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Vivir sobre un vertedero (o un cementerio) en Madrid
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Vivir sobre un vertedero (o un cementerio) en Madrid

Hace 30 años no se procesaban como ahora. Antes se barría debajo de la alfombra y a los vertederos iba a parar casi todo

Foto: El vertedero de Valdemingómez, al sur de Madrid (Efe)
El vertedero de Valdemingómez, al sur de Madrid (Efe)

En el Madrid de principios de S.XX, la capital tenía en el Parque del Buen Retiro, el ensanche del actual Barrio de Salamanca, Cuatro Caminos y el Hipódromo, la Casa de Campo y en las estaciones de tren de Mediodía (actual Atocha) y Delicias sus principales límites geográficos. Los mataderos del sur y los terrenos de la futura plaza de toros de Las Ventas y del estadio Santiago Bernabéu eran todavía zarzales lejos de urbanizar. Hace 100 años, la ciudad ya había integrado en sus nuevas calles cementerios como el de Vallerhermoso, junto a la calle Bravo Murillo, o el de Paseo de Yeseros (actual Méndez Álvaro, junto a la estación de Atocha).

Las calles de Arapiles se construyeron sobre el histórico y descomunal Cementerio General del Norte. Reciclados y reutilizados esos terrenos, hoy vivimos sobre lugares de descanso eterno. Menos truculenta es la imagen que podemos tener del runner que realiza sus entrenamientos en zonas verdes como las del Parque Lineal del Manzanares o en el Tierno Galván - Planetario. Mejora sus series y marcas personales sobre antiguos vertederos y escombreras. Las ciudades necesitan expandirse y, con el paso de las décadas, se ocupan zonas pensadas inicialmente para otros servicios de los ciudadanos. Hoy recilamos los restos orgánicos (cubo marrón), los envases (cubo amarillo), el papel (cubo azul), el vidrio (cubo verde) y el resto de basuras residenciales no voluminosas que no coincide con los supuestos anteriores (cubo naranja). Hace 100 años, no. ¿En qué nos diferenciamos de un siglo a otro? Hace un siglo, el volumen de basuras era mínimo porque todo se reutilizaba (sin aplicar como conocemos hoy este concepto de la economía circular). “Lo que no comíamos se lo dábamos a los animales, que luego nos comíamos.

Por tanto, antes no existía el nivel de residuos de hoy en día”, explica Miguel Ángel Ajuriaguerra Escudero, arquitecto, urbanista y profesor de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. ¿Qué dirán de nosotros los historiadores que dentro de 500 años desentierren nuestras basuras? Como poco, que enloquecimos. “Hemos creado una sociedad basada en la cultura de la basura, de los desperdicios. Basura que se hacina en todos los rincones”. Lo denunciaba Félix Rodríguez de la Fuente en 1972. Cuando los historiadores nos estudien con perspectiva, dirán de nosotros que “fuimos una sociedad de mierda”. Literal, porque se ha cimentado, como estudia el profesor Ajuriaguerra, “en el concepto de usar y tirar, con el peligro de agotar los recursos del planeta, que son finitos, y no poder gestionar la cantidad de residuos generados”.

Foto: Cigüeñas en un vertedero a las afueras de Madrid (Javier de la Fuente/Seo BirdLife)

Esos residuos, hace 30 años, no se procesaban como ahora. Antes se barría debajo de la alfombra y a los vertederos iba a parar casi todo, sin orden ni concierto. En el antiguo Cerro de la Plata se levanta el Parque de Tierno Galván que “oculta e inerta residuos industriales y la carbonilla generada por la actividad ferroviaria del sur de la capital”. Otro ejemplo muy interesante es la creación del barrio de Zofío, “un ejemplo de reordenación urbana -explica Ajuriaguerra- porque es el fruto del desmantelamiento de un poblado chabolista”.

El Cerro del Tío Pío, en Vallecas, también conocido como el “Parque de las Tetas”, es otro de los ejemplos de reciclaje y reconversión de Madrid. “Esta zona verde y uno de los mejores miradores del “skyline” de la capital oculta la escombrera generada tras la desmantelación de otro poblado chabolista”. Para Miguel Ángel Ajuriaguerra la estrella de estos procesos de reconversión urbanística es el Parque Lineal del Manzanares, “un espacio dotacional, de calidad”, edificado sobre otro antiguo vertedero y sobre restos de un poblado de carpetanos.

Ajuriaguerra considera que “los retos urbanísticos del S.XXI pasan por asumir las erres de la economía circular en el desarrollo de las ciudades. Hay que asimilar la gestión de los residuos sólidos urbanos y, sobre todo, reducir la cantidad de desperdicios. Hay que reeducar a la sociedad porque las ciudades, como el planeta, no tienen recursos infinitos. En las próximas décadas, Madrid debe aplicar las cuatro erres (reducir, reciclar, reutilizar y recuperar) en la transformación de barrios obsoletos”. Desdeñar y dar la espalda a zonas de escombreras y vertederos es un error, porque permiten la regeneración de zonas deprimidas y aumentar la capacidad de crecimiento de las ciudades, que pueden ser ejemplo de economía circular.

En el Madrid de principios de S.XX, la capital tenía en el Parque del Buen Retiro, el ensanche del actual Barrio de Salamanca, Cuatro Caminos y el Hipódromo, la Casa de Campo y en las estaciones de tren de Mediodía (actual Atocha) y Delicias sus principales límites geográficos. Los mataderos del sur y los terrenos de la futura plaza de toros de Las Ventas y del estadio Santiago Bernabéu eran todavía zarzales lejos de urbanizar. Hace 100 años, la ciudad ya había integrado en sus nuevas calles cementerios como el de Vallerhermoso, junto a la calle Bravo Murillo, o el de Paseo de Yeseros (actual Méndez Álvaro, junto a la estación de Atocha).

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