aumentan las operaciones y aumenta el impacto

La polémica Vivendi-Telecom Italia anticipa otro año récord en la inversión activista

El año ha empezado con otra nueva erupción de la (ya algo longéva) puja entre Vivendi y el activista Elliott en el consejo de Telecom Italia. Este caso es solo la punta del iceberg

Foto: La torre de Telecom Italia ante una tormenta en Roma (Italia). (Reuters)
La torre de Telecom Italia ante una tormenta en Roma (Italia). (Reuters)

El lunes, Vivendi lanzó un comunicado en el que cargaba contra Elliott Management por sus sinuosas actividades en Telecom Italia. "Vivendi reniega de las tácticas utilizadas por los miembros de Elliott en la junta de Telecom Italia (TIM)", anunciaba la compañía tras haberse retrasado la junta de accionistas para el próximo 29 de marzo. De hecho, Vivendi especificó en el comunicado que considera las artimañas del fondo estadounidense una ofensa contra el código civil italiano y que estima también que su "pérdida de tiempo de tácticas están impactando los resultados financieros del grupo cada día, según se ve tristemente reflejado en la caída de más del 40% [del valor bursátil de la italiana] desde mayo de 2018".

No en vano, el calvario viene de largo —como bien quedó reflejado en cambio de consejero delegado de Telecom Italia hace un par de meses y en la posterior ola de inquietud que se produjo en el sector—. Y es que, de hecho, 2018 ha sido un año estelar para los inversores activistas; esos inversores que adquieren una participación significativa de una empresa con el objetivo de influir en su gestión.

Según un reciente informe de Lazard, un récord de 226 empresas fueron puestas bajo el objetivo en 2018 (en comparación con las 188 de 2017) y 65.000 millones de dólares invertidos en tácticas de inversión activista (respecto a los 62.400 millones de dólares del año anterior). De hecho, también el número de inversores de esta índole aumentó: en 2018 el número de campañas subió un 20% hasta el récord de 131 operaciones y 40 de estas fueron de inversores que acometían este tipo de operaciones por primera vez (un 33% más que el récord de 30 que se registró en 2016). Tal como explica Rich Thomas, director de la consultora de inversores de Europa para Lazard, "los accionistas se están involucrando y alzando la voz cada vez más al respecto de las estrategias y la dirección de las firmas en las que invierten".

Y es que pese a que 2018 ha sido un mal año para la mayoría de los fondos de inversión, los activistas saben pescar en río revuelto; de hecho, su momento de mayor esplandor fue el volátil cuarto trimestre. En un ejercicio asolado por las fusiones, el 33% de las camañas de fondos activistas estuvieron relacionados con este tipo de operaciones.

Además, no es solo que el número de tácticas de inversión activistas haya aumentado, si no que su impacto también ha ido a más. Según datos de la firma estadounidense, los inversores activistas consiguieron 161 puestos en consejos de empresas este año, un alza del 56% respecto a 2017 y un 11% más que el récord previo de 145 sillas en 2016. Además, cada vez son más los inversores en su sentido tradicional que responden con con ímpetu y se posicionan ante los inversores activistas (Vivendi es un ejemplo claro, aunque también se han registrado casos de respuesta positiva frente a un "ataque" activista, como el apoyo de Janus Henderson a las medidas tomadas por ValueAct en Rolls-Royce).

Sin embargo, sigue habiendo diferencias importantes entre las regiones del mundo. Estados Unidos sigue siendo el principal campo de juego de este tipo de inversores, con un 62% del capital total y un 57% del cúmulo de campañas. Europa es la segunda región con más capital (un 24%) y campañas (23%); sin embargo, mientras que el capital sigue aumentando, su proporción en el total de dichas inversiones ha sido menor en 2018 que la de 2016.

"Unos inversores más involucrados pueden ciertamente impulsar cambio y mejorar las relaciones y comunicación entre la empresa y los accionistas, y finalmente incrementar la creación de valor, pero una campaña a todo volumen y pública puede traer distracción y disrupción al negocio de la empresa", explica Thomas al ser preguntado sobre las implicaciones de esta tendencia. "No hay forma de 'vacunar' a tu empresa de este riesgo, pero las empresas mejor preparadas obtienen mejores resultados: entender tus vulnerabilidades en términos de estrategia y narrativa, asesorar tus relaciones con inversores y las comunicaciones y mantener la dirección en los mejores de los estándares es clave".

Así, los reproches de Vivendi contra Elliott dan paso a otro año más de inversiones activistas. Y es que el de Telecom Italia no es el único caso abierto: Athenahealth, Citi o Nordea son apenas algunos de las decenas de grandes empresas que recientemente se han tenido que acostumbrar a la presencia de fondos como Elliott, ValueAct o Cevian en su accionariado. Thomas lo ve claro: "pese a que no podemos predecir el futuro, no vemos que la tendencia actual vaya a menos por ahora", explica, "ha habido un cambio en el comportamiento de los accionistas en la última década, primero en EEUU pero ahora la tendencia es mundial". Tal como explica a Financial Times Jim Rossman, director de la consultora de accionistas de Lazard, ante la evolución de estos datos de cara a 2019, "puede que sea dificil superar este año, pero ya hemos empezado el año con Edward Bramson pidiendo un sitio en el consejo de Barclays y Elliott lanzando una opa sobre QEP... Espero un año agitado".

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