La venta de las plantas de Alcoa siembra el pesimismo entre sus 2.200 trabajadores
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FÁBRICAS DE GALICIA Y ASTURIAS

La venta de las plantas de Alcoa siembra el pesimismo entre sus 2.200 trabajadores

La multinacional del aluminio busca compradores para las fábricas de Galicia y Asturias en vísperas de que el Gobierno establezca una compensación de tarifa eléctrica

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La venta de las plantas de Alcoa siembra el pesimismo entre sus 2.200 trabajadores

El pesimismo se extiende entre la plantilla de Alcoa en España, tras conocerse que la multinacional con sede en Nueva York ha encargado a Goldman Sachs la venta de sus plantas en Galicia y Asturias. Más de 2.200 trabajadores ven peligrar sus empleos, una espada de Damocles que pende sobre ellos desde hace años, y que se hace más amenazante a medida que se conocen los detalles del proceso. El gigante americano afronta una etapa de cambios, con su división internacional en dos compañías independientes y la búsqueda de una estructura más ajustada, lo que en lenguaje sindical no significa otra cosa que despidos.

Los comités de empresa ya conocen las intenciones de Alcoa de vender sus fábricas, aunque la información que les ofrecen los directivos de las mismas es confusa. En las últimas reuniones, los representantes sindicales fueron informados de que se está realizando un estudio estratégico para valorar diferentes opciones, entre ellas la venta y la entrada de nuevos inversores. Y entre esos inversores podrían estar fondos especializados en la reordenación de activos industriales. “Todas las opciones están abiertas”, confirmaron los responsables de las factorías gallegas a los sindicatos.

Galicia es la comunidad más afectada por los planes de Alcoa, que cuenta con un centro de producción en A Coruña y dos en San Cibrao (Lugo). También tiene una fábrica en Avilés y un centro menor en la localidad navarra de Irirtzun. Las afectadas por el plan de revisión de activos son las de A Coruña, que da empleo a 400 personas, y la de Asturias, de similares dimensiones. Los trabajadores esperan que en el caso de San Cibrao, la venta afecte solo a una de sus dos plantas, que suman 1.300 empleados. Su reestructuración sería un duro golpe para la comarca, en la que existen otros 600 puestos de trabajo ligados a empresas auxiliares.

Los planes de Alcoa en España no carecen de relevancia política, ya que se producen en vísperas de las elecciones generales de junio y de las autonómicas gallegas previstas para octubre. Y como trasfondo de los planes del gigante del sector del aluminio están las negociaciones de una nueva subasta, el próximo otoño, de lo que se conoce como contratos de interrumpibilidad. Se trata de compensaciones a los grandes consumidores de energía a cambio del compromiso de desconectarse de la red en caso de sobrecarga, lo que en el caso de Alcoa se viene traduciendo en unos ingresos próximos a los 140 millones de euros anuales.

La última subasta, en diciembre de 2014, se realizó entre las amenazas de Alcoa de cerrar las plantas de Avilés y A Coruña, que provocaron importantes movilizaciones en la calle. La empresa criticó el nuevo sistema ideado por el Ministerio de Industria para adjudicar esos servicios, mientras los sindicatos comenzaban a sospechar de las intenciones de la compañía de deshacerse de sus plantas en España si salía perjudicada en la subasta.

El 'conselleiro' de Economía de la Xunta, Francisco Conde, envió un velado mensaje al ministerio al declarar su apoyo “al conjunto de las empresas electrointensivas”, que son las que se benefician de los contratos de interrumpibilidad. Así, instó al Gobierno a que esos contratos confieran “certidumbre y estabilidad” a las grandes consumidoras de energía, entre las que está Alcoa, para “garantizar su competitividad”. “Eso significa, y así lo hemos trasladado tanto al ministerio como a Red Eléctrica, que haya un precio conocido durante un periodo mínimo de dos, tres años, y que también haya unos ingresos que respondan a las necesidades reales de las empresas para garantizar su competitividad”, manifestó.

Conde reivindicó la continuidad de las plantas gallegas de Alcoa en sus actuales dimensiones, aunque reconoció que el margen de maniobra es estrecho. “Las estrategias empresariales son una cosa que responde lógicamente a la propia empresa”, advirtió. Con todo, recordó el carácter “estratégico” de Alcoa para Galicia, tanto en San Cibrao como en A Coruña, y anunció su disposición a apoyar cualquier decisión sobre el futuro de esas plantas que vaya en la línea de apoyar las inversiones y mantener los puestos de trabajo. Con mayor rotundidad se ha manifestado la alcaldesa de Avilés, Mariví Monteserín, al reclamar “un cambio” en la política industrial española tras “cuatros años sin ministro de Economía”.

La fábrica de A Coruña es la más vulnerable del grupo, y la que más amenazas de cierre acumula por parte de la dirección de la compañía. En San Cibrao, en cambio, los trabajadores de la planta de Alumina esperan que se salve de la quema, ya que es la más rentable de las que tiene en España. De ella,Alcoa solo posee un 60% de su capital, que comparte con el 40% de Alumina Limited. Según datos facilitados por los sindicatos, la factoría generó en 2015 un total de 22,5 millones de euros de los 49 de beneficio global de la compañía en España. Sin embargo, fuentes sindicales informaron a 'La Nueva España' que esa fábrica también está en venta, con el objetivo de dar valor al lote.

Que las intenciones de vender van en serio lo han podido comprobar directamente los representantes sindicales de los trabajadores, testigos de las visitas que en las últimas dos semanas han realizado varios potenciales compradores. Entre ellos, está el representante de la empresa estadounidense Atlas Holdings, con sede en Connecticut y con presencia en España a través de Aladium, a la que la multinacional ya vendió en 2014 una planta en Alicante y otra en Amorebieta (Vizcaya). Tres fondos de inversión extranjeros también están interesados en la operación.

El contrato de interrumpibilidad que se establecerá tras el verano no deja de funcionar como un incentivo que fijará el precio que pagarán las plantas de Alcoa por la energía que consuman. La multinacional, que desembarcó en España en 1998al comprar la pública Inespal por apenas 410 millones de dólares, se benefició entonces de subvenciones millonarias para facilitarla operación y de compromisos de mantener el precio de la energía en caso de que se viera incrementada.

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