos, aunque no en las cantidades que la ciudad produce.

Las alternativas planteadas por el Gobierno de la municipalidad son varias. La primera, debido a su efectividad a la hora de reducir el volumen y la masa de los residuos, es la incineración. Sin embargo, y de acuerdo a las últimas leyes relativas al control de las emisiones contaminantes, esta parece no ser la mejor opción para el futuro.

Otra de las soluciones ha sido la de concienciar a la población a través de campañas de separación de residuos y la instalación de papeleras divididas para que los usuarios pueden hacer una primera discriminación. E incluso, habilitando contenedores para envases, vidrio o baterías.

Sin embargo, como afirma Song Xinhua, residente en Shanghai, la efectividad de estos procesos es escasa. “No suelo mirar dónde tiro las cosas. De todas formas, no sé si las van a volver a juntar en los camiones o qué van a hacer con ellas”.

La forma de pensar de Song está extendida entre los habitantes de Shanghai y, según afirman a este diario desde el Departamento de Defensa Medioambiental de la ciudad, “ninguna medida será efectiva si la población no es consciente de la importancia que esto (el reciclaje) tiene”.

A pesar de todo, varios grupos en defensa del medioambiente han puesto el acento en otro problema derivado de la falta de un adecuado tratamiento de los residuos: la contaminación del agua.

Según se ha denunciado en varias ocasiones, la falta de control sobre el destino de los residuos puede llevar a una contaminación de los acuíferos subterráneos, algo que podría amenazar el ecosistema de la ciudad y poner en riesgo la salud de sus habitantes.

Estos temores se demostraron fundados, de una manera poco sutil, en 2013, cuando16.000 cerdos muertos fueron hallados flotando en el río Huangpu, que abastece a la ciudad. El elevado coste de deshacerse, de forma legal, de los cuerpos, llevó a numerosos granjeros a elegir el río como el medio de librarse de sus animales muertos. El resultado, un escándalo que puso en alerta a una población ya preocupada por la mala calidad del agua.

La preocupación, más allá de casos tan llamativos como el citado, tiene sus porqués. Según un estudio de Pureliving China, el agua de Shanghai tiene niveles excesivos de bacterias, metales pesados y cloro, este último empleado para su desinfección. Este problema, que la mayoría intenta remediar con el consumo de agua embotellada, tiene su mayor incidencia en la población debido a que esta no posee filtros en sus duchas, por lo que la absorción de estas sustancias se produce, normalmente, por la piel o por inhalación, no por la ingestión.

Además, el hecho de tener un sistema de distribución del agua obsoleto puede, según los ecologistas, favorecer la contaminación del agua y, por tanto, ser perjudicial para la salud.

La planificación de la ciudad, con edificios que “envejecen” más rápido de lo habitual por la mala calidad de sus materiales, la gestión de residuos, sobrepasada por el crecimiento exponencial de su población, y la calidad del agua, peligrosa en ocasiones para salud, son elementos manifiestamente mejorables. Pero, ¿tiene Shanghai algún motivo para creer en su renacimiento como centro financiero global?

“Shanghai tiene en su metro el mejor ejemplo de cómo la ciudad puede crear grandes cosas de la nada. En 1993 abrimos nuestra primera línea y hoy contamos con 14, más de 300 estaciones y una de las mejores frecuencias del mundo”, asegura Chen Kui, ingeniero en una de las compañías que operan el suburbano shanghainés.

El orgullo que muestran los shanghaineses por su metro es merecido. En poco más de 20 años, esta red ha llegado a soportar una media de siete millones de desplazamientos diarios y se han aprobado planes para conectarla con las redes de ciudades vecinas como Wuxi o Suzhou.

La importancia de tener un suburbano de calidad es vital para Shanghai, ciudad que, al igual que otras como Hong Kong, Singapur o Nueva Delhi, dependen de un sistema de metro efectivo que les permita hacer frente al crecimiento de la población y, por ende, de su parque automovilístico.

Shanghai tiene grandes retos que afrontar en materia, sobre todo, de construcción de infraestructuras. Sin embargo, varias iniciativas como la creación de la Zona de Libre Comercio, que cubrirá más de 1.200 kilómetros cuadrados en el área de Pudong una vez esté completada, y la elección de la ciudad como sede del Banco de los BRICS, dan una idea de la apuesta hecha por China para que la ciudad oriental no vuelva a ser comparada con París o Nueva York, sino que pase a ocupar un lugar propio y relevante dentro del escenario económico global.

“Ha hecho faltamás de un hombre para cambiar mi nombre por el de Shanghai Lily”. Esta frase que Marlene Dietrich dijo a Clive Brook en la películaEl expreso de Shanghai ha pasado a la historia del cine y trae a la memoria el recuerdo de una ciudad que, en el primer tercio del siglo pasado, fue apodada “La París del Este y la Nueva York del Oeste”. Hoy, 82 años después del estreno de aquella cinta, Shanghai camina decidida a recuperar el protagonismo perdido en la arena internacional.

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