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Una niña tutelada: “Pasar por delante de la habitación de los chicos era jugar a Jumanji”
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Una niña tutelada: “Pasar por delante de la habitación de los chicos era jugar a Jumanji”

Así viven las jóvenes que están bajo la tutela de la Comunidad de Madrid en los centros de acogida

Foto: Centro de menores de Primera Acogida de Hortaleza, en Madrid. (Google Maps)
Centro de menores de Primera Acogida de Hortaleza, en Madrid. (Google Maps)

María, de 17 años, tenía miedo de los hombres que mataron a su padre. Temiendo por su vida, un amigo de su padre le compró un billete para sacarla del país. Sus instrucciones fueron claras: “Te bajas en la primera escala que haga el avión y, apenas llegues al aeropuerto, rompes el pasaporte”.

María obedeció. Nada más pisar Madrid, se encerró en un baño y dejó hecha añicos su documentación. Acto seguido, se acercó a un policía y le contó su historia. Le dijo que era menor de edad y que no tenía dónde ir. Hacerlo le dio la oportunidad de salvar su vida y empezar de nuevo. El suyo no es un caso único: “uno de cada cuatro extranjeros sin papeles entró por Barajas o El Prat con un pasaporte y se quedó a vivir”, según el informe Crecer sin Papeles de la Fundación Por Causa de 2019.

Foto: Agentes de Policía Nacional en Madrid. (EFE/Summa)

Después de infinidad de trámites. Toneladas de burocracia y un sinfín de horas de espera, los agentes llevaron a María al centro de primera acogida de Hortaleza, un centro público que se encarga de niñas y niños mayores de 14 años que, por unos motivos u otros, son tutelados por la Comunidad de Madrid. Desde Marzo hasta junio del 2021 vivió en este centro.

Es el mismo centro por donde pasaron, según la Policía Nacional, algunas de las cinco niñas tuteladas por la Comunidad de Madrid que fueron explotadas y obligadas a prostituirse en la capital durante meses.

Ellas, como María, estaban tuteladas por el gobierno autonómico, y el centro de acogida en teoría era su casa y el lugar en donde debían estar protegidas. La Policía detuvo a finales de noviembre a 37 adultos acusados de explotar al menos a 10 menores en situación de vulnerabilidad dentro del marco de la operación Sana.

Foto: Foto: Policía Nacional.

Emilia Lozano, de 69 años, se dedica desde el 2019 a ayudar a menores que buscan ayuda desde la asociación Somos Acogida. Allí han dado hogar a mujeres como María, que después de estar tres meses en Hortaleza decidió irse con Lozano. Hoy, casi forma parte de su familia. Para Lozano, los centros de acogida de la Comunidad de Madrid “son como campos de concentración”, dice por teléfono.

Lozano explica que la situación dentro de estos centros ha empeorado mucho durante este último año. “Los vigilantes les dan de palos, les esconden los móviles, no les dan abrigos para el frío y, si se portan mal, los mandan a dormir al jardín”, denuncia.

1.451 menores viven en los 102 centros con los que cuenta la Comunidad de Madrid

Recuerda que hace dos meses una niña de 16 años fue acosada por un chico dentro del centro. Como castigo por defenderse, recuerda, la mandaron a dormir al jardín durante tres días. “Me tocó llamar a la policía para que la dejaran volver a entrar. En teoría, esa es su casa”, explica.

La Comunidad de Madrid tiene 3.714 menores con medidas de protección asumidas por la Comunidad. El 60% de ellos, 2.263, se encuentran en distintas modalidades de acogimiento familiar. El resto, 1.451 menores, viven en los 102 centros con los que cuenta la Comunidad de Madrid, que disponen de 1.880 plazas. Estos se mantienen gracias a los presupuestos autonómicos, que para este 2022 les han asignado 115 millones de euros.

En el centro de Hortaleza hay en este momento, según sus trabajadores, alrededor de 50 jóvenes. De ellos, una decena son niñas. “Usualmente, las mujeres en los centros de acogida son minoría”, explica Lozano. “Estos sitios tienen como único criterio separar unos menores de otros en base a la edad. Si eres menor de 14 años vas a uno y si eres mayor de 14 vas al otro. Simple, es lo que hay, no hay más recursos”, explica Julia, una menor extutelada por la Comunidad de Madrid que vivió dos años en Hortaleza.

Foto: Decenas de vecinos de Hortaleza se concentraron en noviembre frente a la Residencia de Primera Acogida de Hortaleza, para protestar contra la inseguridad en el barrio, ante una gran presencia policial. (Efe)

En Hortaleza, las mujeres duermen en la planta de arriba y los hombres en las dos de abajo. Están separados en casi todo momento. Por la mañana, después de desayunar, van a clases, y por la tarde tienen la opción de salir del centro o de estar encerrados en su habitación. “El llegar a estos lugares ya con traumas es lo peor que te puede pasar porque el ambiente no te ayuda a recuperarte. Un chaval de ahí dentro de 14 años sabe más de drogas que nadie”, dice Julia.

