FRACASAN LOS ACTOS DE LA JORNADA DE REFLEXIÓN

El día en que el 'procés' abandonó a sus jóvenes y se dedicó a probar una 'app' móvil

La nueva obsesión de los líderes independentistas es que su gente se descargue una 'app' para tomar las calles, mientras la acampada estudiantil agoniza ya sin apoyos políticos

Foto: La acampada estudiantil de Barcelona ha sido desvalijada y mermada a la mitad de participantes. (EFE)
La acampada estudiantil de Barcelona ha sido desvalijada y mermada a la mitad de participantes. (EFE)

Las cabezas pensantes del 'procés' demostraron este sábado que su movimiento necesita cambiar de piel constantemente para mantener prieta a la clientela. Lo que ayer era un momento histórico hoy no sirve porque ya ha surgido otro momento histórico que lo sustituye y así sucesivamente. Hace una semana, la acampada en la plaza Universidad se vendió como una gesta histórica de la juventud catalana comprometida con la libertad y la democracia, llamada a convertirse en un nuevo 15-M. Hoy, sin embargo, parece que esta estorba y hay que dejarla morir, porque ahora lo fundamental es descargarse la 'app' de Tsunami Democràtic para que Cataluña tiemble la semana que viene con una gran oleada de protestas sociales.

Para ello, el Tsunami, ese ente etéreo que surge de la voluntad del pueblo pero que tanto miman desde el Govern, montó una jornada lúdico-folclórica con el fin de sabotear la jornada de reflexión. En tiempo récord, se armó un escenario que ya querrían para sí muchos pueblos en fiestas y se convocó a los principales artistas de la música en catalán desde esos canales presuntamente anónimos. Acudieron cerca de 7.000 personas según la Guardia Urbana, principalmente mayores de 50 años y parejas con niños pequeños. Saltaron, bailaron y gritaron "independencia" y "libertad presos políticos" durante toda la tarde. Unos cincuenta metros más allá de la fiesta y la música, la histórica acampada estudiantil agonizaba, con la mitad de las tiendas ya desaparecidas y rostros cansados y preocupados tras diez días de dormir al raso y la llegada del frío.

Cerca de 7.000 personas han acudido al acto de protesta previo a las elecciones en Barcelona. (EFE)
Cerca de 7.000 personas han acudido al acto de protesta previo a las elecciones en Barcelona. (EFE)

Tal vez casualidad, tal vez mensaje malicioso, el Tsunami instaló el escenario dando la espalda a la acampada. Justo el día en que los otrora definidos como muchachos más comprometidos del independentismo más necesitaban el apoyo de sus políticos, después de que la noche anterior las juventudes de ERC y de la CUP recogieran sus tiendas de campaña y se llevaran más de 30.000 euros de la caja de resistencia dejándolos en la estacada, a los líderes del Tsunami no se les ocurrió otra cosa que montar el enorme escenario justo en el lado contiguo de la plaza, ejerciendo así de muro simbólico entre ambas zonas.

"¿Que si nos sentimos engañados? Ha sido un palo lo del dinero, pero resistiremos en la plaza mientras podamos. Hemos perdido casi todos los fondos, pero estamos recibiendo muchos donativos y nos estamos reorganizando en distintas comisiones", explicaba uno de los estudiantes encargados de gestionar la nueva y raquítica caja de resistencia. Los donativos, en efecto, cayeron durante todo el día con generosidad. Nada de monedas. Billetes de 5 y 10 euros salían de las carteras de, en su mayoría, señores y señoras de edad avanzada, que eran depositados en una urna del referéndum del 1 de octubre reconvertida en hucha. "Mira, estamos mucho mejor sin ellos, no queremos que nos politicen", admitía una estudiante en referencia a los cachorros de ERC y la CUP. "Todas las comisiones eran horizontales, pero desde el primer día ellos quisieron ponerse por encima del resto y organizarlo todo. No eran los encargados de la caja de resistencia, pero siempre la querían tener controlada. Al final, se llevaron el dinero y las provisiones del almacén cuando desmontaron sus tiendas. No los necesitamos". Arran, el grupo de juventudes de la CUP, desmintió en un comunicado haber tocado un solo euro de la caja, a pesar de lo que aseguran todos los estudiantes que permanecen en la plaza.

