el clan, detenido este miércoles

Sumarroca, el alter ego del clan Pujol también mimado por Artur Mas

No sólo fueron mimados por los Pujol. Cuando Mas era 'conseller en cap' envió una carta a Medio Ambiente insistiendo en la necesidad de autorizar la instalación de algunos parques eólicos

Foto: Efectivos de la Guardia Civil durante el registro a una empresa del clan Sumarroca, este jueves. (EFE)
Efectivos de la Guardia Civil durante el registro a una empresa del clan Sumarroca, este jueves. (EFE)

Los Sumarroca son el prototipo del clan medrado a la sombra del poder en Cataluña durante las tres últimas décadas y media. El patriarca del clan era íntimo amigo del patriarca de otro clan: Jordi Pujol i Soley. Uno en la política y otro en los negocios, fueron el perfecto ejemplo de la cohabitación político-económica de las grandes familias catalanas. De todos los empresarios que medraron a la sombra del poder en Cataluña, Carles Sumarroca i Coixet fue el más vinculado a Jordi Pujol. Ambos llevaron existencias paralelas: hicieron negocio en Banca Catalana, fundaron Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y compraron El Correo Catalán.

La intensa relación llevada hasta finales de los 70 por los dos patriarcas de los clanes cambió en los 80. Con Pujol en la Presidencia de la Generalitat, las empresas de Sumarroca comenzaron a recibir suculentas adjudicaciones de obras públicas. La familia operaba, preferentemente, con dos compañías: Emte y Teyco, que ahora está en el punto de mira de los investigadores por los supuestos sobornos al alcalde de Torredembarra.

Detenido el empresario Jordi Sumarroca, hijo del cofundador del CDC

En los años 90, aunque seguían recibiendo grandes contratos de obra pública, los Sumarroca ampliaron sus dominios a otros sectores: a través de la compañía General Lab, se hicieron con la totalidad de las adjudicaciones de los análisis clínicos de las prisiones catalanas, que dependían de la voluntad política de los responsables de la Generalitat. Era un negocio sin competencia y de cobro asegurado. Y en la década siguiente, Sumarroca amplió sus negocios a otro sector con posibilidades: el de las nuevas energías, hasta el punto de que sus empresas fueron de las más mimadas por los últimos Gobiernos de Jordi Pujol al conceder los permisos para nuevos parques eólicos.

A medida que se abrían posibilidades de negocio, los Sumarroca estaban en primera fila para recoger adjudicaciones públicas. En realidad, no se les escapaba ninguno de los negocios emergentes. Un informe realizado por el periodista Jesús Badenes y publicado hace unos años por el Diari de Girona detallaba que en los 23 años de pujolismo las constructoras de los Sumarroca recibieron contratos públicos por valor de más de 285 millones de euros. Ya podían ser carreteras, comisarías, cárceles o centros sanitarios: los Sumarroca podían con todo.

“Resulta curioso ver cómo se adjudica por el sistema negociado de urgencia la realización de los trabajos necesarios para la puesta en marcha de un hospital”, relata el periodista. De esa manera, las obras se trocean y se adjudican a dedo, evitando tener que convocar un concurso público. De hecho, así se suelen hacer los negocios entre amigos.

Más de 500 millones en cinco años

También una información elaborada por El Confidencial detallaba que sólo entre 2008 y 2012 los dos grupos industriales más mimados por el poder catalán, Emte y Copisa, se llevaron 875 millones en obra pública: de ellos, más de 500 millones fueron a parar a los bolsillos de los miembros del clan Sumarroca. Y otro informe de elcritic.cat concluía que en 2013-2014, con los brutales recortes del Gobierno de Artur Mas, las constructoras Emte y Teyco se llevaron casi 25 millones de euros en 43 adjudicaciones (el segundo del ranking obtuvo 9,3 millones). Y había curiosidades para reflexionar: 14 de los 25 contratos de Teyco fueron adjudicados por el procedimiento de “negociado sin publicidad”. Y siete de los 18 de Emte, lo mismo. Un negocio, pues, puramente digital.

