Grupos de WhatsApp enseñan a tu hija a vomitar: "Hoy solo chicle y té"
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Grupos de WhatsApp enseñan a tu hija a vomitar: "Hoy solo chicle y té"

En Madrid han aumentado un 20% los ingresos por trastornos de la alimentación desde el confinamiento, según datos del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús

Foto: Conversaciones en los grupos de WhatsApp 'Ana y Mía'. (EC Diseño)
Conversaciones en los grupos de WhatsApp 'Ana y Mía'. (EC Diseño)

Lee las reglas y preséntate: Ana (anoréxica) o Mía (bulímica), peso actual, peso meta y edad. Así es como saludan a María, una mujer de 25 años, apenas decide unirse a un grupo en Telegram que hace apología de la anorexia. Este es el primer filtro que tiene que pasar para recibir una invitación al grupo de Whatsapp. Las reglas son muy sencillas: “Tienes que perder un kilo al día para poder estar aquí”, afirma la administradora del grupo, que acaba de expulsar a una integrante. Su infracción: solo perdió dos kilos en una semana.

Como este, existen decenas de grupos en Whatsapp, Telegram y Facebook en donde hacen apología a la anorexia y a la bulimia. Tienen su propio lenguaje y sus códigos para encontrarse y poder compartir consejos sobre cómo vomitar y ayunar durante días. Las personas que forman parte de ellos, en su mayoría mujeres entre los 15 y los 35 años, buscan en estos grupos privados asesoría con un único objetivo: dejar de comer durante días.

Aunque estos grupos siempre han existido (sobre todo a través de blogs al comienzo de los años 2000), en España se ha trabajado desde distintas asociaciones para cerrar estas páginas web. Sin embargo, con los avances tecnológicos y la pandemia, están más vivos que nunca.

Para acceder a los grupos ha bastado una búsqueda de no más de 10 minutos

Dentro del grupo

Durante dos semanas, este periódico ha formado parte de una decena. En ellos, cada día unas 5 o 6 mujeres se unen en busca de consejos sobre cómo proceder, por ejemplo, en cuestiones que tienen que ver con cómo disimular que han vomitado o para darse ánimos cuando sienten la tentación de comer después de jornadas enteras sin probar un solo bocado. Para acceder a los grupos de apología de la anorexia y la bulimia ha bastado una búsqueda de no más de 10 minutos. Es exactamente la misma que puede hacer cualquier persona desde cualquier dispositivo móvil, menores de edad incluidos.

El influjo de los grupos se deja notar. Durante el 2020, el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús ha registrado un 20% más de ingresos por trastornos alimenticios en la Comunidad de Madrid, principalmente por anorexia nerviosa. “Algunas medidas necesarias para la contención de la pandemia como el confinamiento prolongado, el aislamiento social o el cierre de las escuelas han podido afectar al bienestar físico y mental de los niños y adolescentes o precipitar y agravar algunos problemas mentales previos de los que ahora se están viendo las secuelas”, afirma Montserrat Graell Berna, Jefa de Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital.

placeholder La pandemia ha agudizado los trastornos alimenticios en la Comunidad de Madrid.
La pandemia ha agudizado los trastornos alimenticios en la Comunidad de Madrid.

Además, desde la Asociación Nacional de Psicólogos y Residentes (ANPIR) aseguran que sus listas de espera para tratamientos de los Trastornos de la Conducta Alimentario (TCA) se han duplicado. “Las mujeres tienen una presión cultural enorme por ser delgadas y las redes sociales han puesto aún más presión sobre lo que se supone que debe ser una mujer perfecta'', afirma Irene de la Vega, psicóloga clínica y miembro de la ANPIR.

El éxito de estos grupos, explica De la Vega, es que allí las mujeres obtienen un refuerzo y reconocimiento social en donde se niega el peligro de lo que están haciendo con su cuerpo. En estas comunidades se promueve la idea de que Ana y Mía en realidad ofrecen un estilo de vida. Se trata de una forma particularmente efectiva de alejar de la mente de las jóvenes la idea de que sufren una patología clínica.

