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Seis horas de búsqueda y dos muertos en la explosión: "Uno siempre venía a desayunar al bar"
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Explosión del barrio salamanca

Seis horas de búsqueda y dos muertos en la explosión: "Uno siempre venía a desayunar al bar"

El alcalde de Madrid ha confirmado el fallecimiento de dos operarios. Los Bomberos seguirán trabajando a lo largo del fin de semana, ya que el edificio "tiene riesgo de derrumbe"

Foto: Explosión en el Barrio de Salamanca. (Alejandro Martínez Vélez)
Explosión en el Barrio de Salamanca. (Alejandro Martínez Vélez)

Tras seis horas de intensa búsqueda, los Bomberos de Madrid confirmaron el fallecimiento de los dos operarios desaparecidos en la explosión del edificio de la calle General Pardiñas 35. Ambos trabajaban en las obras menores de la tercera planta y todo apunta a que bajaron al sótano porque detectaron un fuerte olor a gas. Las labores de rescate eran complicadas: no podían utilizar maquinaria pesada y tuvieron que recurrir a sus propias manos para despejar los escombros.

"Descafeinado de máquina, con leche muy caliente y una porra". Antonio, alias 'el Titi', es el dueño del bar Naia de la calle General Díaz Porlier, a menos de 150 metros del edificio donde se produjo la explosión, relata el desayuno que le pedía el fallecido de 27 años cada mañana. Era hondureño, padre de dos hijos y un cliente habitual de su local desde que empezó la obra en la que estaba trabajando cuando se produjo el accidente. "Venía todos los días y pedía siempre lo mismo, me lo sé de memoria. Es una pena, eran los dos unos chavales. Uno de ellos [el joven de 21 años] llevaba menos tiempo y era fontanero".

[Álbum | Consulte las imágenes de la explosión en el barrio de Salamanca]

En esa misma taberna en la que a las 7:30 de la tarde seis vecinos tomaban unas cervezas, este mediodía presenció el horror. 'El Titi' notó en torno a la 13:10 como le temblaba la mano al tirar una caña del grifo, como nunca lo había hecho, en los más de 20 años que lleva el bar abierto. Levantó la vista y vio que tiritaban las paredes. Salió corriendo calle abajo en General Pardiñas y a la altura del número 35 se topó con el desastre. Había mucho polvo, cristales, cascotes por el suelo y decenas de coches destrozados. Fue de las primeras personas en llegar y atender a los vecinos que iban bajando del edificio.

Por entonces desconocía que quienes acudían a desayunar cada mañana a su bar habían corrido la peor de las suertes. Los fallecidos son dos operarios que trabajaban en una obra menor en la tercera planta. Y tras seis horas de tediosa búsqueda —sin poder utilizar maquinaria pesada y recurriendo a las manos— entre escombros, los Bomberos del Ayuntamiento de Madrid confirmaron el hallazgo de los dos cuerpos sin vida. Según informó el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, fueron localizados en el patio de un sótano al que habían bajado los operarios para cerrar la llave del gas tras detectar un fuerte olor.

Los familiares de las víctimas recibieron atención psicológica del Samur Social. Además, 18 personas resultaron heridas en el incidente. Una de ellas era la empleada de la tienda de colchones del bajo del edificio afectado. "La onda expansiva, que vino desde el patio, la tiró hacia delante y se dio un golpe en la cabeza", aseguró el dueño del negocio —que ha quedado "totalmente destrozado"— mientras bebía una cerveza en el bar de 'El Titi'. La mujer se encuentra estable y no ha tenido que ingresar en el Hospital. 10 de los heridos fueron atendidos en el acto, y dos de los cinco que ingresaron en los centros hospitalarios ya han recibido el alta. Uno de los afectados continúa en estado grave en el Hospital de La Princesa.

placeholder David y Alba sentados en un bordillo. (A.F.)
David y Alba sentados en un bordillo. (A.F.)