El empresario Carlos Sumarroca Coixet. (EFE)
El empresario Carlos Sumarroca Coixet. (EFE)

Que los Sumarroca fueron mimados nadie lo duda. Y no sólo por los Pujol. También por Artur Mas. El 8 de mayo de 2002, cuando este era conseller en cap (consejero jefe), envió una carta al consejero de Medio Ambiente, Ramon Espadaler. “En las últimas semanas, he ido insistiendo en la necesidad de autorizar la instalación de algunos parques eólicos. (…) Me gustaría que me informases lo más pronto posible de la situación de los proyectos siguientes: Prat del Compte (parques eólicos de Carena de la Tossa y Coll Ventós), Ascó (parque eólico de Barbers), Colldejou (parque eólico de Les Costes) y Portbou (parque eólico de Tramuntana) ¿Qué razones impiden conceder estas autorizaciones?”. Mano de santo. Nueve días más tarde, eran aprobados los de Portbou y Ascó y una semana después los dos de Prat del Comte. Así se recoge en el libro Pujol & Puig. ¿Quién le decía que no al conseller en cap?

Los servicios oficiales de la consejería habían informado negativamente sobre los parques y desaconsejaban su apertura por razones de impacto ecológico. Pero se daba la circunstancia de que tres de ellos estaban controlados por Sumarroca (los restantes estaban gestionados por otro de los fundadores de CDC) y sus declaraciones de impacto ambiental las habían realizado empresas de este (donde había empleado a otro hijo de Jordi Pujol). Por eso en una reunión de marzo de aquel año, el secretario de Industria, Oriol Pujol Ferrusola, mantuvo una cumbre en la consejería y ordenó dar luz verde al permiso de las instalaciones eólicas. ¿El motivo?: el president (o sea, su padre) tenía “interés personal” en conceder las licencias.

Intereses cruzados

Los Sumarroca mimaban a los Pujol y a Convergència. A la Fundación del partido llegaron a entregarle 300.000 euros, una generosa propina. Pero su verdadera debilidad era el clan Pujol. Los lazos entre ambas familias iban más allá: Núria Claverol, esposa de Sumarroca, se asoció con Marta Ferrusola, esposa de Jordi Pujol, para fundar la empresa Hidroplant, que con los años comenzó a recibir también suculentos contratos de la Administración y de contratistas de la Administración. El hijo mayor del expresidente, Jordi Pujol Ferrusola, se convirtió tempranamente en “asesor” de los Sumarroca, por lo que recibió fondos que la policía investiga porque sospecha que no eran más que comisiones encubiertas y que no se correspondían con ningún servicio real prestado. La Audiencia Nacional investiga ahora esos pagos y mantiene imputados a Carles Sumarroca Coixet y a Carles Sumarroca Claverol, en el sumario que se sigue contra el primogénito de los Pujol.

Foto de archivo de la familia Pujol. (EFE)
Foto de archivo de la familia Pujol. (EFE)

Hay más: Pere Pujol Ferrusola, recién licenciado, fue nombrado director de la compañía Entorn, propiedad de Sumarroca. Pere empezó con buen pie su andadura: comenzó a facturar millones de pesetas a los consejos comarcales, una estructura creada por Jordi Pujol para restar poder a los Ayuntamientos, la mayoría de ellos en manos socialistas. Los consejos, en cambio, estaban más controlados por los convergentes, y eso se notó en las arcas de Entorn, a quien le caían millones por todos los lados. Entre los consejos comarcales, algunas consejerías y organismos oficiales como las grandes empresas públicas Gisa y Regsa (de obra pública y regadío), el negocio se hizo más redondo todavía. En ocasiones, Entorn había llegado a rehacer informes que desaconsejaban una instalación… Sólo entre 2000 y 2001 Gisa y Regsa le encargaron informes por casi 200.000 euros. A partir de esas fechas, comenzaron a multiplicarse los estudios sobre parques eólicos e incluso se le encomendó a la empresa el informe de impacto ambiental de la línea 4 del Metro de Barcelona.

También sacó tajada Josep Pujol Ferrusola, que a través de su empresa MT Tahat compró acciones de General Lab que luego vendió con importantes plusvalías. E incluso Oriol Pujol encargó la finalización de las obras de su chalé en el prepirineo a Teyco Ç (precisamente la empresa de los Sumarroca que ahora está bajo sospecha en Torredembarra), después de que la compañía que las había iniciado quebrase.

En definitiva, el clan Sumarroca fue el complemento perfecto del clan Pujol: unos en la política y otros en la economía, se colmaron de favores mutuos y acabaron diseñando un peligroso modelo de convivencia entre poder y negocios con intereses compartidos que, aunque a veces no traspasaban las líneas rojas de la legalidad, sí lo hacían con las de la ética. La detención de Sumarroca, pues, se ha de interpretar como una alegoría de la de los Pujol.

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