El último rugido del gran oso: Bear Stearns (1923-2008)

Símbolo como pocos de la inversión en bonos, el antagonista de las acciones, hacía honor a su nombre, el oso, emblema de los mercados bajistas de

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El último rugido del gran oso: Bear Stearns (1923-2008)
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Símbolo como pocos de la inversión en bonos, el antagonista de las acciones, hacía honor a su nombre, el oso, emblema de los mercados bajistas de bolsa. Hasta hace pocos días, Bear Stearns todavía presumía en su página web de 83 ejercicios ininterrumpidos de beneficios. Era un símbolo para la banca de Wall Street, una de las siete hermanas de la banca de negocios junto a los Citigroup, JPMorgan, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Lehman Brothers o Merrill Lynch. Pero en 2007 se truncó esa trayectoria de forma tan dramática que acabó con el mayor colapso de un gran banco desde la crisis japonesa de los años 90. Después de llegar a cotizar por encima de los 150 dólares hace menos de doce meses, sus acciones cayeron esta semana por debajo de los 3 dólares.

Su consejo de administración, presidido por James Cayne, tuvo que buscar una solución ante el riesgo evidente sobre su solvencia ante la salida de fondos del banco. Con el visto bueno del secretario del Tesoro, Henry Paulson, y el respaldo de la Reserva Federal -que abrió una línea especial de financiación para la transacción-, Bear Stearns se lanzó en brazos de JPMorgan Chase, el segundo mayor banco de EEUU, por apenas 270 millones de dólares, a 2 dólares por título. La operación ha sido calificada como "el mejor negocio desde que los holandeses compraron Manhattan a los indios nativos de Nueva York". Una ganga para la banca fundada por John Pierpont Morgan.

Una ruina para miles de accionistas

El colapso de Bear Stearns ha sido calificado por Paulson, el jefe del Tesoro, como la solución menos mala dado el potencial efecto dominó que hubiese provocado en la banca de EEUU. El daño está hecho. JPMorgan despedirá a la mitad de la plantilla del banco adquirido que, al cierre de 2007 tenía más de 15.000 personas en plantilla. Estos miles de empleados no sólo pierden su puesto de trabajo, sino que también, en la mayoría de los casos, han perdido la mayoría de sus ahorros depositados en acciones del banco. Al igual que otros miles de accionistas del banco.

Entre ellos destaca uno de reciente aparición en su capital. El británico Joseph C. Lewis, conocido inversor de divisas con base en las islas Bahamas, compró en septiembre el 7% del capital de Bear Stearns por 860 millones de dólares (624,8 millones de euros), convirtiéndose en su mayor accionista. Lewis ya ha manifestado su disconformidad con la venta del banco y ha asegurado que “hará lo necesario” para proteger sus 1.260 millones de dólares invertidos en el la entidad.

Otro de los accionistas de referencia es la gestora de fondos británica Putnam Investment Management, que tenía el 6% del capital, en tanto que presidente del banco Jame Cayne, tiene un 5,8% del capital. Ahora han perdido hasta la camisa con el colapso del banco. Un banco que valía más de 20.000 millones de dólares, comprado por menos de 300.

De los felices años 20 a los 00

Fundado en 1923 por Joseph Bear, Robert Stearns y Harold Mayer como un simple bróker o correduría de bolsa, Bear Stearns nació, por tanto, en los felices años 20. Un década dorada para EEUU, plena de riqueza económica, que degeneró en una orgía financiera sin precedentes en la historia moderna y fue hace casi 80 años cuando florecieron en Wall Street unos engendros financieros como los ahora denominados SIV. Se llamaban trust (confianza, paradojicamente), a caballo entre un fondo de inversión y un hólding financiero.

En un incesto inversor, compraban acciones los unos de los otros (y viceversa), acumulaban participaciones cruzadas entre ellos y los bancos que los manejaban. Hasta su derrumbe llegaron a controlar buena parte de la bolsa -a falta entonces de otro tipo de mercados-. Construyeron la burbuja financiera de los felices años 20 y desencadenaron la Gran Depresión económico-financiera posterior. Las ventas forzadas (fire sales) y liquidación de sus activos tumbaron aquel castillo de naipes. Como hoy se derrumba un mercado, el de los activos hipotecarios, que está roto y no se puede valorar. Los bancos dan fe de ello.

Bear Stearns destapó en junio del año pasado "la peste del pozo negro subprime", en palabras del S. McCoy, con la suspensión de dos grandes fondos de inversión. Era la mayor quiebra de un fondo desde el famoso Long Term Capital Management (LTCM) a finales de los 90. Y lo que quedaba por venir. Acarreó el cese de su presidente Warren Spector. En enero, el propio Cayne tuvo que abandonar el cargo. Le sustituyó Alan D. Schwartz, que en los últimos días intentaba achicar agua de un buque hundido.

Los números no cuadran, la ruptura del nivel 3

La preocupación en el sector no es para menos, dadas las estratosféricas cifras que se manejan derivadas de la crisis subprime. La caída de Bear Stearns ha podido ser vaticinada. Sus activos de Nivel 3 o altamente contaminados por el colapso subprime se salían de su balance. Según las normas de contabilidad vigentes (FASB), los activos de Nivel 1 son aquellos que se valoran a precio real de mercado (mark to markeT), los de Nivel 2 (mark to model) se valoran bajo un modelo estandar respecto al sector cuando no hay precios reales disponibles. El Nivel 3 señala aquellos que son valorados internamente o mediante estimaciones y previsiones propias, es decir, que son difíciles de valorar objetivamente.

Y ahí entró en problemas. Bear Stearns tenía hace algunos meses 1,5 veces de ratio subprime (resultado de dividir estos activos de nivel 3 entre la capitalización bursátil del banco). Pero también otros grandes bancos se han visto afectados y han tenido que declarar miles de millones en pérdidas por este mismo aspecto. En noviembre, la exposición de Morgan Stanley en estos términos se situaría en el 251%, del 159% en Lehman Brothers y de manera similar superan el valor del capital de estos bancos en Goldman Sachs (185%), Merrill Lynch (38%) o Bear Stearns (154%). ¿Están suficientemente capitalizados los bancos de EEUU para afrontar provisiones de más de 100.000 millones?

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