IDEADA POR EL PODEROSO CARDENAL CAMILLO RUINI

La operación secreta de la Iglesia italiana para alejar a los católicos de Berlusconi

La Iglesia italiana maniobró para facilitar la ruptura entre Berlusconi y Alfano con la intención de que el antiguo delfín de Il Cavaliere aglutine el voto católico

Foto: El poderoso cardenal Camillo Ruini habla con el político Pierferdinando Casini en la Basílica de San Pedro (Reuters).
El poderoso cardenal Camillo Ruini habla con el político Pierferdinando Casini en la Basílica de San Pedro (Reuters).

El divorcio entre Silvio Berlusconi y su delfín, Angelino Alfano, se cocinó a la sombra de la cúpula de San Pedro. La Iglesia italiana y el Vaticano influyeron en el nacimiento del Nuevo Centroderecha (NC), el grupo parlamentario liderado por Alfano con el que pretende ocupar el hueco político que deje Il Cavaliere cuando por fin se retire. Los 77 años de edad del magnate y el previsible resultado del voto en el Parlamento del 27 de noviembre, en el que será inhabilitado para ejercer cargos públicos por su condena por evasión fiscal en el caso Mediaset, hacen que ese momento parezca hoy más cercano que nunca.

Ante el fin del hombre que durante 20 años ha aglutinado buena parte de los apoyos del electorado católico y el descalabro de Mario Monti, católico practicante en el que la jerarquía eclesiástica confió en los últimos comicios, toca mover ficha para que en el próximo escenario político la Iglesia no pierda influencia.

La Iglesia italiana maniobró para facilitar la ruptura entre Berlusconi y Alfano con la intención de que el antiguo delfín de 'Il Cavaliere' aglutine el voto católicoEl ideólogo de esta operación no es otro que el poderoso cardenal Camillo Ruini, quien lideró durante años al episcopado italiano. Ruini, hombre inteligente y astuto, puso a trabajar a uno de sus discípulos para facilitar el nacimiento de la formación propia de Alfano, que podría convertirse en una reedición de la antigua y poderosa Democracia Cristiana, pulverizada con el escándalo de corrupción de Tangentopoli.

La fractura del Pueblo de la Libertad (PDL), el antiguo partido de Berlusconi, no sólo separa a los seguidores acérrimos del magnate de los que piensan que hay que mantener con vida al Gobierno de coalición con la izquierda. También divide las dos almas que convivían en el PDL. Ahora, la derecha laica está en Forza Italia, la recuperada marca política de Il Cavaliere, mientras que los católicos han quedado encuadrados en la formación liderada por Alfano. Al Nuevo Centroderecha, además, están llamados a sumarse buena parte de los dirigentes de Elección Cívica, la coalición centrista que encabezó Monti en los comicios del pasado febrero y cuyo derrumbe es inevitable.

Entre los antiguos seguidores de Monti que podrían unirse a Alfano para tratar de aglutinar el voto católico está Mario Mauro, ministro de Defensa y miembro del movimiento Comunión y Liberación. Según el diario La Repubblica, Mauro habría participado en varias reuniones para preparar el nacimiento de la nueva Democracia Cristiana junto a Maurizio Lupi y Gaetano Quagliariello, ministros de Transportes e Infraestructuras y para las Reformas Institucionales, respectivamente. Ambos militaban en el PDL y ahora son compañeros en el NC de Alfano, quien al menos habría acudido a uno de estos encuentros.

El arzobispo Rino Fisichella al término de una conferencia de prensa en el Vaticano (Reuters).
El arzobispo Rino Fisichella al término de una conferencia de prensa en el Vaticano (Reuters).

Las maniobras de Fisichella frente a los nuevos aires en el Vaticano

El lugar donde se celebraban es muy significativo: un apartamento en la plaza Pío XII, la explanada que se abre antes de llegar a la plaza de San Pedro. Quien los convocaba a todos era el ruiniano Rino Fisichella, el dirigente de la Santa Sede más enfangado en la política italiana. Elocuente orador, con cintura diplomática y presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Fisichella fue capellán en la Cámara de los Diputados, donde tejió una red de contactos con el mundo político que sigue manteniendo hoy. De hecho, él mismo confirmó la información de que se habían celebrado estas reuniones. “No es una novedad que me vea con mis amigos”, comentó, reconociendo que entre ellos había políticos. “Si alguien me pide que quiere verme, me reúno con él”.

El lugar donde se reunían es muy significativo: un apartamento en la plaza Pío XII. Quien les convocaba era Fisichella, el dirigente de la Santa Sede más enfangado en la política italiana. Elocuente orador, fue capellán en la Cámara de los Diputados, donde tejió una red de contactos con el mundo político que sigue manteniendo hoyLas maniobras de Fisichella contrastan con los nuevos aires que soplan en el Vaticano desde que fue elegido obispo de Roma Jorge Mario Bergoglio. “Ya no asistiremos a competiciones extenuantes entre los vértices eclesiales para adjudicarse la relación directa con las instituciones italianas, como si fuera una cuestión de vital importancia para la misión de la Iglesia. Con el Papa Francisco termina el tiempo de la injerencia directa en la política, que debe volver a ser el terreno de los fieles laicos, adultos y maduros en la fe, fieles al Evangelio y a la doctrina social de la Iglesia”, asegura a El Confidencial Antonio Sciortini, director de la revista Famiglia Cristiana. En su opinión, no deben volver a tejerse “tramas subterráneas” que al final provocan un “efecto bumerán” en el anuncio del Evangelio.

El apoyo de Ruini y Fisichella al nacimiento de la formación de Alfano para que aglutine el voto católico y defienda los intereses de la Iglesia en el Parlamento choca con la dispersión y la alta abstención registrada en este sector del electorado. Según el sociólogo Giuseppe De Rita, analista de tendencias de voto en el Corriere della Sera, los ciudadanos de fe católica “soportan mal” la personalización de la política, lo que pesa cuando acuden a las urnas.

“Los católicos han visto siempre en el poder a personalidades fuertes, pero nunca a líderes solos al mando. Debían tener en cuenta las corrientes y los otros jefes”, señala. Para De Rita, el catolicismo “más auténtico”, el que llena las parroquias y las misas los domingos, “no hace militancia en el vértice, sino en la base”. 

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