Financiación de daños: los países ricos pretenden irse haciendo un 'simpa' en Glasgow
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Deuda con los países más afectados

Financiación de daños: los países ricos pretenden irse haciendo un 'simpa' en Glasgow

El tema de la financiación de la adaptación al cambio climático y la compensación por daños sigue sin ser atendido con la urgencia necesaria. El acuerdo solo 'insta' a los países desarrollados a aumentar las ayudas

Foto: Inundaciones en Filipinas. (Francis Malasig/EFE)
Inundaciones en Filipinas. (Francis Malasig/EFE)

Marcarse un ‘simpa’ o irse sin pagar es, además de un delito, un grave acto de irresponsabilidad y egoísmo. Y eso es lo que amagan con llevar a cabo los países más ricos e industrializados en el tiempo añadido de la cumbre climática de Glasgow.

Los buenos propósitos expresados por los líderes hace dos semanas han dado paso a un echarse las manos a los bolsillos y mirar para otro lado cuando ha llegado el momento de comprometerse a pagar, en fecha y coste real, lo que se le debe a los países que se están viendo más golpeados por la crisis climática.

"La falta de financiación y el retraso de las ayudas está costando vidas"

En la cumbre del clima de Copenhague (COP15), celebrada en 2009, los países más desarrollados se comprometieron a crear un fondo de ayudas de 100.000 euros anuales, pagaderos a partir de 2020, para ayudar a los afectados a adaptarse y costear los daños del cambio climático, provocado (entre otras causas) por sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Este fondo de ayudas debe ser entendido en realidad como un fondo de compensación por daños causados. Como acertó en señalar el propio primer ministro británico, Boris Johnson, en el inicio de la cumbre, los países que iniciaron la revolución industrial, “y mi país fue el primero”, llevan casi dos siglos “enviando humo oscuro a la atmósfera”, por lo que “debemos ser los primeros en asumir nuestra responsabilidad” ante los países que están sufriendo las consecuencias de todo ello.

Foto: El ministro de exteriores de Tuvalu, Simón Kofe. durante la rueda de prensa (Reuters)

Atendiendo a ese carácter de responsabilidad por daños causados, algunos expertos como el profesor Saleemul Huq, científico de Bangladés y director del Centro Internacional para el Cambio Climático y el Desarrollo (ICCCAD, por sus siglas en inglés), rechazan que en el lenguaje de las cumbres climáticas se clasifique a los países más industrializados como ‘donantes’ de estos fondos, sino como ‘contaminadores’ y, por lo tanto, deudores del pago de los daños.

¿Y esto quién lo paga?

Evaluar el coste de esos daños, establecer qué países que se están viendo más afectados por los impactos del calentamiento global y agilizar los pagos es uno de los puntos clave que debía afrontar la COP26 y que, finalmente, ha representado uno de los mayores escollos para llegar a un acuerdo.

Respecto al coste de reparación y adaptación, que los países más afectados han llegado a situar en los 600.000 millones de dólares anuales, sigue sin haber acuerdo. Como señalaba esta semana la directora ejecutiva de Oxfam Internacional, Gabriela Bucher, es difícil cuantificar las cifras reales porque el coste va a depender de los acuerdos que se alcancen para cumplir con el objetivo de mantener el aumento de las temperaturas por debajo de los 1,5 °C, ya que, si el calentamiento se dispara por encima de esa cifra, la factura podría ser mucho mayor. De ese modo, reducir las emisiones es una de las mejores maneras de ayudar a los países más afectados.

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Protesta de Oxfam en la COP26 en Glasgow. (Oxfam/Andy Aitchison)

Una de las iniciativas más interesantes en el ámbito de la financiación ha sido la propuesta del Climate Vulnerable Forum (CVF), que representa a casi medio centenar de países entre los más afectados por la crisis climática, de compensar su deuda externa con las inversiones que están llevando a cabo en adaptación y reparación de daños.

En todo caso, aunque el presidente Joe Biden declaró en septiembre que “Estados Unidos duplicará su financiación pública internacional para ayudar a los países en desarrollo a hacer frente a la crisis climática” y, alentado por el expresidente Obama, anunciara el primer día de la cumbre que EEUU destinaría 3.000 millones de dólares más a la causa, lo cierto es que, más allá de las promesas, el compromiso concreto sobre el pago de las ayudas y sobre los conceptos que se pueden admitir como tal (se están colando muchas inversiones ajenas disfrazadas de ayudas) sigue sin explicitarse en el acuerdo.

Foto: Las llamas devorando el pueblo de Lytton durante la ola de calor. Reuters

Finalmente, parece que todo el mundo acepta la situación, asume su parte de responsabilidad, pero, a la hora pagar, no todos están igual de dispuestos. Así, mientras varios países de la UE y Japón son los que están mostrando una mayor voluntad de atender esa factura, el resto (EEUU incluido) siguen sin cumplir sus propias promesas, levantándose al lavabo en cuanto ven que se acerca el camarero con la nota.

Y la figura ficticia de ese camarero representa, entre otros, al Grupo de Países Menos Desarrollados (LDC, por sus siglas en inglés), los que se están viendo más afectados por el cambio climático. Porque, como señalaba su presidente, Sonam Wangdi, más allá de los intereses económicos y de las intrigas geopolíticas, "la falta de financiación y el retraso en las ayudas está costando muchas vidas humanas y acabando con formas de existencia".

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