Lo que está pasando es que ese rescoldo del niño que fuimos –y que el tiempo no ha congelado– está deseando que nieve para ver a la gineta de día,  ya que suele salir de noche, excepto cuando nieva.

Del tamaño de un gato doméstico, lo más llamativo de la gineta es la cola, con diez u ocho anillos, tan larga como el cuerpo y la cabeza juntos. En este vídeo, ofrecido por la Fundación Aquae, vemos que con la nieve blanda marca, a saltos, el cuerpo entero, como si fueran los pasos de un gigante, y en cada huella se distingue la cabeza, las cortas extremidades y esa larga cola que en la nieve, como un pincel, deja su rastro.

Está la gineta unida al olor de los árboles desde el nacimiento, y su expansión al bosque flotante que es un barco. Porque se dice que la gineta la llevaban los árabes en las embarcaciones, como a un gato, y que así entró en Europa. No le gusta la nieve, la flor de los días inhóspitos.

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