Es noticia
Mínimos incidentes y miles de banderas para pedir con una 'V' la consulta del 9-N
  1. España
  2. Cataluña
ALBERT RIVERA, INCREPADO EN PLAZA CATALUNYA

Mínimos incidentes y miles de banderas para pedir con una 'V' la consulta del 9-N

Ayer fue el cumpleaños del escritor barcelonés Ballcells Matas, que estaba muy contento de que la ciudadanía forme hoy una V gigante de Víctor en su ciudad.

Ayer fue el cumpleaños del escritor barcelonés Víctor Ballcells Matas, que estaba muy contento de que la ciudadanía forme hoy una V gigante de Víctor en su ciudad. He madrugado en Roses, provincia de Girona, y he cogido un tren de Cercanías que transportaba a varias escuadras del ejército independentista hacia las calles de Barcelona. El tren iba hasta arriba y el ambiente era festivo y familiar. Chicos y chicas, padres con niños pequeños y algún anciano venerable: todos vestían uniformados. Unos llevan camisetas rojas y otros amarillas, y aunque la intención del estilismo es formar un gran mosaico (el álbum de las mejores imágenes), esto ha creado dos bandos entre los independentistas:

-¡Visca la groga! ¡Viva la roja! -grita un padre rodeado de tomatillos con gorra.

-¡Vermella mijor! ¡Amarilla mejor! -responde otro padre, con su prole de pollitos jaleando su preferencia por el color amarillo.

No todos iban tan contentos. Frente a mí, un hombre calvo y torvo, con el cráneo de forma mussoliniana brillante por el sudor. Ha subido en Gerona, en el corazón social de la reivindicación independentista. Al preguntarle por el significado de la V que hoy dibujará la población a lo largo de la Avenida Diagonal y la Gran Vía de las Corts, responde:

-V de Victus, de Victoria y de Venganza.

-¿Venganza?

-Sí, vendetta catalana.

Vídeo: Imágenes aéreas de la Diada

Sobre la Voluntad popular o el Voto, no ha dicho nada. Posiblemente no haya escuchado a Artur Mas, que ha pasado todo el día repitiendo, en cada acto, que la asistencia masiva a esta Diada es prueba suficiente de la legalidad de la consulta. Nuestro vengativo señor, que era educado y tenía maneras muy amables, llevaba una curiosa banderola atada al cuello, llamativa por ser la más decrépita que cuantas he visto a lo largo de la mañana. Estaba el trapo tan desgastado que he supuesto que la bandera pasó colgada al sol un año entero, desde la última Diada. Lo que demuestra que el independentismo es una postura nostálgica.

En Barcelona, la multitud resulta imponente, pero no se habla de política, ni de la fecha mágica de 1714, ni del caso Pujol, ni de la consulta. Barcelona está tomada por familias vestidas de rojo y amarillo, por una masa inmensa y torrencial disfrazada de bandera, y las conversaciones, en catalán y en español, tienen que ver con el anecdotario habitual de la gente corriente y con las peripecias del verano. Grupos de amigos se reencuentran, se pintan en las caras los colores del día y hacen picnic en mitad de la Gran Vía. Incluso las Ramblas, zona fuerte de los turistas, aparece repleta de familias catalanas disfrazadas con los colores del ‘sí sí’. Paquistaníes cargados con banderas y sombreros baratos venden su mercancía. Los compradores, según cuenta Abú, que lleva toda la mañana bajo la solana de la Diada, son mayormente guiris.

Si uno pega la oreja, descubre el timo. Mucho guiri con bandera. Por eso, en la plaza de Jaume I, se ha plantado un señor con barba de chivo, varias pancartas y una urna colgada del pecho. Habla en catalán a la multitud de curiosos que le hacen fotos, aunque lo hace con acento extranjero:

-"¡La Ciutat Vella se presenta muy atípica hoy, pero mañana volverá a ser una 'guiridad' más! Descubierta en 1992, invadida, conquistada y ocupada. Ayúdanos a recuperar nuestra ciudad vella! ¡Yo soy el único catalán! ¡Soy el único que habla catalán en Ciutat Vella! ¡Abajo el imperio guiri!”

