perspectivas de la economía vasca

Las luces y sombras de la industria vasca: ¿crisis puntuales o un problema estructural?

La caída de grandes empresas ha generado alarma en el que es el motor de la economía vasca y enfriado las favorables perspectivas a futuro. No existe un criterio compartido sobre los efectos

Foto:  Vista de los astilleros de la Naval en Sestao (Vizcaya). (EFE)
Vista de los astilleros de la Naval en Sestao (Vizcaya). (EFE)

Una pancarta colocada junto a una gran torre publicitaria de Xey 'saluda' a los conductores de la AP-8 a la altura de Zarautz (Guipúzcoa). “Gobierno vasco. Non dago? ('Dónde está') S.O.S.”. La visible protesta lleva la firma de los 170 empleados que van a ser despedidos por el cierre de la histórica marca de muebles de cocina y baño, acuciada por las millonarias deudas, y en la que participa el Ejecutivo de Iñigo Urkullu, que posee un 30% de las acciones. Se trata de la pancarta más reseñable de una larga lista de carteles que estos días han aflorado a las puertas de históricas empresas vascas al conocerse que se encuentran al borde del abismo, y que reclaman soluciones a todas las partes implicadas para garantizar los empleos.

Los sucesivos sobresaltos que ha encadenado la industria vasca en apenas unos días, con empresas históricas a punto de certificar su defunción, ha puesto en alerta al que es el motor de la economía vasca y ha enfriado las favorables perspectivas que se ciernen sobre la economía vasca después de tres años de recuperación. La dramática situación que atraviesan Edesa Industrial (la antigua Fagor Electrodomésticos adquirida por CNA), Xey, Vicrila, Cel, General Electric o Construcciones Navales del Norte y que amenaza como efecto directo con dejar en la calle a cerca de 2.000 trabajadores ha generado la alarma y ha creado incertidumbre en torno a si la industria vasca está preparada para tirar de la economía.

¿Es algo coyuntural? ¿La existencia de tantas empresas en crisis en tan poco tiempo es circunstancial? ¿Puede ser el preludio de nuevas caídas? No existe un criterio compartido sobre los efectos a futuro, si bien es mayoritario el sentir de que se está ante algo “puntual” que no va a afectar al desarrollo de la economía vasca. Los expertos se agarran a la realidad de los datos, que dicen que la economía vasca está creciendo al 3% anual, por encima del promedio europeo. Además, los diferentes informes de entidades económicas coinciden en las inmejorables perspectivas de crecimiento.

"Estas crisis particulares no tienen nada que ver con la economía sino con la gestión interna"

“Los problemas de algunas empresas que están aflorando ahora no tienen nada que ver con lo que está pasando en la economía vasca”, afirma de forma rotunda Massimo Cermelli, doctor en Economía y Dirección de Empresas y profesor de Deusto Business School. En su caso lo tiene muy claro. Atribuye la crisis que atraviesan históricas firmas a una serie de “problemáticas internas” de gestión durante la crisis y años posteriores, como la incorrecta administración de la tesorería, la falta de inversiones y de liquidez, el exceso de endeudamiento o las decisiones de escasa rentabilidad. “La mala gestión de años anteriores está pasando factura. Lo macro va muy bien, las economías española y vasca nunca habían visto tanto crecimiento seguido como durante los últimos años. La mala gestión de la tesorería o de lo que son las variables internas de la empresa no tienen nada que ver con lo que es el entorno macro”, asevera. E insiste: “Estas crisis particulares no tienen nada que ver con la economía sino con la gestión interna”.

Cermelli pone como ejemplo el caso de Construcciones Navales del Norte, la antigua La Naval de Sestao, que está sumida en una crisis que va a cortar a más de 200 trabajadores mientras que los pequeños astilleros presentan “datos muy positivos”, ya que “están creciendo mucho y tienen trabajo para muchos años”. Estas firmas, según detalla, están sabiendo competir en un difícil entorno internacional que presenta los duros desafíos del bajo coste de producción en algunos países o la deslocalización. “Lo que pasa es que la crisis de La Naval hace más ruido que todo lo bueno que están haciendo los pequeños astilleros. Hace más ruido un árbol que se cae que una foresta que está creciendo”, señala de forma gráfica.

Trabajadores de la empresa Construcciones Navales del Norte en 2010. (EFE)
Trabajadores de la empresa Construcciones Navales del Norte en 2010. (EFE)

Frente a los mensajes optimistas hay voces críticas que alertan de la debilidad actual de la industria vasca, lo que amenaza la recuperación económica. Entre ellas está la de Joaquín Arriola, profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad del País Vasco, que afirma que “la situación es compleja y no parece que pueda vislumbrarse una salida a corto plazo”. En su opinión, la crisis que está padeciendo la industria vasca con la caída de grandes empresas refleja varias circunstancias: “Los últimos coletazos de la crisis del ladrillo, las limitaciones de una política industrial continuista que no vale para una nueva fase, la incapacidad en estos últimos 30-40 años para desarrollar líderes globales en el sector industrial y la fuerte orientación hace tres o cuatro empresas como Iberdrola, Petronor o Euskaltel”. “El hecho de que hayan puesto los huevos en pocas cestas ha sido un error”, sostiene.

