Nuevas medidas económicas del Gobierno: el riesgo de llegar tarde al destino correcto
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Nuevas medidas económicas del Gobierno: el riesgo de llegar tarde al destino correcto

El alivio de impuestos a pymes y autónomos muestra la voluntad del Ejecutivo de actuar sobre los problemas esenciales creados por la crisis, aunque vuelven a pecar por su demora

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La vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, ponía este martes en valor el "enorme esfuerzo" que viene realizando el Gobierno español para articular la compleja red de medidas que lleva tejiendo desde el estallido de la crisis del covid-19 para proteger la economía nacional. Subrayaba esto después de anunciar una serie de cambios en materia de impuestos con los que, asegura, las empresas, principalmente pymes y autónomos, podrán liberar hasta 1.100 millones de euros de liquidez.

El mensaje grabado poco después por el presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), Lorenzo Amor, en el que calificaba de "acierto" y "buena medida" los planes anunciados por el Ejecutivo, parece el mejor indicativo de que los planes del Ejecutivo se encaminan por la senda correcta. Al fin y al cabo, el colectivo de autónomos se ha erigido casi desde el inicio de la crisis en el abanderado de la crítica al Gobierno por la falta de soluciones a los problemas económicos generados por el coronavirus.

La flexibilización de determinados pagos para que empresas y autónomos puedan ajustarlos a la estimación de ingresos reales y no con base en los de ejercicios anteriores representa un alivio nada desdeñable a unas tesorerías llevadas al límite por la congelación de ingresos provocada por el estado de alarma.

La flexibilización de determinados pagos ofrece a pymes y autónomos un alivio nada desdeñable a unas tesorerías llevadas al límite por la crisis

Una vez más, sin embargo, la adecuación de las medidas parece contrastar con la demora en su implantación. Un informe de BBVA Research publicado este martes cifra en hasta un 3,5% la caída del PIB que han evitado las políticas públicas —incluido el respaldo del BCE—, y sin embargo esto apenas sirve para limitar el golpe, según el mismo informe, del 8%. El Gobierno ha ido abordando día a día problemas acuciantes, con soluciones que, sorprendentemente, pese a la lógica que parece revestirlas, se han ido dilatando en el tiempo.

"El problema es el gradualismo", subraya el catedrático de Economía y Finanzas Santiago Carbó, quien añade que más de un mes después del inicio del estado de alarma, en España, algunas de las medidas más esenciales siguen siendo poco más que palabras, lo que puede aplicarse en gran medida a la política de avales públicos o, hasta ahora, a la cuestión impositiva.

En cualquier otra coyuntura, sería lógico esperar que soluciones de este calado precisaran de un tiempo mínimo de gestación. Pero ante una crisis extraordinaria como la actual, en la que las vías de ingresos de cientos de miles de empresas se han secado de forma drástica y el retorno a la normalidad resulta del todo incierto, estos plazos pueden suponer un trecho inasumible para una importante porción de ellas. Hoy, se les ofrece flexibilidad en el pago de impuestos cuando para muchas pymes y autónomos el reto ha pasado a ser cómo mantenerse en pie.

Pedro Sánchez (c), junto al presidente de la Federación Nacional de Organizaciones de Autónomos (ATA), Lorenzo Amor (i), y el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi (d). (EFE)
Pedro Sánchez (c), junto al presidente de la Federación Nacional de Organizaciones de Autónomos (ATA), Lorenzo Amor (i), y el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi (d). (EFE)

Hablaba Calviño del esfuerzo que está realizando el Gobierno para poner en marcha todas estas medidas, y es indudable que cada una de ellas parece estar implicando una muy dolorosa gestación. Ha pasado también más de un mes desde que el presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, anunció la movilización de hasta 200.000 millones de euros en recursos para el impulso de la economía, cifras equivalentes a un 16% del PIB nacional.

"Un 16% del PIB representa un disparo de enorme potencia, semejante a lo que han aplicado países como Alemania. Pero cuando desmenuzas ese gasto, ves que la inyección efectiva es mucho más modesta", observa el economista José Antonio Herce, quien también considera que muchas de las medidas anunciadas este martes habría tenido sentido aplicarlas desde un primer momento.

Resulta incuestionable que, pese a la retórica de los esfuerzos, el Gobierno español se sigue mostrando especialmente cauteloso a la hora de atacar con ambición los problemas generados y por generar por la crisis del covid-19. Una cautela que no puede desligarse de la delicada situación fiscal con que encara la crisis el país y que amenaza con alcanzar una dimensión insostenible a causa de la profundo recesión y el incremento del paro a que parece abocada la economía nacional.

En esta tesitura, los responsables de la política económica española parecen haber fiado gran parte de su estrategia de resolución de la crisis a la llegada de un auxilio efectivo por parte de Europa. Un auxilio que, una vez descartada la opción de los coronabonos, parece enfocado en conseguir la materialización de un importante fondo de reconstrucción, de hasta 1,5 billones, ligado al presupuesto europeo, que permita sufragar las cuantiosas inversiones que serán necesarias para reactivar el crecimiento una vez la emergencia sanitaria haya remitido.

Los titubeos a la hora de aplicar medidas esenciales para la supervivencia de miles de empresas pueden resultar fatales para la confianza económica

Son muchos y difícilmente cuestionables los argumentos con los que cuenta el Ejecutivo español para reclamar unas políticas más solidarias, comunes y contundentes por parte de los países de la Unión. Pero también son evidentes las muchas resistencias que es preciso vencer para que se hagan efectivas, por lo que aguardar por ellas solo puede servir para que el agujero a tapar se haga más y más profundo.

La crisis del covid-19 cuenta con unas características que la convierten en un evento único, lo que significa que no hay una hoja de ruta claramente definida para afrontarla. Pero precisamente por su caracter de 'shock' temporal, ante el que reto de la Administración es el de preservar en la medida de lo posible la mayor proporción del tejido empresarial, conviene más fallar por exceso que por defecto.

Los titubeos y las medias tintas no pueden formar parte de la caja de herramientas cuando se trata de infundir la confianza a empresarios y familias de que contarán con el respaldo necesario para resistir hasta que la tormenta escampe. Elegir el camino correcto es una parte esencial que el Gobierno parece estar cumpliendo. Pero es una parte que puede resultar incompleta si al destino se llega demasiado tarde.

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