Luego reparte papelitos e improvisa una votación: ¿quiere usted castrar a los cabrones de la Generalitat?

Yo lo que quería era entrar a la Generalitat, que hoy está de puertas abiertas, por ver si encontraba detrás de algún tapiz o debajo de alguna maceta algunas monedillas olvidadas por el clan Pujol, pero a las 14:00 se presenta ante el edificio un grupo anticapitalista, con sonora pitada y protesta. Me acerco a uno de los manifestantes, que lleva camiseta amarilla y las orejas tachonadas de pendientes, y le pregunto qué planes tiene para esta tarde:

-¿Vas a ir a la V o a la A?

Porque los anarquistas animan a la gente que formar una línea en la calle Bruc, que conecta Gran Vía y Diagonal, de manera que la V de Vendeta se convierta en una A de Anarquía.

-Yo iré a la V, pero no sé si la haré.

Así que se puede estar en la V, formar parte de la V, aportar el color de la camiseta al grandioso mosaico que han preparado, pero con los brazos cruzados y sin convicción. Para que vean ustedes si hay pocos matices entre la muchedumbre uniformada.

Así que esta mañana las banderas lo ocultaban todo, incluso el fondo de confrontación y la relación viciada entre Cataluña y el resto de España. Sé por la prensa que a Albert Rivera le han pitado cuando participaba en el programa Al rojo vivo, que se emitía desde Plaza Cataluña, pero yo no estaba allí y no he visto más que familias apacibles y banderas. Yo pensaba que las banderas eran unos trapos inútiles, un símbolo de la separación entre iguales, pero en el tren, una chica se cubría los hombros con la estelada porque el aire acondicionado estaba muy fuerte.

Había niños entretenidos ondeando sus enormes banderas, y así los padres se tomaban un descanso; otros usaban la tela para construirse una visera bajo el sol, y un par de borrachos ondeaban las suyas para dar paso a las motos que pasaban por la calle, como en el Mundial de Moto GP. También vi a una chica preciosa que hizo un gurruño con su estelada, y así pudo apoyar la cabeza en el hombro huesudo de su acompañante…

Total, de momento, una mañana de familias haciendo picnic, comiendo sentadas por el suelo y hasta echándose una siesta reparadora bajo la sombra de los plátanos. Muchas banderas pero poca agresividad. Barcelona me recordaba a Madrid cuando vino el Papa Benedicto para el encuentro con las familias. Al fin y al cabo, como dice el escritor Sergi Bellver, el nacionalismo es una religión laica.

Y así, en paz y multitud, se aproxima la hora de la V. De pronto, hay una llamada silenciosa y las familias, a un tiempo, abandonan sus asentamientos y se dirigen hacia las calles de la V. Un treintañero sigue tumbado en el césped, como si estuviera muerto. Su novia le da una patadita. Le grita:

-¡Ara és l' hora!

Es el lema de la manifestación, que también sirve para meter prisa.

-Cinco minutitos más... -responde el durmiente.

Ayer fue el cumpleaños del escritor barcelonés Víctor Ballcells Matas, que estaba muy contento de que la ciudadanía forme hoy una V gigante de Víctor en su ciudad. He madrugado en Roses, provincia de Girona, y he cogido un tren de Cercanías que transportaba a varias escuadras del ejército independentista hacia las calles de Barcelona. El tren iba hasta arriba y el ambiente era festivo y familiar. Chicos y chicas, padres con niños pequeños y algún anciano venerable: todos vestían uniformados. Unos llevan camisetas rojas y otros amarillas, y aunque la intención del estilismo es formar un gran mosaico (el álbum de las mejores imágenes), esto ha creado dos bandos entre los independentistas:

Artur Mas Independentismo Cataluña
El redactor recomienda