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¿Cubrir el Templo de Debod? Madrid no lo descarta, pero pedirá opinión a los expertos
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"no corre ningún peligro inminente"

¿Cubrir el Templo de Debod? Madrid no lo descarta, pero pedirá opinión a los expertos

El enclave histórico ya tiene un plan de conservación preventiva que recoge el estado de los 3.800 elementos que lo componen

Foto: Templo de Debod de Madrid.
Templo de Debod de Madrid.

El milenario y egipcio Templo de Debod, ubicado en el madrileño Cuartel de la Montaña, no sufrirá grandes transformaciones en cuanto a lo que a preservación se refiere en el plazo inmediato. Varios años de intenso estudio científico así lo corroboran, pues el enclave “no está afectado con patologías que presenten motivos de preocupación inmediata”, tal y como ha afirmado Jesús Castillo, director del Departamento de Conservación del Patrimonio de la Fundación Santa María la Real, entidad responsable del análisis presentado este lunes. De esta forma, parece que todo se queda en la elaboración de un amplio plan de conservación preventiva que, al menos hasta 2023, no se materializará en ninguna intervención importante en el conjunto.

Foto: Fuente: iStock

Aun así, Luis Lafuente, director general de Patrimonio Cultural del Consistorio madrileño, no descarta ninguna actuación en el Templo de Debod, entre ellas cubrir el monumento. “Organizaremos un congreso internacional en 2023 con diversas organizaciones culturales y relacionadas con el patrimonio para consensuar los siguientes pasos a dar”, ha declarado. Asimismo, la presentación de este plan de conservación preventiva supone un “punto de inflexión en la estrategia de conservación, que deja un poco atrás la restauración para centrarse en la preservación”.

No será hasta el congreso internacional de 2023 cuando se consensúen las medidas a tomar

El Templo fue construido en la baja Nubia, en la región central del Nilo, en torno al siglo II a. C. Su periplo histórico ha estado repleto de reveses hasta que llegó a la capital española como reconocimiento por parte de Egipto de la implicación del país en la campaña de recuperación de patrimonio convocada por la UNESCO. Fue donado en 1968 e instalado en su actual ubicación cuatro años más tarde, por lo que el Templo de Debod cumple 50 años entre los madrileños. Antes de todo aquello, el templo se clausuró en el siglo VII y permaneció en el olvido más de 11 siglos. Además, en la primera década del siglo XX quedó sumergido bajo las aguas de la presa de Asuán durante más de 50 años.

Esperar al consenso

Han sido siglos y siglos de afectaciones sobre unos restos arqueológicos de incalculable valor que ahora se encuentran en “un estado de conservación adecuados, únicamente afectados por las patologías propias de cualquier bien cultural expuesto a la climatología de la ciudad”, en palabras de Lafuente. Él mismo sostiene que no será hasta el congreso internacional de 2023 cuando se consensúen las medidas a tomar para su plena conservación, por lo que “no se descarta nada, aunque el estudio refleje que el conjunto patrimonial no corre ningún peligro inminente”, ha puntualizado.

Castillo, por su parte, ha recordado que el templo está declarado como bien de interés cultural desde 2008, así como otras fechas reseñables: en 2016 se empezó con la monitorización e investigación a través de georradar, en 2018 se realizaron las primeras jornadas técnicas sobre el monumento y en 2021 comenzaron los estudios científicos para mejorar el conocimiento sobre el Templo de Debod. “Los resultados se basan en el análisis de 206 puntos establecidos, 38 nodos y más de 15 parámetros como temperatura, humedad y calidad del aire”, ha agregado el experto.

Foto: Templo de Debod. (Reuters)

“Las recomendaciones se basan en intervenir lo mínimo necesario para garantizar la conservación del bien monumental, con objeto de preservarlo y en un estado lo más próximo posible al original, y minimizar los riesgos que comporta toda modificación derivada de cualquier actuación”, ha concluido Castillo. Mario Tena, integrante también de la fundación como coordinador de Patrimonio e I+D+i, ha recalcado que la prioridad es “compatibilizar recursos, uso y disfrute, y conservación”.

Digitalización de la conservación

Así pues, el plan presentado gira en torno a una herramienta que han confeccionado desde la entidad llamada PCP Debod. “Los gestores tienen acceso a un panel de control, repositorio de conocimiento, calendario de acciones de conservación e inventario digital”, ha explicado. En total, han digitalizado más de 3.800 elementos fácilmente consultables en la aplicación, de la que se desgranan hasta 90 riesgos de distintos “potenciales”, tal y como ha apuntado el propio Tena.

Los dos niveles sobre los que han trabajado conciernen a la Administración competente en la gestión y las decisiones que de ella se puedan derivar y otro más material, centrado en el conjunto de acciones de uso y mantenimiento que habrá que seguir realizando de manera continua en el enclave histórico. “Hemos ubicado hasta 60 nuevas acciones de conservación, y cada una de ellas tiene en consideración el elemento sobre el que se aplicarán, con prescripciones, precauciones y prohibiciones concretas”, ha indicado el coordinador de Patrimonio de la Fundación.

De esta forma, la nueva herramienta que digitaliza el estado de conservación del Templo de Debod también ayuda a minimizar los riesgos comunes a otros lugares históricos, a ahorrar recursos debido a la optimización de las acciones de conservación y a mejorar la calidad y la experiencia de los visitantes.

El milenario y egipcio Templo de Debod, ubicado en el madrileño Cuartel de la Montaña, no sufrirá grandes transformaciones en cuanto a lo que a preservación se refiere en el plazo inmediato. Varios años de intenso estudio científico así lo corroboran, pues el enclave “no está afectado con patologías que presenten motivos de preocupación inmediata”, tal y como ha afirmado Jesús Castillo, director del Departamento de Conservación del Patrimonio de la Fundación Santa María la Real, entidad responsable del análisis presentado este lunes. De esta forma, parece que todo se queda en la elaboración de un amplio plan de conservación preventiva que, al menos hasta 2023, no se materializará en ninguna intervención importante en el conjunto.

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