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Dos de mayo: un día de fiesta entre la pompa de la historia y la escapada a la playa
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FRUTO DEL CONSENSO POLÍTICO

Dos de mayo: un día de fiesta entre la pompa de la historia y la escapada a la playa

La Comunidad celebra su fiesta en honor a aquellos madrileños que en 1808 se levantaron contra el invasor francés. Es una seña de identidad como el escudo, la bandera o un himno que pocos conocen

Foto: Los fusilamientos del 3 de mayo, de Francisco de Goya.
Los fusilamientos del 3 de mayo, de Francisco de Goya.

“Es parte insoslayable en el proceso de totalidad de la autonomía política madrileña, la institucionalización, bien como simple incorporación de comunes experiencias históricas o bien mediante su nuevo acuñamiento, de una festividad que sirva de aglutinante a los ciudadanos de la Comunidad de Madrid”. La prosa de las leyes es lo que tiene. Pero el significado queda (más o menos) claro. Lo que la Ley 8/1984, de 25 de abril, viene a decir es que los legisladores madrileños consideraron indispensable que la Comunidad tuviese un día de fiesta. Una seña de identidad como el escudo, la bandera o ese himno con letra irónica de Agustín García Calvo y música de Pablo Sorózabal que casi ningún habitante de la región sería capaz de tararear. (Atentos, por tanto, a este dos de mayo; es una de las pocas ocasiones en las que se podrá escuchar).

Foto: El barrio de Malasaña decorado por la festividad del 2 de mayo. (EFE/Kiko Huesca)

¿Por qué el dos de mayo? El levantamiento, tal día como aquel de 1808, contra el invasor francés es una efeméride que, según la ley, “ocupa un lugar de honor”. “Ese día el pueblo de Madrid cobró un protagonismo decisivo en la historia, en la defensa de la Nación española. En esta fecha también, desde Móstoles, se lanzó por primera vez el llamamiento "a los españoles" para que acudiesen a salvar su Nación. Este día debe cobrar en el devenir histórico inmediato una importancia decisiva en la vida de los madrileños, como símbolo del derecho de autogobierno”.

El primer presidente de la Comunidad, Joaquín Leguina, defiende a día de hoy este recuerdo a la “heroicidad de los madrileños”. El papel de Móstoles no es baladí. Como recuerda Manuel Rico Rego, diputado del Partido Comunista de España (PCE) en la primera Asamblea de Madrid, el levantamiento de 1808 tuvo un protagonista más allá de la ciudad que es capital, lo que la sitúa como una efeméride “regional” y no sólo circunscrita a la gran urbe. “Era necesario encontrar una fecha que vinculara a la Comunidad de Madrid con la historia y fuera reconocible por sus habitantes. No teníamos lengua propia ni había una tradición reivindicativa, incluso hubo dudas, a principios de los 80, sobre su identidad”, subraya.

La de 1983-1987 fue la legislatura en la que se construyó la identidad de Madrid como comunidad autónoma. El grupo socialista de Leguina tenía mayoría absoluta (51 de 94 escaños). En la oposición, sólo Coalición Popular (integrada por Alianza Popular, Partido Demócrata Popular y Unión Liberal), con 34 y el PCE con 9. El consenso era más fácil de encontrar entonces, en San Bernardo, que hoy, en Vallecas. De ahí que ninguno de sus integrantes consultados recuerde gresca sobre si se debía elegir otro hito para inspirar la festividad de la Comunidad. “Hubo acuerdo y armonía”, rememora Leguina. Juan Antonio Gómez-Angulo, entonces diputado treintañero de la Coalición Popular, sí recuerda que su grupo impuso que la corona real presidiera el escudo, diseñado por Cruz Novillo bajo las indicaciones precisas de Santiago Amón. “Eran asuntos que había que consensuar obligatoriamente”, apunta Rico.

Foto: Foto de archivo de concentración convocada en Toledo por UGT y CCOO

Pero a nadie escapa que elegir el dos de mayo implicaba convertir el quinto mes, a poco que se tenga suerte con el reparto de los días de la semana, en un cúmulo de fiestas. La festividad del 1 de mayo implica que el madrileño afronte dos días feriados consecutivos, con el efecto que eso puede tener si caen en jueves o viernes o lunes y martes. “Así son las cosas”, resume con resignación Joaquín Leguina. “En todo caso, fue una buena noticia para los vecinos y para los trabajadores. En aquellos años, los 1 de mayo eran auténticas fiestas de celebración de la libertad y de los derechos de los trabajadores. Que hubiera una fiesta añadida era un regalo. De la Comunidad y de los partidos representados en la Asamblea”, afirma Rico. Gómez-Angulo recuerda que también estaba encima de la mesa la proximidad con el patrón de Madrid capital, San Isidro (15 de mayo). “Los de los dos días consecutivos no pesó en absoluto”, añade.

Foto: Varias chulapas visitan la ermita de San Isidro en 2021. (EFE/Luca Pergiovanni)

Las prisas de aquel primer año impidieron que el dos de mayo de 1984 fuese festivo. Aún así, la Comunidad echó el resto en conmemoraciones. “No sólo es un hecho real la sublevación de unos patriotas en esta plaza, sino que ello justifica el comienzo de la contemporaneidad en España. Recordemos a esos vecinos de Madrid que dijeron al mundo: alzaos contra el tirano porque el mundo tiene derecho a la libertad. Gloria impar a ellos”, proclamó el alcalde Enrique Tierno-Galván. La Retreta militar, compuesta por alrededor de 400 efectivos de Guardia Civil, Guardia Real y distintos cuerpos del Ejército, fue recibida con abucheos por parte de alrededor de un centenar de personas presentes en la plaza del Dos de Mayo de Madrid, según la crónica de ABC. El mismo periódico da cuenta del caos circulatorio desatado a raíz de la ofrenda floral en la Plaza de la Lealtad. Cosas de los laborables.

El éxodo madrileño que se produce en estas fechas siembra algunas dudas sobre el grado de identificación de los vecinos con su fiesta. “Creo que lo perciben como un día más de descanso, o como una oportunidad para viajar, o para añadir un puente al calendario laboral”, sostiene Manuel Rico Rego. Leguina es más optimista, y cree que en estos 38 años ese sentimiento sí ha crecido. “Desde luego la festividad de la comunidad en Madrid no tiene el arraigo de otras fiestas autonómicas en España”, reconoce sin ambages Gómez-Angulo. “Baste decir que la mayoría de los madrileños desconoce la existencia del cementerio de la Florida, donde reposan los restos de algunos héroes del dos de mayo. Por cierto, un lugar decadente y bello de la ciudad de Madrid”.

“Es parte insoslayable en el proceso de totalidad de la autonomía política madrileña, la institucionalización, bien como simple incorporación de comunes experiencias históricas o bien mediante su nuevo acuñamiento, de una festividad que sirva de aglutinante a los ciudadanos de la Comunidad de Madrid”. La prosa de las leyes es lo que tiene. Pero el significado queda (más o menos) claro. Lo que la Ley 8/1984, de 25 de abril, viene a decir es que los legisladores madrileños consideraron indispensable que la Comunidad tuviese un día de fiesta. Una seña de identidad como el escudo, la bandera o ese himno con letra irónica de Agustín García Calvo y música de Pablo Sorózabal que casi ningún habitante de la región sería capaz de tararear. (Atentos, por tanto, a este dos de mayo; es una de las pocas ocasiones en las que se podrá escuchar).

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