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Juicio del crimen de Cobeña: "Me ha gustado apuñalar, el cuchillo entraba como mantequilla"
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los presuntos asesinos eran menores

Juicio del crimen de Cobeña: "Me ha gustado apuñalar, el cuchillo entraba como mantequilla"

Esta semana se ha celebrado el juicio por el asesinato de un joven durante las fiestas de Cobeña en 2019. Hay dos acusados para los que piden ocho años de régimen cerrado

Foto: Un agente de la Guardia Civil en la investigación de un homicidio en Majadahonda, Madrid. (Getty/Pablo Blazquez)
Un agente de la Guardia Civil en la investigación de un homicidio en Majadahonda, Madrid. (Getty/Pablo Blazquez)

Ha pasado desapercibido, pero esta semana se ha celebrado en un Juzgado de Menores de Madrid la vista oral por el asesinato de un joven en la localidad de Cobeña. La víctima se llamaba Alejandro Bartolomé, de 21 años. Un chaval generoso, honesto y luchador. También un brillante estudiante de Historia que cursaba estudios en el Reino Unido. Sin darse cuenta, sin haber hecho nada, de repente recibió dos puñaladas que lo dejaron tendido en el suelo. Los servicios médicos solo pudieron constatar su muerte.

En el banquillo de los acusados se han sentado dos jóvenes que eran pareja, Luciana, que tenía 16 años entonces, y Adel, que por 25 días no había cumplido los 18 y, por tanto, se le ha juzgado como a un menor. Para ambos, el fiscal y la acusación particular han pedido ocho años de internamiento en régimen cerrado. Se da la paradoja de que Adel ahora mismo está comiendo barrotes en una prisión de forma provisional porque, ya cumplidos los 18, presuntamente asesinó a otro joven de nacionalidad china en la zona de Moncloa, en Madrid capital. Actualmente, tiene 20 años y, de ser condenado, no está muy claro dónde cumpliría la pena, ni siquiera si el crimen de Cobeña le podría salir gratis. Luciana, su novia, le acompañaba también en el crimen de Moncloa.

Ella, sin embargo, como seguía siendo menor en este asesinato, se reconoció culpable y llegó a un acuerdo con la Fiscalía en su condena: seis años de régimen cerrado. En el asesinato de Cobeña no ha habido acuerdo.

Foto: El SAMUR atiende a un joven de 18 años que presenta 4 heridas por arma blanca en espalda. (Emergencias Madrid)

El juicio quedó visto para sentencia este viernes. Los hechos se remontan al 1 de mayo de 2019. Una multitud se congregó en la plaza del pueblo. Eran las fiestas y la música sonaba a todo volumen. Durante la madrugada hubo varios conatos de bronca, pero no fueron a mayores. Sin embargo, a eso de las 4:00 horas de la mañana los vigilantes de seguridad decidieron echar a todo el mundo porque la situación se les iba de las manos. El 'DJ' dejó de pinchar y bajó del escenario. Coincidió la decisión con que una chica notó que le tocaban el culo y su móvil desaparecía. Se inició entonces una reyerta de enormes dimensiones, que se fue desplazando a las calles de la localidad, en las que los del pueblo se pegaban contra los que habían venido de fuera. Los puñetazos, las patadas y las botellas volaban. Una testigo explica: "Vi a Adel apuñalar en un costado a un joven. Empezó a sangrar mucho". Otro asegura: "Adel agarró a un chico por la espalda y le dio instrucciones a Luciana para que le diese un tajo, le dijo que tirase para arriba".

La sangre y los gritos hicieron que las calles se vaciasen a toda velocidad. Solo quedaron la sangre y la víctima en el suelo. Adel, Luciana y su grupo, que venían de Madrid, se alejaron todo lo que pudieron del centro de la localidad. Luciana, según alguno de sus amigos, comentó ufana a sus amigos: "He apuñalado a un chico alto. Le di así en el abdomen y el costado. Te juro que entraba como si fuera mantequilla. Me ha gustado. Me gustaría volver a probarlo". En el juicio ha negado haber pronunciado esa frase, pero dos testigos aseguran que la escucharon. Adel se sumó al alarde: "Yo le he metido a cuatro personas. A uno le he agarrado por la espalda y le he dado un navajazo en el abdomen".

Foto: Un coche de la Guardia Civil en una foto de archivo. (EFE)

Cerca de unos chalés llamaron a dos Uber para que los llevasen de regreso a Madrid. Al día siguiente, al saber que había un fallecido, Adel y Luciana convocan a sus amigos por WhatsApp a una reunión. Se celebra en un parque. Adel y Luciana llegan en moto. Ella se ha cambiado el color del pelo para que no la reconozcan. Antes pelirroja, ahora morena. "Por si alguien me vio, que no me pueda reconocer", les explicó.

Empezaron a hablar de lo sucedido. Todos habían visto las noticias y conocían el resultado. "No habléis conmigo ni entre vosotros ni por redes sociales, tampoco a través del grupo de WhatsApp y tampoco habléis del tema con un teléfono móvil por si los pinchan", les advirtió Adel. Luciana insistió: "No se os ocurra delatarnos, a ninguno. Si queréis hablamos del tema de forma camuflada en el grupo, pero, en vez de escribir 'Cobeña', poned 'coñazo' y así sabemos todos de lo que hablamos".

Con el tiempo, y como no llegaban las detenciones, Adel y Luciana se fueron relajando y reconocieron de forma abierta en el grupo de WhatsApp que ellos eran los asesinos. Lo que no sabían es que el Grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Madrid les seguía la pista y, cuando reunieron las pruebas que sustentasen una condena, les puso los grilletes a todos. El viernes, el juicio quedó visto para sentencia.

Ha pasado desapercibido, pero esta semana se ha celebrado en un Juzgado de Menores de Madrid la vista oral por el asesinato de un joven en la localidad de Cobeña. La víctima se llamaba Alejandro Bartolomé, de 21 años. Un chaval generoso, honesto y luchador. También un brillante estudiante de Historia que cursaba estudios en el Reino Unido. Sin darse cuenta, sin haber hecho nada, de repente recibió dos puñaladas que lo dejaron tendido en el suelo. Los servicios médicos solo pudieron constatar su muerte.

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