Un kilo, un día

Durante las 24 horas del día, en estos grupos se suceden las conversaciones acerca de cómo esconder la anorexia y la bulimia a las familias y a las parejas: el catálogo de pretextos para justificar ante la gente no comer es casi infinito. Al finalizar la tarde, se preguntan unas a otras si han podido cumplir con su ayuno. Es el momento del día en que se hace balance. Deben reconocer si han podido pasar la jornada sin comer (lo que se considera un éxito rotundo) o si, por el contrario, han sido débiles y han caído en la casi imperdonable tentación, por ejemplo, de dar un mordisco a una manzana. “Llevo 26 horas de ayuno”, proclama una orgullosa. “Hoy solo he comido té, agua y chicles con azúcar”, le responde otra. Un kilo perdido en un solo día es una victoria.

También son lugares en donde se sienten seguras de poder expresar lo que no podrían confesar a casi nadie:

Kamila: Hola, ¿alguien que se autolesione?

Juana: Sí

Andrea: Hola, aquí.

Kamila: Me autolesioné por primera vez, me sentí muy enojada conmigo porque siento que todo me sale mal. Aunque me siento aliviada porque por fin fui capaz de hacerme daño por todo el daño que me he ocasionado.

Lo más visible en este tipo de trastornos alimenticios es la comida. En algunos casos, es solo el comienzo de patologías más graves. “Lo primero es aceptar que tu hijo o tu hija están enfermos y que no es un capricho lo de no querer comer”, afirma De la Vega.

Pero en estos grupos también abundan los esporádicos. Una de las cosas más comunes es que entran mujeres que, en principio, no tienen un trastorno alimenticio. Lo hacen en busca de dietas milagrosas para llegar más delgadas a un evento. “Necesito bajar 10 kilos en una semana, ¿cómo puedo hacer?”, escribe una mujer en un grupo de Facebook. La respuesta siempre es la misma: dejando de comer.

Este fue el camino que recorrió hace 9 años Nadia. Tenía entonces 12 años, y simplemente buscaba en internet algún consejo para adelgazar. Pero dio con grupos de apoyo a la anorexia y la bulimia. Hoy, con 21 años, sigue batallando con la ayuda de su madre contra la anorexia nerviosa que padece: “Mi hija solo tecleó cómo vomitar fácilmente”, afirma su madre, Lidia Amella.

Foto: Mujer con anorexia. Foto: iStock

Amella hace cinco años creó una petición en Change.org que sigue activa para pedir a las autoridades que cerraran este tipo de grupos. “La experiencia más horrorosa de mi vida fue entrar en estos grupos después de que mi hija me confesara que formaba parte de ellos”, recuerda Amella.

Del horror y del miedo nació la indignación. Durante años, Amella ha sido una de las activistas más destacadas a nivel nacional contra los grupos de internet que hacen apología de los trastornos alimenticios. Pero de la indignación y, sobre todo, de la capacidad de estos grupos para reproducirse, ha terminado naciendo en ella algo parecido a la resignación. “Estoy orgullosa de lo que hemos conseguido, porque expusimos el problema y pusimos el debate sobre la mesa, pero a estas alturas me he dado cuenta de que, para cuando se consigue cerrar un grupo, ya se han creado 5 más”.

Para cuando se consigue cerrar un grupo, ya se han creado 5 más

El Parlamento de Cataluña aprobó en 2019 un decreto ley que actúa contra las páginas que hacen apología de la anorexia y la bulimia en Internet y redes sociales a través de la modificación del Código de Consumo de Cataluña. Esta medida nace del trabajo llevado a cabo por la Mesa de Diálogo para la Prevención de los TCA, coliderada por la Agencia Catalana de Consumo y la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia.

