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PREOCUPANTE GIRO CONSERVADOR DEL KREMLIN

¿Puede Rusia convertirse en un Irán eslavo?

Los intelectuales son acusados de traición; liberales y empresarios huyen del país; profesores que atacan al Kremlin son despedidos... Putin transforma Rusia

Foto: Ciudadanos de Crimea celebran el resultado del referéndum soberanista con un retrato de Putin en Simferópol (Reuters).
Ciudadanos de Crimea celebran el resultado del referéndum soberanista con un retrato de Putin en Simferópol (Reuters).

En las últimas semanas se han escuchado en varias radios liberales rusas comentarios sobre la posibilidad de que Rusia se convierta en el Irán eslavo. Con preocupación, pero también con ironía, los locutores especulaban con una idea que puede parecer exagerada al principio, pero que, debido a los últimos movimientos del Kremlin, merece ser analizada.

Hace unos días El Confidencial publicó un artículo sobre la huida de Rusia no sólo de capitales, sino también de liberales y jóvenes urbanitas. Esta semana se ha producido otra marcha sonada. Pavel Durov, fundador de Vkontakte (el Facebook ruso), ahuecó el ala y anunció que no piensa volver: “Lamentablemente, el Internet business es incompatible con el país en este momento”.

La fuga de cerebros, la falta de personal cualificado y el empobrecimiento intelectual, evidente sobre todo en las instituciones estatales, son los primeros resultados del giro conservadorSegún cuenta Durov, el Kremlin ha tomado el control total de la red social a través de Igor Sechin y Alisher Usmanov. En los últimos meses, Vkontakte ha recibido cientos de requerimientos para cerrar páginas políticas, además de órdenes judiciales de acceso a conversaciones privadas (sobre todo de usuarios en Ucrania).

“Los intelectuales son traidores”

También esta semana el escritor sueco Gunnar Ardelius ha denunciado que la publicación de su novela Bara kärlek kan krossa ditt hjärta (‘Sólo el amor puede romper tu corazón’) en ruso se ha suspendido en el último momento por miedo a represalias del Kremlin. Según reconoce Ardelius a El Confidencial, el libro está traducido y él ya ha recibido el pago, pero la editorial se ha echado atrás por miedo a ser judicialmente procesada por publicar “literatura pervertida y propaganda occidental”.

La novela es una historia de amor juvenil en la que aparece una escena de masturbación. Ardelius, que ha decidido denunciar el caso, critica que en Rusia “los intelectuales están siendo diariamente acusados de traición, a los artistas se les llama degenerados, los homosexuales son perseguidos y el nacionalismo revanchista está copando el espacio público. Sin embargo, lo peor es que se está extendiendo la autocensura y limitando la pluralidad”.

Pavel Astakhov, encargado federal para la defensa de los derechos de los niños, ha declarado públicamente que está “en contra de cualquier educación sexual de los niños ya que ese tipo de cosas puede corromperlos”. Por eso, Astakhov concluye que “la mejor educación sexual está en la literatura rusa… Todo está ahí, todo sobre el amor y las relaciones entre sexos”.

Una imagen de Putin en el escaparate de una tienda en Simferópol, Crimea (Reuters).
Una imagen de Putin en el escaparate de una tienda en Simferópol, Crimea (Reuters).

Promover una mentalidad medieval

La prensa, por supuesto, tampoco se salva de la vuelta de tuerca conservadora y autoritaria. Además de la dimisión y cese de varios periodistas críticos y de la unificación de la prensa estatal en un solo organismo, las revistas y periódicos del país han empezado a incluir términos como "poco patriótico" y "decadente" en sus críticas de exposiciones, libros y piezas teatrales, lamentando, además, que el dinero público "se tire en obscenidades, pornografía y un chamanismo inútil que además se presenta como innovador".

En un contexto así, no parecen anécdotas que profesores de universidad sean despedidos por criticar la política del Kremlin ni que se gobierne cada vez más a través de decretos gubernamentales arbitrariosLa llamada inteligentsia parece estar despertando de un largo letargo. El escritor Vladímir Sorokin denunciaba esta semana que la situación en Rusia ha alcanzado un grado de imprevisibilidad preocupante. También la periodista Marina Tokareva ha criticado en las páginas de Novaya Gazeta que “bajo las llamadas al patriotismo las autoridades están promoviendo apasionadamente el obscurantismo y una mentalidad medieval y salvaje”.

Según un estudio estadístico de Vtsiom, el número de rusos que comparten valores conservadores ha pasado del 37 al 48% en los últimos diez años. En un contexto así, no parecen anécdotas que profesores de universidad sean despedidos por criticar públicamente la política del Kremlin ni que se gobierne cada vez más a través de decretos gubernamentales arbitrarios, en lugar de leyes y separación de poderes.

