La nueva ley 'del suspenso' puede dejar a 5.000 docentes en el paro
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"no van a contratar nuestros servicios"

La nueva ley 'del suspenso' puede dejar a 5.000 docentes en el paro

El profesorado de apoyo se siente perjudicado por la reforma educativa que aprobó el Gobierno y que suprime los exámenes de recuperación para los alumnos de la E.S.O.

Foto: La ministra de Educación y Formación profesional, Pilar Alegría. (EFE/Javier Lizón)
La ministra de Educación y Formación profesional, Pilar Alegría. (EFE/Javier Lizón)

El Gobierno ha argumentado su nueva polémica reforma asegurando que en España existe una “presión enorme en la sociedad”. El Ejecutivo considera que dejar a alumnos atrás repitiendo curso solo crea desigualdades y complejos en los jóvenes que suspenden porque se creen inferiores que sus compañeros. Sí, hablamos de la nueva Ley de Educación que propuso el Ministerio encabezado por Pilar Alegría y que refrendó el Congreso de los Diputados hace poco más de diez días. Con esta nueva reforma se eliminan los exámenes de recuperación de junio y septiembre en la E.S.O., los alumnos de primero de Bachillerato podrán pasar a segundo curso con dos asignaturas suspensas (aunque tendrán que volver a matricularse en esas materias) y los estudiantes de segundo de Bachillerato podrán presentarse al examen de Selectividad con un suspenso. Medidas que, además de crear controversia en la sociedad, dejan a un sector muy tocado. De nuevo. Como ocurre en cada reforma de la Ley Educativa.

“Ya lo pasamos mal cuando suprimieron la convocatoria de septiembre, perdimos la facturación de julio y agosto que suponía más de un 30 % de los ingresos”, aclara Antonio Barbeito, presidente de Ascade (Asociación de Academias de Enseñanza de Madrid) y propietario de la academia ‘Mundoestudiante’. “No te podría dar una cifra exacta de cuántas academias hay en la Comunidad de Madrid porque no todas están censadas pero calculo que seremos entre 400 y 600”, asegura Barbeito que se atreve a ponderar en “unos 10.000” los profesores particulares que trabajan “a jornada completa y los que son itinerantes, también llamados satélites”. Además, el verdadero drama, según citan desde Ascade, es que los alumnos “al poder pasar de curso con materias suspensas, no van a contratar nuestros servicios ni siquiera para aumentar su nivel de estudios porque la calidad del estudiante español también va a verse afectada”.

Foto: La ministra de Educación, Pilar Alegría, y su antecesora Isabel Celaá. (Reuters)

“Dicen que lo hacen porque otros países lo están implantando pero es que en España no existe esa cultura del conocimiento y del esfuerzo. Aquí se lleva la cultura del aprobado, simplemente”, lamenta Carlos Otto, director de la academia Nuevo Futuro. “A corto plazo va a ser una medida devastadora para el sector que seguro que va a costar puestos de trabajo, aunque soy optimista y espero que a largo plazo no nos afecte tanto. Los estudiantes se van a dejar matemáticas, la asignatura odiada por excelencia, pero es la base de la física y de la química y si pasan de curso al final tendrán que apuntarse a las academias de apoyo. Vendrán, más tarde, pero volverán”, confía Carlos.

Barbeito cifra “en unos 5.000 los profesores que pueden ver peligrar su puesto de trabajo” y reconoce que el golpe sería doble. “Hay algunas academias de la Comunidad de Madrid que llevan dando clase más de 50 años, es decir, es un sector con solera. De hecho, muchos de los profesores que acaban en colegios encuentran su primer empleo en las clases particulares”, afirma. Otto, incluso, va más allá. “Ya lo pasamos mal con el confinamiento. Nosotros hicimos un esfuerzo enorme por reinventarnos, por poder ofrecer nuestros servicios ‘online’ pero, de repente, conceden el aprobado general y la mitad de los alumnos nos abandonaron”.

“Esta no es la educación que tienen que recibir, van a aprobar una asignatura que ni siquiera han tocado", explica Otto

“En España existe una crisis de educación grave. Los gobiernos van suavizando cada vez más las exigencias para aprobar para no quedar en los últimos puestos en el informe PISA donde estamos por debajo del nivel medio de los países de la OCDE”, asevera Carlos Otto. “Pero consiguen el efecto contrario porque los alumnos cada vez se esfuerzan menos y el nivel, por consiguiente, cada vez es más limitado”, lamenta. No obstante, su mayor desconsuelo llega por pensar en los niños porque, según afirma, “esta no es la educación que tienen que recibir, van a aprobar una asignatura que ni siquiera han tocado. Lo que ha instaurado el Gobierno ya se practicaba desde hace varios años: si un estudiante aprobaba holgadamente todas las asignaturas pero había una que se le resistía con un 4 o, incluso, con un 3, se le daba por aprobada. Es sentido común. Si la ley ya establece la base de que no es necesario aprobar todo, los estudiantes no van a mostrar el más mínimo interés, ni van a tocar la asignatura en cuestión”.

Foto: Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso. (EFE/J.J. Guillén)

Es la difícil situación a la que se enfrenta de nuevo este sector, compuesto por más de 400 centros y unos 10.000 profesionales de la enseñanza, un sector acostumbrado a recibir golpes por parte del Ejecutivo de turno pero que nunca ha dejado de levantarse tras cada zancadilla. Ahora tienen otro motivo para encontrar una nueva oportunidad en este revés que el Ministerio maquilla animando al personal docente a “no sentirse como robots que tienen que cumplir una norma”, como espetó hace tan solo unos días el secretario de Estado de Educación, Alejandro Tiana.

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