Los 'fallos' del sistema eléctrico que revela la reciente subida de los precios
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Los 'fallos' del sistema eléctrico que revela la reciente subida de los precios

Los expertos advierten de que la configuración del sistema implicará que repuntes puntuales como los de los últimos días sean cada vez más comunes

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EC.

Los precios de la electricidad vuelven al centro del debate. El fuerte incremento de los costes de la energía a lo largo de los últimos datos, en plena ola de frío provocada por la tormenta Filomena, ha reabierto una discusión que aparece de forma episódica cada vez que el mercado registra súbitos movimientos al alza.

El movimiento de los precios puede explicarse fácilmente a través de factores coyunturales. La fuerte demanda en España —en la última semana, aumentó un 15%—, motivada precisamente por el frío, ha coincidido con varias jornadas de menor producción renovable (por un número menor de horas de sol y por la fuerza limitada del viento), lo que ha obligado a complementar la oferta con electricidad generada a partir de otras fuentes dependientes del gas. Una materia prima esta que se habría encarecido de forma destacada en las últimas semanas por la fuerte demanda internacional, tanto desde Asia como desde Europa. Y a todo esto se añadiría la subida de los derechos por emisión de CO₂, que son incorporados por las eléctricas a sus costes de producción y, por ende, repercuten en el precio de venta de la energía.

Todo esto no ha evitado que, una vez más, el incremento de los precios de la luz venga acompañado de una llamativa polémica, alimentada desde el campo de la política. El hecho de que hoy por hoy el Gobierno esté formado por partidos (PSOE y, especialmente, Unidas Podemos) que, durante sus años en la oposición, hicieron de los precios de la luz uno de sus principales caballos de batalla y que, tras la toma del poder, se comprometieron a evitar cualquier abuso, ha dado aún más tracción a la diatriba.

Jordi Sevilla reclama una reforma de la estructura del mercado para reducir precios

En cualquier caso, que un exministro como Jordi Sevilla, hasta hace poco menos de un año presidente de Red Eléctrica, se sumara este lunes al debate con un tuit en el que alega que "la estructura de este mercado eléctrico debe reformarse para que más renovables signifiquen menores precios y no más beneficios" parece dar a la discusión una dimensión que sobrepasa los tradicionales dimes y diretes de escaso trasfondo que tanto abundan en la política.

El foco de la discusión se centra, una vez más, en el sistema de fijación de precios, en torno al que se estructura el fenómeno tantas veces denunciado de "los beneficios caídos del cielo". En España, como en la mayor parte de los países de la OCDE, el precio de la electricidad se determina a través de un sistema marginalista: esto significa que la demanda y la oferta se va casando a través de los productores que ofrecen los precios más bajos, pero será el último productor en entrar al mercado (y, por tanto, el de precio más elevado) el que determinará el coste total de toda la electricidad.

Como critica el profesor Jorge Fabra (también expresidente de Red Eléctrica), actual presidente de Economistas Frente a la Crisis (EFC), este sistema da pie a que productores que no generan costes como los derivados de los derechos por emisiones de CO₂ sí los incorporen a su precio de venta cuando el mercado necesita abastecerse con otros productores que sí producen esos costes (como sería el caso de las plantas de ciclo combinado). "Los derechos de emisión están enriqueciendo a las empresas propietarias de centrales hidroeléctricas y nucleares que nada tienen que ver con la emisión de gases contaminantes", lamenta en un reciente artículo publicado en la web de EFC.

placeholder Torres eléctricas. (EFE)
Torres eléctricas. (EFE)

Ante estas posturas, sin embargo, conviene tener en cuenta una serie de cuestiones que hacen de este un problema mucho más complejo de lo que podría parecer a simple vista. Joaquín Giráldez, socio de la consultora de mercado eléctrico Ingebau, admite que las transformaciones vividas en el mercado podrían hacer oportuna una revisión del sistema de fijación de precios. "Un sistema marginalista tenía mayor sentido cuando convivían muchas tecnologías con costes variables altos. Pero si introduces tecnologías de costes variables bajos, el sistema podría empezar a no funcionar bien", apunta.

En efecto, el sistema marginalista tiene como objetivo promover una mayor eficiencia por parte de los productores, necesitados de ofrecer los costes más bajos para asegurarse su entrada en el mercado y obtener los mayores rendimientos posibles. Pero la entrada en juego de las renovables, con unos costes variables prácticamente inexistentes, cambia la situación. Los bajos costes que estas pueden llegar a ofrecer quedan con frecuencia anulados por la entrada en liza de cualquiera de las restantes fuentes de energía que deben venir en respaldo de una producción que es, por su propio carácter, intermitente, al depender de las condiciones climáticas.

Sin embargo, como el propio Giráldez recuerda, el sistema existente en la actualidad depende de Europa y solo puede ser a través de Europa que se promueva su modificación. Además, hasta la fecha, los estudios realizados no han llegado a demostrar que un cambio a un sistema 'pay-as-bid' (cobrar según el precio ofertado) fuera a traducirse, necesariamente, en una caída de los precios. "Los productores cambiarían la forma de ofertar la energía", advierte.

No hay evidencias de que un cambio de sistema se traduzca en precios más bajos

Ante esa situación, y a falta de una iniciativa europea, las opciones que los expertos avistan son, cualquier cosa, menos sencillas. Por un lado, se mantiene desde hace lustros la tarea pendiente de mejorar las interconexiones con otros países europeos -en esencia, con Francia-, un objetivo encallado en el elevado coste de las infraestructuras y el aparentemente escaso interés de los gobiernos galos (un país con alta proporción de energía nuclear y, por ello, precios relativamente bajos). Por otro, España podría tratar de limitar la volatilidad de los precios energéticos tratando de fomentar una mayor cuota de contratación de energía a largo plazo, para lo que podría obligarse a las grandes eléctricas a poner también a disposición de las comercializadoras independientes este tipo de oferta.

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Pero esto tampoco debe llevar a engaño, ya que no supondría evitar situaciones como la vivida estos últimos días, sino simplemente reducir el número de afectados por una subida brusca de los precios. A cambio, eso sí, de perder la posibilidad de beneficiarse de precios más bajos cuando se den. Porque, y esta es una queja constante desde el sector, generalmente estos debates se alimentan de la excepción, azuzados por repuntes puntuales que eclipsan un comportamiento mucho menos gravoso para los consumidores a lo largo del tiempo. "2020 fue un año de precios excepcionalmente bajos. Y nadie se acordó, entonces, de los precios de la luz", apunta Giráldez.

Se trata, en resumen, de un mercado basado en gran medida en torno a la ley de la oferta y la demanda, en el que momentos de fuerte repunte de esta pueden provocar un alza puntual de los precios, pero que tiene a revertirse de forma rápida. "Tenemos que acostumbrarnos a esto, porque va a ser cada vez más común, básicamente, porque es el mercado que nos hemos querido dar. Al eliminar alternativas como el carbón, se aumenta la dependencia del gas como respaldo de las renovables, y este es un producto muy volátil", advierte otro experto en el sector.

Los precios de la electricidad vuelven al centro del debate. El fuerte incremento de los costes de la energía a lo largo de los últimos datos, en plena ola de frío provocada por la tormenta Filomena, ha reabierto una discusión que aparece de forma episódica cada vez que el mercado registra súbitos movimientos al alza.

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