Putin, el emperador benevolente

No obstante, Vladimir Putin combina una presión creciente con gestos conciliadores. El presidente ruso se presenta como un emperador benevolente, capaz de liberar a los activistas de Greenpeace, a las Pussy Riot y a Mijail Jodorkovsky, y de prometer que intentará evitar que el canal de televisión Dozhd (el único crítico en el país) se cierre, mientras que los órganos de poder son copados por figuras cada vez más conservadoras, opresoras y autoritarias.

Los discursos de este monarca elegido están llenos de señales y de referencias simbólicas que sirven como invitación al resto de la vertical para ponerlas en práctica de forma más radical. En sus últimas intervenciones llama a una “educación patriótica” y a recuperar los “fundamentos morales y espirituales” de la sociedad, además de recurrir a pasajes históricos para justificar sus doctrinas.

El profesor Igor Klyamkin lo describe como “patriotismo militarizado en tiempos de paz”, mientras que Lev Gudkov, director del centro Levada, advierte que más que crear conciencia moral, lo que busca Putin es desacreditar los valores democráticos y a la sociedad civil en general.

Putin en la Catedral de Cristo Salvador, en Moscú (Reuters).
Putin en la Catedral de Cristo Salvador, en Moscú (Reuters).

La connivencia de la Iglesia ortodoxa

La connivencia de la Iglesia ortodoxa a ser utilizada también es preocupante. En la campaña electoral de 2012, el patriarca ortodoxo Kiril calificó el mandato de Putin como “un milagro de Dios”. Mientras, el presidente ruso no duda en recomendar la lectura de conservadores alucinados como Berdyaev, Solovyev e Ilyin, e incluso les cita: “El objetivo del conservatismo no es el de prevenir los avances, sino el evitar que caigamos para abajo y volvamos para atrás, acabando en un estado primitivo de caos y oscuridad”.

En los últimos meses, el Facebook ruso ha recibido cientos de requerimientos para cerrar páginas políticas, además de órdenes judiciales de acceso a conversaciones privadas (sobre todo de usuarios en Ucrania)El investigador de la universidad de Warwick, Ivan Gololobov, comenta a El Confidencial que en Rusia existe una fuerte dualidad entre lo que se dice en público y lo que se hace en privado, por lo que “el conservatismo puede ser visto en actitudes públicas, pero es ignorado en la esfera privada”. De acuerdo con Gololobov, “la fuga de cerebros, la falta de personal cualificado y el empobrecimiento intelectual, evidente sobre todo en las instituciones estatales, son los primeros resultados del giro conservador”.

En Rusia, el conservatismo está hecho de varios licores. Es una ideología cóctel, compuesta por teorías imperialistas, simbología ortodoxa, unas gotas de autocracia y exaltación militar, y avisos sobre la degradación moral de Occidente (que viene a ser la aceituna del dry Martini).

Marlene Laruelle, de la Universidad George Washington, la describe como una ideología de bajo coste que ha dado consistencia al discurso del Kremlin tanto a nivel doméstico como internacional. Laruelle añade que desde la vuelta de Putin a la presidencia, el Kremlin ha dado una vuelta de tuerca a las prácticas autoritarias y los discursos conservadores. En su opinión, esto no significa el abandono del pragmatismo y la realpolitik que han caracterizado a Putin desde que llegó al poder, ni tampoco que la elite de poder rusa se ha vuelto patriota y conservadora de repente. Laruelle lo presenta como una nueva búsqueda de respaldo, legitimidad y control que ha roto el balance de poder existente entre conservadores y liberales en la elite rusa.

Objetivo: la ‘putinización’ del mundo

Putin llama a una educación patriótica, recurre a pasajes históricos para justificar sus doctrinas. El profesor Igor Klyamkin lo describe como patriotismo militarizado en tiempos de pazTras las protestas de 2011 y 2012 promovidas por la clase media (sobre todo jóvenes y liberales), observando cómo el crecimiento económico y el bienestar se han estancado (el PIB sólo creció un 1,5% en 2013), y siendo incapaz de aupar a una nueva generación de políticos que modernicen el régimen, el Kremlin ha optado por hacer explícito lo que era implícito, aumentando la carga ideológica de su retórica (o la dosis de alcohol, siguiendo con la metáfora del cóctel).

Por otro lado, esta estrategia ha conseguido convertir a Putin en un icono internacional del conservadurismo. Según el analista político Aleksandr Morozov, es un error creer que Putin busca una nueva cortina de acero o el aislamiento de Rusia: “Al contrario, Putin está creando un nuevo Comintern. Es decir, la máxima putinización del mundo”. También Timothy Garston Arsh advierte que Putin tiene más admiradores de lo que cabría imaginar, sobre todo entre las potencias emergentes

Por lo tanto, más que convertirse en un Irán eslavo, Rusia tiende hacia un patriotismo dopado, cebando el cuerpo de un régimen debilitado. En principio sólo se trata de mantener el statu quo, aunque bajo el coste de aumentar la coerción ideológica y reprimir la pluralidad.

*Francisco Martínez es antropólogo de la Universidad de Tallín y periodista de Rusia Hoy.

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