Las olas de calor no pasan solo en tierra: los mares también las sufren
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Las olas de calor no pasan solo en tierra: los mares también las sufren

En los últimos 10 años se han dado algunas de las peores de la historia (como 'The Blob', entre 2013 y 2016). Poder entenderlas y predecirlas es esencial para proteger los océanos y la biodiversidad que albergan

placeholder Foto: El mapa del exceso de temperatura de la superficie del océano Pacífico en 2020. (marineheatwaves.org))
El mapa del exceso de temperatura de la superficie del océano Pacífico en 2020. (marineheatwaves.org))

Las olas de calor son situaciones atmosféricas en las que las temperaturas exceden los rangos normales para esa época del año en ese lugar determinado. Estamos muy familiarizados con las olas de calor terrestres, dado que las sufrimos cada vez con más frecuencia como consecuencia de la crisis climática. Pero este tipo de fenómeno no ocurre tan solo en la superficie emergida del planeta, sino que también tiene lugar en el interior de los mares y océanos, alterando el equilibrio de sus ecosistemas.

En 2011, en la costa oeste de Australia, la ola de calor marina que azotó el área provocó que corrientes de agua inusualmente cálidas entraran en los bosques de kelp cercanos a la costa, lo que tuvo un impacto negativo en gran parte de las especies que habitan la zona (algunas de ellas con un importante valor comercial), como las langostas o las vieiras. En las semanas posteriores, algunas de las compañías pesqueras más importantes de la zona se acercaron al cierre y, a día de hoy, algunas de ellas no se han recuperado.

"Los océanos aportan miles de millones de dólares en recursos, muchos de los cuales están amenazados por las olas de calor marinas"

Como explica Jessica Benthuysen, oceanógrafa del Instituto Australiano de Ciencias Marinas: "Este evento tuvo consecuencias devastadoras para los ecosistemas marinos". Desde entonces, los científicos han prestado especial atención a estos fenómenos que, en los últimos 10 años, han tenido lugar alrededor del globo. A día de hoy, aunque sigue siendo discutida, la definición más aceptada es la propuesta en un estudio por investigadores de la University of New South Wales en Australia, que la define como 'corrientes filtradas' de aguas cálidas en la superficie del océano que duran al menos cinco días y que alcanzan temperaturas muy superiores a las habituales.

Las consecuencias

Como explica Pippa Moore, investigadora de la Universidad de Newcastle en el Reino Unido: "Los efectos de las olas de calor marinas pueden tener un impacto en gran parte de la cadena trófica de estos ecosistemas". Un ejemplo de ello fue la corriente cálida, baja en nutrientes, que fluyó en el noroeste del Pacífico entre 2013 y 2016, (y que fue apodada 'The Blob'), que impidió el crecimiento de fitoplancton. A consecuencia de esto, la población de salmones reales ('Oncorhynchus tshawytscha') se desplomó, lo que a su vez afectó a la supervivencia de cientos de miles de aves marinas que habitan en el Golfo de Alaska y que dependen de ellos para sobrevivir.

placeholder El mapa de calor de 'The Blob', la ola de calor marina de la costa oeste norteamericana que duró desde 2013 a 2016. (NASA)
El mapa de calor de 'The Blob', la ola de calor marina de la costa oeste norteamericana que duró desde 2013 a 2016. (NASA)

Del mismo modo, estas corrientes inusualmente cálidas se han relacionado con el blanqueamiento de los arrecifes de coral y con su destrucción. Dado que estos ecosistemas marinos son el hábitat de un gran número de otras especies, tanto animales como vegetales, su desaparición tiene un importante impacto.

Las causas

Al igual que sus equivalentes atmosféricos, las olas de calor marino están cambiando a peor. Como se explica en este estudio del investigador Thomas L. Frölicher, de la Universidad de Berna, "el cambio climático está empeorando la frecuencia de las olas de calor marinas, aumentando su duración y llevándolas a mayores temperaturas".