Si bien los edificios cercanos no han sufrido grandes daños, todos fueron desalojados por precaución. David, Alba y Elena son tres de los vecinos afectados que salieron con lo puesto —en chanclas y con algún aparato tecnológico— de la calle Ayala 78, a escasos metros de la explosión. El estruendo pilló al joven de 25 años trabajando en el salón de su casa. "Empezó a entrar mucho humo y fui corriendo a buscar a mi novia (Alba) que estaba en la habitación estudiando. Al principio nos asustamos porque no podíamos respirar bien", apunta. No podrán volver por el momento a sus casas por seguridad, como tampoco lo harán los vecinos de los números 33 y 36 de la calle General Pardiñas. Por su parte, el delegado de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento de Madrid, Mariano Fuentes, declaró que el edificio tiene un "serio riesgo de derrumbe".

Con el paso de las horas, cada vez se iban acumulando más medios de comunicación.

Foto: Explosión en el barrio de Salamanca. (Alejandro Martínez Vélez)

También hubo quienes se encontraban en sus puestos de trabajo en el momento del accidente. Los empleados del Laboratorio Analiza, en la esquina de la calle Ayala, trataron de salir a la calle cuando escucharon la explosión. Poco después, la Policía Nacional les ordenó que volviesen al edificio. Unas horas más tarde seguían dentro de la clínica. Irene, técnica del centro de 25 años, se comunicaba con El Confidencial desde el otro lado del cristal. "Después del susto que nos hemos dado, nosotras por suerte nos encontramos todas bien".

El suceso también desató el pánico en el Colegio Nuestra Señora de Loreto, a escasos doscientos metros del edificio accidentado. Lucía Dumont estaba haciendo un examen de Economía de cuarto de la ESO cuando notó que temblaba el suelo. "Se rompieron incluso las ventanas y hemos salido de clase corriendo", apuntaba la joven de quince años. Tres horas después de la explosión, continuaba muy nerviosa e intentando contactar con su padre por WhatsApp. También le sorprendió que le hubieran entrevistado en inglés para un canal en Reino Unido. "Sigo con ansiedad, qué situación tan extraña". Explicaba que los alumnos más pequeños se encontraban en el patio en ese momento. Uno de ellos, de apenas siete años, relató lo sucedido a su abuela por teléfono. "La onda expansiva me echó para atrás y me he caído al suelo", dijo gesticulando.

placeholder Lucía Dumont a las puertas del colegio. (A.F.)
Lucía Dumont a las puertas del colegio. (A.F.)

Bomberos Madrid informó de que la hipótesis principal apunta que la explosión se produjo por un escape de gas. Uno de ellos se mostraba agotado. Explicó como al principio pensaban que podía ser un incendio, pero cuando llegaron al lugar de los hechos se encontraron con el edificio lleno de escombros y vecinos como Antonio interviniendo directamente con los heridos. Al tratarse de un accidente laboral, la investigación la lleva a cabo la Unidad de Policía Judicial de Policía Municipal de Madrid.

Al lugar de la explosión también se desplazaron la delegada del Gobierno en la Comunidad de Madrid, Mercedes González, la presidenta, Isabel Díaz Ayuso, y la vicealcaldesa, Begoña Villacís, que se reunió con las familias de los operarios durante las horas de la búsqueda. "Es una desgracia, lo siento muchísimo por ellos", ha declarado Begoña Villacís una vez conocido el fatal desenlace.

El edificio afectado se ubica en pleno barrio de Salamanca de Madrid. Le rodean bares como el de 'El Titi', colegios como el de Lucía y comercios como el de Juan, el dueño del estanco de la calle Ayala con Díaz Porlier. Recela de todos los que acercaron al lugar de los hechos en el momento de la explosión y se ponen la medalla. Entiende que es lo mínimo que hay que hacer cuando ocurren estas cosas, pero lo que más critica es que "de todos los que estábamos allí, el 90% estaba grabando". Se hace entender sin decir más palabras, niega declaraciones a la prensa y manda a los interesados a curiosear al bar de 'El Titi'.

Tras seis horas de intensa búsqueda, los Bomberos de Madrid confirmaron el fallecimiento de los dos operarios desaparecidos en la explosión del edificio de la calle General Pardiñas 35. Ambos trabajaban en las obras menores de la tercera planta y todo apunta a que bajaron al sótano porque detectaron un fuerte olor a gas. Las labores de rescate eran complicadas: no podían utilizar maquinaria pesada y tuvieron que recurrir a sus propias manos para despejar los escombros.

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