según un estudio de fef y fidelity

Los españoles no ahorramos porque compramos vivienda y porque derrochamos

El bajísimo nivel de ahorro en España se explica en parte por la obsesión por la compra de vivienda, pero también porque nuestro gasto de consumo es mayor que en los demás países

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La tasa de ahorro familiar en España no solo no se ha recuperado con la salida de la crisis sino que sigue bajando: se encuentra en niveles del 6% (sobre la renta disponible) y con un ritmo de caída cercano al 20% interanual, a pesar del crecimiento económico, la creación de empleo y la fuerte reducción del endeudamiento, según un estudio de la Fundación de Estudios Financieros y Fidelity. Detrás de esta "preocupante" situación, el informe identifica la conocida obsesión nacional por la compra de vivienda habitual, que incrementa la deuda y reduce el ahorro, pero también un nivel de gasto muy superior al de otros países de nuestro entorno.

Así lo asegura el autor del estudio 'Longevidad y cambios en el ahorro y la inversión', Javier Santacruz, que explica que el déficit de ahorro no es resultado de la crisis, porque "en épocas de bonanza las tasas de ahorro son muy bajas", lo que significa que estamos ante un "problema estructural". "No tiene que ver con la evolución de los salarios, sino con el volumen de los ahorros. Creemos que el ahorro es para la gente que tiene mucho dinero, no para la gente que no llega a fin de mes, porque damos por hecho que el gasto tiene que ser el mismo. Hay que desterrar el mito de que solo puede ahorrar el que más gana; se puede ahorrar, aunque sea poco, pero de forma constante y convencida", sentencia.

No obstante, este trabajo identifica que han bajado con fuerza los niveles de gasto en España incluso en bienes básicos, como alimentos y bebidas, vestido y calzado, e incluso en educación (contando gasto público y privado). El único capítulo en el que aumentan es el sanitario, sobre todo en las capas más jóvenes de la población; en las mayores, es habitual que crezca en todos los países. Esto significa que no ahorramos ni siquiera aunque hayamos reducido nuestros gastos mensuales, porque otro hallazgo del estudio es que más del 60% de las familias de nuestro país gasta más de lo que ingresa.

En esa ecuación falta otra pata: el endeudamiento. Y este es mucho más elevado en el caso español, debido a la adquisición de la vivienda habitual (y en muchos casos, la segunda residencia). Algo que es especialmente destacado entre la población más joven: la mediana de endeudamiento es de 250.000 euros, con una proporción que llega al "nivel astronómico" de que la deuda supone 288 veces los ingresos en el tramo de edad entre 16 y 34 años. "Es decir, se están tomando decisiones de elevado riesgo sin ser conscientes de ello", según Santacruz.

Medidas políticas y cambios culturales

Ahora bien, a diferencia de otros países, este altísimo endeudamiento tiene como finalidad adquirir un activo real (la vivienda), "cuyo valor es más estable a lo largo del tiempo, incluso descontando las fluctuaciones del valor de la vivienda". Esto es, el riesgo que implica esta deuda es menor aquí porque está respaldada por un activo con un valor tangible que siempre se puede vender en caso de dificultad.

Presentación del estudio 'Longevidad y cambios en el ahorro y la inversión', en la Bolsa de Madrid.
Presentación del estudio 'Longevidad y cambios en el ahorro y la inversión', en la Bolsa de Madrid.

Esta escasez de ahorro "no se soluciona por real decreto", según Santacruz, sino que hay que adoptar medidas de mucho mayor calado. Las que están más al alcance de los políticos serían revisar el marco fiscal actual, que desincentiva el ahorro, reformar la regulación del sector financiero para favorecer la desintermediación y adoptar "profundos cambios en el mercado laboral" para elevar la renta disponible de las familias. Más complicado —como es bien sabido— es reformar el sistema público de pensiones.

El ladrillo supone el 75% del patrimonio

Lo más complicado de conseguir, y a la vez lo más importante para fomentar el ahorro de los españoles, es elevar la cultura financiera de la población y otro cambio casi atávico: reducir la dependencia del mercado inmobiliario por esa fijación con la vivienda en propiedad. Según el estudio, la vivienda habitual supone en torno al 50% del patrimonio de los españoles, y "otros activos inmobiliarios" (segunda vivienda, locales o garajes) representan cerca de otro 25%.

Es decir, solo queda un 25% disponible para invertir fuera del ladrillo, que se reparte, por este orden, entre "autoempleo y otros negocios", depósitos bancarios, vehículos (este análisis los incluye como inversión a largo plazo), seguros y fondos de pensiones, acciones, fondos de inversión, bienes fungibles y bonos.

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