ERC PIDE EXPLICACIONES A MADRID Y OCULTA LO QUE HACE EN BARCELONA

¿A quién quiere espiar la Generalitat? Los correos de Mossos con los espías italianos

Comunicaciones entre los Mossos d'Esquadra y la empresa italiana de vigilancia electrónica Hacking Team apuntan a que el cuerpo estaba interesado en la tecnología de espionaje

Foto: Mossos d'Esquadra durante uno de los registros en la calle Gran de Sant Andreu en 2014. (EFE)
Mossos d'Esquadra durante uno de los registros en la calle Gran de Sant Andreu en 2014. (EFE)

Por la boca muere el pez. Y, a veces, por sus preguntas parlamentarias. El diputado Joan Tardà, de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), fue el primero en poner el grito en el cielo cuando trascendió que el Gobierno español, a través de Policía, Guardia Civil y Centro Nacional de Inteligencia (CNI) había contratado los servicios de la empresa italiana Hacking Team, dedicada al espionaje electrónico.

Tardà acaba de dirigir al Gobierno español una batería de preguntas para conocer si era cierto que los cuerpos de seguridad españoles habían contactado y contratado con la empresa transalpina. “Existen sospechas que apuntan a que los servicios de dicha empresa excederían de la legalidad y habrían sido utilizados para el control social (espionaje) de activistas, desde periodistas a defensoras y defensores de los derechos humanos. No en vano, activistas por los derechos humanos denuncian el espionaje efectuado por esta empresa”.

El republicano está interesado en conocer todos los contratos, la finalidad con la que se contrató a Hacking Team, si tenía autorización judicial para espiar a personas o si el Gobierno considera si “las actuaciones derivadas de la contratación de dicha empresa son plenamente legales”.

El exconseller catalán de Interior, Felip Puig. (EFE)
El exconseller catalán de Interior, Felip Puig. (EFE)

 

Los buenos propósitos del diputado de Esquerra contrastan con el oscurantismo que el mismo partido aplica en Cataluña. Porque nadie está libre de pecado. El 21 de octubre del 2013, un directivo de Hacking Team escribía un clarificador mensaje: “El sistema de control remoto está diseñado para atacar, infectar y controlar un gran número de objetivos de ordenadores y smartphones de manera sigilosa. Nuestra solución le permite recoger de forma encubierta datos de los sistemas operativos usados como Windows XP/Vista/7/8 (32 y 64 bits), Mac OS y Linux. Por lo que respecta a smartphones, puede monitorizar iPhone, Symbian, Blackberry, Android y Windows Phone 8. Una vez un objetivo está infectado, el sistema de control remoto permite acceder a una variedad de información, incluyendo el tráfico de Skype, aplicaciones de chat (Facebook, Twitter, WhasApp, Line, Viber, etc.), combinaciones de teclas (todos los idiomas Unicode), ubicación de destino, archivos, capturas de pantalla, datos del micrófono, fotos y muchos otros. Las características incluyen invisibilidad y resistencia a los principales sistemas de protección de punto final. Me gustaría saber si usted está aún interesado en nuestra solución y si está disponible para programar una presentación/demostración en vivo en sus instalaciones”. Firmaba la misiva el key account manager de Hacking Team, Emad Shehata.

El sistema Galileo

El pasado 27 de marzo de 2015, el administrador de cuentas para Europa de Hacking Team, Maximiliano Luppi, volvía a enviar otro revelador correo: “Puesto que ha mostrado interés en nuestro producto, aprovecho la ocasión para enviarle información relacionada con la última versión del sistema de control remoto con nombre en código Galileo”, comenzaba.

Y, a continuación, el italiano detallaba las ventajas del producto en el que estaban interesados los Mossos: “Galileo está diseñado para infectar y controlar ordenadores y smartphones de manera sigilosa. Se le permite recoger de forma encubierta datos de los sistemas operativos más comunes, como Windows, OSX o Linux. Por otra parte, el sistema puede controlar todos los smartphones modernos: Android, iOS, Blackberry y Windows Phone. Una vez el objetivo está infectado, puede acceder a toda la información, incluyendo las llamadas de Skype, Facebook, Twitter, WhatsApp, Viber y muchos más. (…) Galileo también introduce Inteligencia, un módulo diseñado para correlacionar la información recopilada, para acelerar su investigación y poner de relieve las conexiones pertinentes”.

Las comunicaciones no iban dirigida a un cualquiera, sino a Tomás Copete, subinspector de los Mossos d’Esquadra y responsable del Área de Medios Técnicos, dependiente directamente de la Comisaría General de Información. Sus intenciones, pues, no dejan lugar a dudas. Copete también se había comunicado con la empresa italiana para que le hiciesen llegar información a otro agente de su despacho, según se desprende de los correos en poder de este diario.

El propio Gobierno de Mas había encargado, cuando Felip Puig era consejero de Interior, el desarrollo de un programa de espionaje llamado Cerberus

Otro correo interno del vicepresidente de Desarrollo de Negocio de Hacking Team fechado el 12 de marzo de este año detallaba que por el stand de la compañía en Farnborough, en una feria internacional de Seguridad, pasaron los representantes de los Mossos d’Esquadra. “Es la Policía catalana (Barcelona). Vieron una demostración completa. Tal vez tienen menos dinero…”. Se refería a que por el stand también desfilaron cuerpos como la Policía Nacional de Holanda, la Oficina Nacional de Investigación de Finlandia o la Policía Westmidland, de Reino Unido. Y no sólo estas: “Esta mañana, la Guardia Civil se acercó también, pero sólo para una discusión, pidiendo ‘cosas nuevas’”.

Que los Mossos d’Esquadra estaban interesados en la tecnología de espionaje puro y duro, pues, está fuera de duda. En los listados de Hacking Team, por si fuera poco, existe una docena de sus contactos con la Generalitat de Cataluña, esencialmente con los Mossos y con el Departamento de Justicia. Pero el tema del interés por espiar ya viene de atrás: el propio Gobierno de Artur Mas había encargado, cuando Felip Puig era consejero de Interior, el desarrollo de un programa de espionaje (llamado Cerberus) capaz de monitorizar toda la actividad de cualquier teléfono y que convertía a este en un micrófono ambiente o en una cámara de vídeo, todo ello por control remoto y sin que su dueño lo supiese. Puig negó los hechos al principio y no tuvo más remedio que aceptar luego este hecho ante las pruebas aparecidas.

Tras estallar ese escándalo, juntamente con los seguimientos a activistas del 15M por parte del Centro de Seguridad de la Información (Cesicat) y la creación de un CNI catalán, ERC unió sus fuerzas a CiU para evitar una comisión de investigación parlamentaria. Era lógico: el director del Cesicat, en cuyo ordenador había sido confeccionado el principal documento del CNI catalán, Tomàs Roy, era un hombre de ERC a quien CiU había permitido continuar en su puesto cuando ganó las elecciones en 2010. Bajo el mando de Roy, el Cesicat había seguido y examinado con lupa a activistas, políticos y periodistas durante meses, ejecutando el “control social de activistas” que al republicano Tardà tanto le preocupa que pueda haber hecho Madrid.

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