Diferencias entre el discurso público y el privado

Las dos caras de Puigdemont: combativo ante las bases y hundido en sus mensajes a Comín

Los medios que han denunciado la debilidad y la división que vive el independentismo han sido acusados por los partidos soberanistas de mentir y manipular

Foto: El 'expresident' Carles Puigdemont. (Reuters)
El 'expresident' Carles Puigdemont. (Reuters)

En la política en general y en el 'procés' en particular, hay una gran diferencia entre el discurso público y el privado. Los mensajes de Carles Puigdemont al 'exconseller' de Salut Toni Comín son más de lo mismo y se comparan con el discurso que el líder independentista dirigió a sus seguidores en el mismo día. Solo que pocas veces hay tanta distancia y se producen en un momento tan relevante como tras no poder ser investido presidente de la Generalitat. Si ante Comín el 'expresident' se muestra derrotista y muy afectado, en el vídeo institucional que hizo público a las 20:00 de este martes mantiene que la lucha continúa y sigue haciendo llamamientos a la unidad.

En su comunicado en vídeo relativiza el revés sufrido este martes en el Parlament: “No hay ningún otro candidato posible. Lamentablemente, el pleno no se ha celebrado". En cambio en los mensajes de ese mismo día es más radical: “Los nuestros nos han sacrificado, al menos a mí".

Los medios que han denunciado la debilidad y la división que vive el independentismo han sido acusados por los partidos soberanistas de mentir y manipular. Pero, como muestran los mensajes hechos públicos este miércoles, el discurso público de la política en Cataluña se encuentra muy alejado de lo que los propios políticos piensan en realidad o dicen en privado. Así, por ejemplo, en el vídeo, Puigdemont resaltaba la unidad, justo lo que cuestionaba cuando se lamentaba ante su 'exconseller': “Si nos mantenemos juntos, firmes, dignos, democráticos y pacíficos, iremos hasta nuestra libertad, porque nos la hemos ganado”.

Otro ejemplo. En los mensajes a Comín, reconoce que vuelven "a vivir los últimos días de la Cataluña republicana", y añade respecto a los independentistas que están en Estremera: "Espero que puedan salir de la cárcel porque si no, el ridículo es histórico, es histórico…". En cambio, en su vídeo, Puigdemont aseguraba: “El baño de realidad son los más de dos millones de votos a favor de la independencia”. En el mismo día, hundido en privado y eufórico en público. Con escasas horas de diferencia, dos tipos de discurso que poco tienen que ver entre sí.

El doble mensaje se va haciendo más y más evidente. Cuando se comunica con Toni Comín, Puigdemont asume que “Moncloa triunfa" y concluye: "Esto se ha terminado". Por el contrario, cuando se dirige a sus seguidores, asegura que la lucha ha de continuar: “No podemos aceptar, porque sería rendirse a las maniobras del Estado y traicionar las voluntades de los electores".

“Seréis 'consellers', pero yo ya estoy sacrificado como sugería Tardà", le confesaba a Toni Comín. Lejos de este ánimo alicaído, en el su videomensaje, Puigdemont animaba a sus correligionarios a que “no fuesen alumnos aventajados” del artículo 155.

Ataque al Parlament

Más allá del doble lenguaje, el mensaje público de Carles Puigdemont incluía un grave ataque que ha sentado muy mal a ERC y a muchos diputados. Cuando Puigdemont afirmó que “la democracia no se aplaza ni se suspende”, esa frase ha sido entendida como una acusación a Roger Torrent y a sus socios de ERC como 'no demócratas', algo sin precedentes en la política catalana y más proviniendo de un 'expresident' de la Generalitat.

Las dos caras de Puigdemont: combativo ante las bases y hundido en sus mensajes a Comín

Sin embargo, harán mal los que consideren que Puigdemont está acabado. Puigdemont siempre ha tenido un carácter ciclotímico. En menos de una semana puede estar a punto de convocar las elecciones, declarar la independencia, irse de fin de semana y huir a Bruselas. Los mensajes solo reflejan un estado de ánimo puntual. Como él mismo señaló en su tuit: “Soy humano”. La situación política es muy caótica. Y en este contexto de confusión, Puigdemont todavía tiene algunas cartas que jugará de manera sorpresiva, tan propia de ese carácter marcado por los altibajos.

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