La felicidad, camino de ser una variable más de las economías europeas
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EL GOBIERNO BRITÁNICO MEDIRÁ EL BIENESTAR DE LOS CIUDADANOS

La felicidad, camino de ser una variable más de las economías europeas

David Cameron, primer ministro británico, acaba de anunciar que su gobierno medirá el bienestar de sus ciudadanos, más allá de sus riquezas, a través de una

David Cameron, primer ministro británico, acaba de anunciar que su gobierno medirá el bienestar de sus ciudadanos, más allá de sus riquezas, a través de una ‘encuesta de la felicidad’.

Para que sea un índice realmente fiable el Gobierno ha pedido a la Oficina Nacional de Estadísticas de Reino Unido que elabore una serie de preguntas que sirvan para medir la sensación subjetiva de los británicos respecto a su calidad de vida. El resultado de estas consultas, que se publicará trimestralmente, será la base de un nuevo indicador del estado del país al nivel de otras cifras oficiales como el Producto Interior Bruto (PIB).

El director de la Oficina Nacional de Estadísticas, Jil Matheson, ha apoyado la iniciativa de Cameron y ha reconocido que “hay un creciente reconocimiento internacional de que medir el bienestar nacional y el progreso es necesario para desarrollar una visión más completa de la realidad, más que fijarse únicamente en el PIB".

Parece arriesgado lanzar una propuesta acerca de la felicidad nacional en una época tan revuelta como la actual en el Reino Unido. En un marco de recortes generalizados y ánimos crispados (sólo hace una semana que los estudiantes protagonizaban multitudinarias revueltas en Londres) lo lógico es pensar que la encuesta sobre felicidad no va a ser muy halagüeña, pero en realidad la mayoría de los estudios realizados al respecto coinciden en que hay poca correlación entre la riqueza nacional (económicamente hablando) y lo contentos que se sienten los ciudadanos con su vida.

La iniciativa de Cameron no es nueva. Nicolás Sarkozy ya se preocupó por estos indicadores “espirituales” del estado de una nación y en febrero de este mismo año le pidió al premio Nobel Joseph Stiglitz y a un grupo de expertos internacionales que encontrasen nuevas formas de medir el progreso económico teniendo en cuenta el bienestar social.

Por su parte, Stiglitz presentó un informe muy crítico con la forma en la que el PIB, una medida bruta de actividad económica, se está usando como indicador del bienestar social ya que, según ejemplifica, un aumento del consumo de petróleo podría disparar las cifras de crecimiento cuando solamente refleja más atascos y contaminación, cosas opuestas en principio al bienestar social.

Pero tampoco Sarkozy era pionero en esto. En realidad ambos toman como referencia el Índice de Felicidad Bruta del reino de Bután, un pequeño reino sumergido en las montañas del Himalaya que, preocupándose por la felicidad de sus ciudadanos y potenciándola, ha conseguido escalar suficientes puestos en un par de años como para pasar prácticamente de la Edad Media a estar en condiciones de cumplir los Objetivos del Milenio estipulados por la ONU.

La felicidad invade también los gadgets

La preocupación por la felicidad de la gente de a pie (algo de lo que antes sólo se ocupaba uno de forma individual) no sólo está afectando a los gobiernos, si no que se ha extendido hasta los últimos gadgets tecnológicos.

El iPhone, por ejemplo, ha incorporado a su software una aplicación llamada Track Your Happiness (Sigue tu felicidad) que realiza preguntas a los usuarios sobre su bienestar y luego las añade a una base de datos mundial. Gracias a ella, investigadores de la Universidad de Harvard en Cambridge (Estados Unidos) han podido publicar un estudio (en la revista Science) con novedosas conclusiones sobre la felicidad. Una de ellas, por ejemplo, asegura que las personas cuya mente se considera dispersa son más

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