Una mujer se encara a un cordón de antidisturbios este sábado en Barcelona. (David Brunat)
Una mujer se encara a un cordón de antidisturbios este sábado en Barcelona. (David Brunat)

Una protesta abúlica

La jornada de boicot a la Junta Electoral resultó un verdadero pinchazo en asistencia, a lo que se sumó una sensación de hastío generalizado y un mensaje plano. Esto último fue premeditado. El Tsunami quiso descafeinar al máximo la jornada para evitar posibles medidas penales hacia sus cabecillas y lo consiguió. Quedó claro que la cosa iba a ser puro folclore ya desde buen inicio, cuando una banda de música tocó La Estaca y Els Segadors, cantados a pleno pulmón por la audiencia. El lugar se fue llenando de forma progresiva al caer la tarde, pero la asistencia a los conciertos convocados fue bastante discreta, y solo salvó los muebles gracias a que a muchas familias les pareció un buen plan para llevar a sus hijos pequeños, algunos de ellos bien ataviados con la estelada a modo de capa.

Por otro lado, la convocatoria paralela de los CDR para repetir una noche de zozobra y disturbios también resultó un fracaso. Apenas 300 personas iniciaron la marcha desde la plaza Universidad hacia la Vía Laietana con el objetivo de protestar frente a la jefatura de la Policía Nacional. La convocatoria de los CDR era el plato fuerte de la jornada, pero cuando la cabecera, tras el lema 'Ho tornarem a fer' ("Lo volveremos a hacer"), se topó con el primer cordón de antidisturbios en la plaza Cataluña, los manifestantes bajaron a cerca de un centenar, de lo cuales no más de 20 tenían intención real de enfrentarse a la policía. Nada que ver con los centenares de manifestantes hiperexcitados que crearon el caos en Barcelona durante toda una semana a mediados de octubre.

Una veintena de CDR se han enfrentado a la policía en la jornada de reflexión. (David Brunat)
Una veintena de CDR se han enfrentado a la policía en la jornada de reflexión. (David Brunat)

Un grupo de jóvenes empuja un contenedor por las calles de Barcelona. (EFE)
Un grupo de jóvenes empuja un contenedor por las calles de Barcelona. (EFE)

En esta ocasión, el centenar de CDR, la mayoría veinteañeros ataviados con sus correspondientes capuchas y pasamontañas, se dedicaron a jugar al gato y el ratón con las unidades de Mossos d’Esquadra y Policía Nacional desplegadas, perfectamente coordinadas para formar un amplio cordón de seguridad alrededor de la plaza Urquinaona y la Jefatura Superior de Policía en Vía Laietana. Hubo algún conato de violencia cuando los encapuchados se arrancaron a lanzar decenas de huevos podridos y botellas de cristal a los agentes antidisturbios, pero apenas hubo un puñado de escaramuzas en el momento en que los CDR, con más bien poca convicción, volcaron un par de contenedores sobre la calzada. En una de estas persecuciones a la carrera, los encapuchados se disgregaron por las calles del Eixample y la protesta se desvaneció de un plumazo. Al rato apareció un contenedor en llamas que fue extinguido rápidamente por los bomberos. Mossos y Policía Nacional siguieron custodiando los accesos a Vía Laietana hasta bien entrada la madrugada.

Pese a que los líderes del Tsunami Democràtic aseguraron mediante un comunicado que la jornada había sido un éxito, ya que permitió probar el uso de la 'app' móvil de cara a los próximos días, el balance fue negativo para sus intereses. Principalmente, porque el independentismo se quebró en tres en una jornada clave, lejos de la unidad de acción pasada. Por un lado, los muchachos de la acampada, desvalijados y abandonados por sus líderes; por otro lado, los 'procesistas' de toda la vida, pacíficos y amantes del folclore, que respondieron de forma discretísima a la convocatoria festiva del Tsunami; y, por último, los elementos más radicales de los CDR, que montaron su propia fiesta al margen de los demás y apenas engancharon a un puñado de chavales con ganas de jarana. Las tres caras fracasaron por falta de apoyo popular. Y los que sí acudieron, reflejaron una abulia notable. Si esto se debe al hastío de la gente tras un mes de octubre agotador emocionalmente o sencillamente es un paréntesis antes de volver a asaltar Barcelona durante la próxima semana es una incógnita.

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