Cuando ella llegó, le hicieron un exhaustivo reconocimiento médico en donde, según cuenta, los médicos hicieron un repaso completo de su historia clínica. Después, le asignaron una habitación con ocho camas que compartía con otras chicas de diferentes nacionalidades. “Ahí había de todo: chicas acosadas, mujeres rescatadas de prostíbulos y víctimas de trata. Cada una con nuestro trauma intentamos apoyarnos, pero las diferencias culturales y de idioma lo hacían muy difícil”, explica Julia.

Uno de sus mayores miedos dentro del centro, relata Julia, era el servicio de seguridad. “Eran hombres de 20 años vigilando a niñas de 14. Ahí pasaban muchas cosas, algunas consentidas y otras sin consentimiento. Ellos tenían todo el poder, así que en realidad a muchos les daba igual si era consentido o no”, relata una usuaria del blog Meneáme en su entrada titulada: Como es ser menor tutelada por la Comunidad de Madrid.

Un trabajador del centro cuenta que hay mucha segregación entre hombres y mujeres

Para ella, que llegó al centro muy afectada por todo lo que le había pasado, era difícil hablar. Por otra parte, tenía claro que pasar por los cuartos de los chicos a partir de ciertas horas era un peligro: “Pasar por delante era jugar a Jumanji”, dice en alusión al juego de mesa que, en la conocida película protagonizada por Robbie Williams, tiene poder para provocar todo tipo de situaciones: ninguna buena.

Relacionarse con los chicos en ese ambiente era, a ojos de Julia, un juego que podía acabar de cualquier manera: “Muchas salieron con novio. Otras fueron agredidas, y algunas acabaron siendo agresoras”, recuerda.

Un trabajador del centro cuenta que hay mucha segregación entre hombres y mujeres. “Estamos hasta arriba, no tenemos tiempo de poder trabajar las relaciones entre ellos. Es necesario que estos chicos puedan aprender sobre su cuerpo, su sexualidad y cómo deben relaciones con el sexo opuesto”, afirma. Además, como en estos centros se trabaja desde la libertad y la autonomía, muchas veces los niños se van y el personal está tan saturado que es muy difícil saber dónde están, muchas veces ni se denuncia”, dice.

La Comunidad de Madrid defiende que el trabajo que se realiza en estos centros es de total normalidad

"Los menores necesitan un entorno seguro. Los centros de menores en su mayoría superan su capacidad de acogida y en la Comunidad de Madrid las menores están desatendidas y con pocas opciones para elegir. Debería priorizarse el interés superior del menor a través de la desinstitucionalización y la acogida familiar”, afirma al respecto Lucila Rodríguez-Alarcón, directora de Fundación PorCausa.

Por su parte, desde la Comunidad de Madrid han defendido que el trabajo que se realiza en estos centros es de total normalidad y lo que quieren es "arrojar luz" sobre la situación de las menores prostituidas. “Todos los días conocemos información nueva porque el caso sigue abierto”, dicen fuentes de la Comunidad.

Desde los sindicatos denuncian por otra parte que los trabajadores de algunos centros de menores y pisos tutelados de la Comunidad de Madrid de gestión privada están al límite al tener que asumir sus funciones con una plantilla reducida a la mitad en muchos casos. Y esto ocurre, denuncia CCOO de Madrid, porque las bajas por contagios covid no se están sustituyendo. “Recientemente se han vivido situaciones insostenibles”, explica Isabel Galvín, secretaria general de la Federación de Enseñanza de CCOO de Madrid.

“El único criterio que se utiliza para decidir a dónde deben ir estos menores es si son mayores de 14 años o no”, denuncia Jacinto

Lozano explica que el peregrinaje que tienen que hacer estas mujeres desde que llegan a la policía hasta que pasan por Hortaleza y de ahí a pisos tutelados se puede convertir en un infierno para muchas. “El único criterio que se utiliza para decidir a dónde deben ir estos menores es si son mayores de 14 años o no”, denuncia Alejandra Jacinto, coportavoz de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid.

Algunas como María tienen la suerte de terminar en un hogar y poder estudiar. Una segunda oportunidad al cumplir la mayoría de edad. Por desgracia, este no es el común denominador. Para Jacinto, esta situación es demoledora. “La falta de recursos de la Comunidad de Madrid es evidente, los están condenando a una inseguridad vital permanente cambiando de centros de acogida. Esto solo pone de manifiesto que el modelo falla”, denuncia.

María, de 17 años, tenía miedo de los hombres que mataron a su padre. Temiendo por su vida, un amigo de su padre le compró un billete para sacarla del país. Sus instrucciones fueron claras: “Te bajas en la primera escala que haga el avión y, apenas llegues al aeropuerto, rompes el pasaporte”.

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