La dramática situación que viven algunas empresas la achaca a diversas dinámicas. Así, los problemas de Fagor o Xey están “vinculados a la coyuntura pasada mal resuelta”, mientras que la situación que atraviesa General Electric obedece a “unas características más estructurales de la industria vasca y a la coyuntura de la globalización con el problema de la deslocalización", y que podría afectar a otras empresas vascas. Y en el caso de La Naval, el problema es “una política industrial que no termina de adaptarse a los nuevos tiempos”.

"Hay una política industrial vasca del pasado que sirvió para resolver la crisis de los 80 de la industria vasca, pero es una política muy limitada"

“Hay una política industrial vasca del pasado que sirvió para resolver la crisis de los 80 de la industria vasca, pero es una política muy limitada. La industria vasca ha pasado de ser un sector de empresas medianas de capital local a ser un sector de empresas medianas dependientes de multinacionales extranjeras, lo cual la hace más frágil a la hora de defenderse frente a la globalización y las deslocalizaciones. La política industrial vasca ha servido para las pymes pero ha sido incapaz de generar líderes en ningún sector, no hay ninguna empresa vasca que sea líder en nada salvo Iberdrola”, señala. Además, para Arriola está el “gran problema” de “no hacer el esfuerzo en unos cuantos sectores de crear masa crítica, porque tampoco ha habido una empresariado que quisiera arriesgar”, ya que “el empresario vasco industrial es muy conservador y a las primeras de cambio busca convertirse en rentista vendiendo su empresa a una multinacional”. En consecuencia, apenas quedan grandes empresas, caso de CAF o la Corporación Mondragón, pero “no es suficiente para sostener un tejido industrial tan diversificado como el vasco”.

Un factor de riesgo está en el hecho de que una parte importante del tejido industrial vasco está vinculado a la fabricación de componentes orientados fundamentalmente a la industria del automóvil por lo que "cualquier decisión estratégica decisión de las multinacionales, fundamentalmente alemanas, puede afectar sin duda a esta industria de componentes fuertemente dependiente". Dada esta composición del tejido vasco industrial y los problemas vinculados al exceso de endeudamiento, este profesor vislumbra a futuro “nuevos procesos de deslocalización más que nuevas caídas" de empresas. Sin olvidar los negativos efectos que tendría una subida de los intereses para las empresas vascas, que “siguen altamente endeudadas”.

Todas estas circunstancias, según remarcan, amenazan “por supuesto” la recuperación de la economía vasca en una coyuntura además "muy particular", ya que lo que está mejorando fundamentalmente son los servicios, con un incremento espectacular del turismo debido a "la compleja situación geopolítica" de destinos que compiten con el País Vasco. "Es un dinero que entra por una coyuntura que no es sostenible a largo plazo", alerta.

"Quizás se está reconvirtiendo el sistema productivo y llevará a que vayan desapareciendo grandes empresas para dejar el pulso a pequeñas"

Las actuales empresas en crisis están pagando la factura de sus malas decisiones y de no haber sabido adaptarse al ajuste posterior a la crisis. En todo caso, Cermelli también apunta a la posibilidad de que sea la propia industria la que está haciendo una “limpieza casi automática”. “Quizás se está reconvirtiendo el sistema productivo, lo que llevará a que vayan desapareciendo grandes empresas para dejar el pulso a pequeñas empresas que son menos famosas pero que poco a poco van teniendo su peso entre la economía”, apunta.

Trabajadores de Muebles XEY en Zumaia protestan tras el anuncio de liquidación de la empresa. (EFE)
Trabajadores de Muebles XEY en Zumaia protestan tras el anuncio de liquidación de la empresa. (EFE)

Para calmar la tormenta existente, el Gobierno vasco, que está siendo el centro de las críticas de los sindicatos nacionalistas y de EH Bildu y Podemos por su pasividad, ha dado luz verde a un plan de industrialización a cuatro años para acompañar a las empresas en crisis que contempla 5.225 millones de euros hasta 2020 (1.225 de presupuesto global estimado y 4.000 en créditos o avales). Sin embargo, su aprobación no ha rebajado las fuertes críticas, que hablan de “humo” y “propaganda” para “quitarse la presión”. A este respecto, Arriola resalta el fuerte incremento de los recursos económicos, pero lamenta que “la estrategia es la misma”.