Es por esto que es esencial, explican los investigadores, llevar a cabo un seguimiento completo de la temperatura del océano, averiguar sus causas y aprender cómo podemos predecirlas. Esto, según vayan empeorando, nos permitirá tomar medidas que protejan al mar cuando sea necesario, así como a la industria pesquera que depende de los recursos marinos. El problema, detallan, es que los modelos de los que disponemos a día de hoy son, todavía, imprecisos.

Los investigadores afirman que entender este fenómeno y poder predecirlo sería "una gran victoria", dado que los océanos aportan "miles de millones de dólares en alimentos y otros recursos, muchos de los cuales están amenazados por las olas de calor marinas". De hecho, como explica la oceanógrafa Hillary Scannell de la Columbia University’s Lamont–Doherty Earth Observatory, "es prioritario y fundamental que aprendamos a determinar cuándo y dónde van a tener lugar estos eventos".

Foto: Uno de los fundadores de Greenpeace, Rémi Parmentier. (EFE)

Aunque las causas exactas están todavía por determinar, una de las explicaciones más aceptadas es la de la investigadora Regina Rodrigues y su equipo de la Universidade Federal de Santa Catarina, en Brasil. Durante los años 2013 y 2014, una intensa sequía destruyó cosechas y provocó escasez de agua en las inmediaciones de Sao Paulo. Al mismo tiempo, explica la investigadora, el océano se estaba calentando y los niveles de clorofila en el mar (que se usan para determinar la actividad biológica de las aguas) se desplomaron. Al estudiar los datos, Regina Rodrigues determinó que tanto el aumento de temperatura dele océano como la sequía tenían una causa común: un sistema de altas presiones que había estado presente en el sureste del país durante gran parte del verano.

"Esperamos que los extremos empeoren debido al cambio climático. Las cosas van a ponerse más difíciles"

Estas altas presiones duraderas provocan un fenómeno llamado 'bloqueo atmosférico', explican. Mientras dura, sus consecuencias son "la escasez nubosa y los vientos relativamente suaves", explican los investigadores en su estudio. La falta de nubes provoca que la radiación solar llegue en mayor cantidad a la superficie del océano y la falta de viento reduce la evaporación. Esto, a su vez, tiene un impacto, dado que este aumento de temperatura de la superficie del mar tiene consecuencias atmosféricas que pueden empeorar el problema, detallan los autores.

En su estudio, los investigadores detallan que alrededor del 60% de las olas de calor marinas en el atlántico suroeste, son el resultado de sistemas de altas presiones originados sobre el océano Índico, a miles de kilómetros de distancia. De todos modos, la propia Regina Rodrigues explica que son muchos los factores que intervienen: "Depende de tantísimas variables del sistema climático... Es realmente difícil saberlo todo".

Qué podemos esperar del futuro

A pesar de que la comunidad científica tiene mucho cuidado antes de realizar afirmaciones categóricas, sí están dispuestos a afirmar que la crisis climática va a empeorar el problema. Como explica Neil Holbrook, investigador climático y oceánico de la Universidad de Tasmania: "Esperamos que los extremos empeoren debido al cambio climático. Las cosas van a ponerse más difíciles".

placeholder Blanqueamiento del coral en la costa australiana. Foto: Australian Institute of Marine Science
Blanqueamiento del coral en la costa australiana. Foto: Australian Institute of Marine Science

Según un estudio elaborado por Eric C. J. Oliver y su equipo de la Dalhousie University en Canadá, entre 1025 y 2016 el número de días anuales en los que está presente una ola de calor marino ha aumentado en más del 50%. Además, detallan los investigadores, desde que tenemos datos proporcionados por satélite (desde 1982) de la temperatura de la superficie del mar, la intensidad de las olas de calor marino han aumentado en dos tercios de los océanos terrestres.

La comunidad científica espera que esta tendencia continúe. Múltiples estudios, como este trabajo científico de la Universidad de Berna, prevén que, incluso en escenarios 'moderados' de cambio climático, prácticamente la totalidad de los océanos del planeta sufran olas de calor marino más frecuentes y que duren una mayor cantidad de tiempo.

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