No obstante, en la Comunidad de Madrid no existe ninguna regulación al respecto. Laura Fernández, de la Associació Contra l'Anorèxia i la Bulímia, explica que las denuncias las hacen a la empresa que sustenta el contenido y no a las personas que lo fomentan porque se entiende que están enfermas. "Se avisa a la empresa de que está sustentando un contenido que atenta contra el derecho de la salud de las personas y en la mayoría de los casos desactivan los grupos”.

placeholder Blog de Ana y Mía. (EC Diseño)
Blog de Ana y Mía. (EC Diseño)

En estos opera una cierta jerarquía. Las administradoras son las capitanas. Por su experiencia, guían al grupo en los retos que deben afrontar. Estos incluyen, de cuando en cuando, ayunos de hasta cinco días. Por si esto fuera poco, ofrecen además consejos para compaginar la inanición con el ejercicio físico. Y si todo lo anterior falla y un componente del grupo come, le muestran cómo vomitar discretamente. Su disciplina no puede ser más férrea y ellas son implacables.

Uno de los requisitos para mantenerse activo es enviar fotos con los progresos

No hay forma de escapar. Uno de los requisitos más importantes para mantenerse activo es enviar fotos con los progresos. Como consecuencia, cada cinco minutos en los grupos de Ana y Mía aparece una nueva imagen enviada por una de las usuarias. La mayoría responden al mismo patrón: el número en la báscula (que baja cada día) acompañada de cuerpos en los que hace tiempo que se marcan una buena cantidad de huesos. El 90% de los afectados por los TCA son mujeres, y entre el 4% y el 5% son chicas de entre 12 y 21 años, según Ita Salud Mental.

Otro factor común a todos los grupos consultados por este medio es una carta. Dirigida a Ana y Mia, en ella las convencidas por la apología de la anorexia y la bulimia las conciben como dos princesas perfectas: “Sé que soy una gorda asquerosa y que nunca voy a ser perfecta como tú. Eres mi mejor amiga y siempre estás guiando mi vida”, se puede leer en el primer párrafo.

Soluciones reales

Como llegado de la nada, cuando cumplió los 15 años, un pensamiento empezó a invadir la mente de María: tenía las caderas anchas. Como mínimo, se decía, las tenía más anchas que sus amigas. Decidió tomar cartas en el asunto. Aprovechando que el medicamento que tomaba contra su déficit de atención en el instituto le quitaba el hambre, simplemente dejó de comer. En cuestión de meses, llegó a pesar 37 kilos cuando, con sus 160 centímetros de altura, lo mínimo estimado por los médicos para tener un peso saludable son los 50. “En Madrid, todos los planes sociales son siempre muy tarde, entonces a lo mejor si me daban dinero para cenar prefería guardarlo y no comer. Me sentía culpable por tener hambre. Después, supe que esto venía de mi familia y de las presiones de las redes sociales”.

Muchas veces, recuerda, hizo retos para dejar de comer con sus amigas, con las que empezó a organizarse para ir al gimnasio todos los días sin falta. Aquellas dinámicas, que empezaron como un juego, la hundieron en una espiral de castigo a sí misma y a su cuerpo del que aún hoy lucha por salir.

Hace un año, pidió ayuda. “Llevaba mucho tiempo con atracones y vómitos y estaba muy débil. No podía más. Solo quería estar encerrada en casa porque creía que estaba demasiado gorda para salir. Cuando vi que no tenía vida porque solo comía y vomitaba, entré en depresión”.

Con la ayuda de sus padres, ha empezado una terapia que es solo el primer paso en el largo camino que le queda por recorrer para recuperarse. Serán años en los que, mientras tanto, se multiplicarán los grupos que hacen de su enfermedad una forma de entender la vida y la imagen y, con ellos, se multiplicarán también las chicas que creen que deben ser una imagen que no existe.

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