La pretensión del Ejecutivo de Urkullu es que la industria vasca represente el 25% del PIB en 2020, apenas una décima más que en la actualidad, lo que puede ser visto como poco ambicioso. Otros, en cambio, firmarían alcanzar este objetivo. El Consejo de Relaciones Laborales del País Vasco (CRL) ha advertido esta misma semana de la “significativa” pérdida de peso de la industria vasca, que al inicio de la crisis representaba el 29,7% del PIB. La crisis ha golpeado duro a la industria vasca al acabar con el 10% del empleo industrial. “Hemos salido de la crisis en términos económicos pero hemos perdido en ese trayecto algo más de 75.000 empleos, un dato que nos debería preocupar y ocupar”, afirma el presidente de CRL, Tomás Arrieta. Entre las “sombras” que ve este organismo está la “relevante” pérdida de calidad del empleo, con el creciente peso de los contratos temporales y a tiempo parcial.

El Consejo de Relaciones Laborales advierte de la "significativa" pérdida de peso de la industria vasca, que al inicio de la crisis suponía el 29,7% del PIB

El escenario que dibuja el CRL contrasta con la que vaticina la patronal vasca Confebask, que prevé que se formalicen 75.000 contratos indefinidos este año en el País Vaco, la cifra más alta desde hace una década, debido a la buena marcha de la economía. En línea con el mensaje de la patronal vasca, pocos ponen en duda que Euskadi se encuentra en un escenario de estabilidad razonable de la recuperación económica. La confianza empresarial se ha situado en ratios anteriores a la crisis económica, según reflejan las encuestas de las patronales vascas, que constatan la previsión generalizada de incrementar el volumen de negocio y de ampliar plantillas.

El último en dibujar un panorama optimista ha sido el informe de Laboral Kutxa, que ha evidenciado la fortaleza de la economía vasca, que mantendrá durante 2017 y 2018 tasas de crecimiento próximas al 3%. El director del departamento de Estudios de esta entidad, Joseba Madariaga, considera que la crisis en la que están sumidas algunas históricas empresas se debe a “problemas arrastrados en el tiempo”. En todo caso, estima que elevado número de empresas al borde del cierre, liquidación o concurso de acreedores no obedece “simplemente” a una mera sucesión de desapariciones de empresas y lo enmarca en un proceso de “transformación hacia un modelo fronterizo entre la industria vasca y el sector servicios”.

Comparecencia de los trabajadores de Edesa Industrial ante las instalaciones. (EFE)
Comparecencia de los trabajadores de Edesa Industrial ante las instalaciones. (EFE)

El desafío de la industria vasca y que determinará la fortaleza del sector está, según se coincide en señalar, en la digitalización y la incorporación al 4.0. Hay una necesidad de reducir la actual brecha digital que se deriva de un inadecuado nivel tecnológico. Por ello, ajustarse al paradigma de la industria 4.0 constituye el “eje transversal” del Plan de Industrialización del Gobierno vasco, que, en todo caso, advierte de la necesidad de que el ámbito privado asuma el compromiso inversor para lograr una industria fuerte y competitiva. “En cualquier programa la aportación y la inversión que tiene que hacer la parte privada es muy relevante”, remarca la consejera de Desarrollo Económico e Infraestructuras, Arantxa Tapia. Asimismo, el deseo del Ejecutivo vasco es constituir un fondo público-privado para evitar la fuga de los centros de decisión empresariales.

A corto plazo, la llegada de nuevos inversores se antoja como la única salida para la mayoría de estas empresas que agonizan. Ante las críticas recibidas por su inacción, el Gobierno de Urkullu replica que en los últimos años ha encontrado una solución a 165 de las 175 firmas con problemas cuyo futuro estaba en el aire, salvando 22.000 puestos de trabajo. No obstante, Cermelli opina que las políticas industriales en los últimos años han sido “blandas” pero no solo en el País Vasco sino en el conjunto de Europa. “Hasta ahora no se tenía la conciencia plena de que íbamos a vivir un cambio tan radical”, afirma para incidir en la necesidad de apostar fuerte por la industria y la renovación tecnológica. “Solo si hay crecimientos derivados del ámbito industrial el crecimiento será sostenible y duradero”, expone.

La imagen de la economía vasca no está en entredicho; de hecho, la percepción que se tiene es que es un entorno muy positivo para poder invertir

Más allá del ruido interno, existe el convencimiento generalizado de que la caída de históricas empresas en un corto periodo de tiempo no ha afectado la imagen de fortaleza de la economía vasca. “No está en entredicho. De hecho, creo que la percepción que se tiene es que es un entorno muy positivo para poder invertir”, apunta el profesor de Deusto Business School. En este sentido, se realza que existen sectores “punteros o en constante crecimiento”, como es el eólico, que va ganando peso hasta el punto de que el Gobierno vasco lo ve como uno de los “más relevantes” a futuro. El Puerto de Bilbao ha consolidado su fortaleza en esta industria con la llegada de Haizea Wind, que construirá torres eólicas marinas dentro de un proyecto que exigirá una inversión de 55 millones de euros y generará 300 empleos directos.

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