Previsiones del FMI

España tendrá el déficit más alto de Europa pese a su reducido paquete de estímulos

La caída de la actividad y la escalada del paro pondrá a funcionar los estabilizadores automáticos. La deuda pública aumentará en 18 puntos del PIB ese año, hasta superar el 113%

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Efe)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (Efe)

“El brote del Covid-19 y sus consecuencias económicas y financieras provocarán un aumento en el déficit y la deuda pública superior al previsto hasta ahora”. Con esta frase, el FMI confirma que a medida que pasan los días de pandemia, las previsiones se van deteriorando. El Fondo ha publicado este miércoles su ‘Monitor Fiscal’, informe en el que analiza las finanzas públicas de las principales economías mundiales y su conclusión es clara: “El balance fiscal se deteriorará en casi todos los países”, pero este aumento del déficit “es necesario y apropiado” para combatir la crisis sanitaria y la económica.

En apenas unos meses, solo los países del G-20 han aprobado estímulos fiscales equivalentes al 5,8% del PIB mundial, casi los mismos que en los tres años de la crisis de Lehman Brothers (2008-2010). Esto da buena muestra del nivel de recursos públicos que se necesitan para contrarrestar el parón de la actividad por las medidas de confinamiento. El problema lo tienen los países que parten de una posición fiscal más deteriorada, como es el caso de España, cuya deuda pública estaba cerca del 100% del PIB al cierre de 2019 y su déficit ascendió al 2,6%.

“El punto de partida presenta vulnerabilidades en algunos casos”, explica el FMI, ya que “la deuda pública global fue del 83% del PIB en 2019”. España está claramente por encima de este umbral, lo que agrava su situación, y más si se tiene en cuenta la elevada dependencia de la financiación exterior. Este punto de partida explica, en parte, la heterogeneidad en la magnitud de las medidas de los diferentes gobiernos para frenar la crisis. El FMI ha analizado las ayudas aprobadas en las últimas semanas (hasta el 8 de abril) y España, junto con Italia y Francia, se sitúa en la cola del estímulo fiscal, tres países con un nivel de deuda pública muy superior a la media. Los tres han optado por adoptar medidas de liquidez y préstamos a las empresas, que no tienen coste presupuestario salvo que en el futuro se dispare la morosidad.

A pesar del limitado estímulo fiscal de España, el FMI estima que será el país del euro con mayor déficit público este año. Según sus previsiones, el agujero presupuestario alcanzará el 9,5% del PIB, el dato más alto desde 2012, año del rescate financiero. Y eso a pesar de que el estímulo fiscal que ha aprobado el Gobierno es uno de los más bajos de los principales países del mundo. Dos motivos explican esta situación: el elevado déficit público de partida y la grave crisis que espera el FMI para España.

En cuanto al punto de partida del déficit, España elevó sus números rojos en 2019 por primera vez desde la salida de la crisis como consecuencia de un fuerte aumento del gasto público y una moderación de los ingresos tributarios. El país cerró el año con un déficit del 2,6% del PIB, lo que significa que el déficit estructural, medido en términos de la Comsión Europea, habría superado ampliamente el 3% del PIB. El país con una posición fiscal más delicada del euro junto con Francia.

Si se cumplen las previsiones del FMI, el saldo presupuestario de España se deteriorará en 6,9 puntos del PIB, en línea con el conjunto de la eurozona. Sin embargo, el deterioro será inferior al de los Países Bajos, que alcanzará el 7,9% de su PIB, o el de Austria, del 7,5%. Estos países, que cuentan con un importante margen fiscal, lo van a utilizar para limitar el impacto de la crisis y estimular la salida. De ahí que, aunque el deterioro de su saldo presupuestario vaya a ser muy superior al de España, su déficit total será inferior.

A esta situación hay que sumarle que España será uno de los países con mayor incremento del desempleo como consecuencia del pobre modelo productivo, la dependencia de sectores de bajo valor añadido y la abundancia de contratos temporales. El FMI prevé que el número de parados se disparará en 1,5 millones de personas, hasta superar el 20%, el doble que la eurozona. Y eso sin contabilizar los trabajadores afectados por ERTE.

Todos ellos (o casi todos) cobrarán una prestación pública contributiva o asistencial, lo que requerirá de un gran esfuerzo para las arcas públicas. Esto significa que los estabilizadores automáticos serán más intensos en España que en otros países por la magnitud de la crisis sobre el empleo. De ahí que el margen fiscal restante para introducir estímulos que reactiven la economía será muy limitado. Si no hay un Plan Marshall financiado por la Unión Europea o por el Banco Central Europeo, España tendrá muy difícil poder aprobarlo en solitario.

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