DENUNCIAn LA ‘CONSPIRACIÓN CASTELLANA’

Jordi Pujol y Carod se suman a la teoría de que Colón y los Pinzón eran catalanes

Las nuevas teorías independentistas causan furor entre los políticos catalanes, incluso entre aquéllos que se habían caracterizado por su pragmatismo

Foto: El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol. (EFE)
El expresidente de la Generalitat Jordi Pujol. (EFE)

Las nuevas teorías independentistas que revisan la historia y tratan de convertir en catalanes a insignes personajes históricos están causando furor entre los políticos catalanes, incluso entre aquellos que se habían caracterizado por su pragmatismo. Uno de los principales conversos es el expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, que el 30 de marzo del 2012 envió una carta de felicitación al historiador Jordi Bilbeny, jefe de investigación del Institut Nova Història (INH) porque le habían enviado el libro Descubrimiento y conquista catalana de América. Una historia reescrita por los castellanos.

Esta entidad, encabezada por Bilbeny, es la que apoya todas las teorías de que no sólo el descubrimiento de América fue hecho exclusivamente por catalanes (incluso los Pinzón eran de estas tierras y su verdadero apellido, aseguran, era Pinçon), sino que el propio Cristóbal Colón era un noble barcelonés llamado Joan Colom y que el viaje no fue financiado por los Reyes Católicos. Todo se debe, aseguran sin rubor, a una conspiración elaborada milimétricamente durante siglos desde Castilla para robar la historia a los catalanes.

Pinche para leer la carta de Jordi Pujol.
Pinche para leer la carta de Jordi Pujol.

Así, los supuestos nuevos historiadores de Cataluña reclaman también la catalanidad de un montón de personajes históricos como Cervantes, Miguel Servet, Francisco Pizarro, Diego de Almagro, Hernán Cortés, Juan Sebastián Elcano, Santa Teresa de Jesús o San Ignacio de Loyola. Incluso uno de los investigadores del INH reivindica que Erasmo de Rotterdam era catalán e hijo de Colón.

Además, aseguran que El Quijote, La Celestina o El Lazarillo de Tormes eran obras catalanas y escritas en catalán que fueron usurpadas por los castellanos. Se basan, para ello, en supuestos catalanismos de estas obras (en aquellos momentos, castellano antiguo, gallego y catalán, por ejemplo, tres lenguas románicas, tenían más similitudes que actualmente).

Pero esas teorías gustan a una clase política que en los últimos años se ha puesto la historia por montera y busca nuevos horizontes nacionales para Cataluña. De ahí que Pujol señalase en su carta que los libros del INH “son muy convincentes” y que “poco a poco van haciéndose hueco”. Y remataba: “Os quiero felicitar por el trabajo, el buen trabajo que hacéis. Y os animo a continuar en esta misma línea”. Luego, añadía de su puño y letra: “Ahora saldrá una novela sobre la estancia de Colón en Portugal. Es de Martí Anglada. Y habla de Colón dando por hecho que era catalán”.

Dos ‘fichajes’ de peso

Pero Pujol no es el único enamorado de las nuevas teorías conspiratorias. El exvicepresidente del Gobierno catalán Josep Lluís Carod-Rovira es otro que tal. El pasado 3 de abril, Carod asistió a la presentación de la reedición del libro Brevísima relación de la destrucción de la historia, de Jordi Bilbeny, donde denuncia la conspiración de Castilla contra Cataluña para hacer ver que Colón no era catalán y para apropiarse de todos los méritos del descubrimiento. El acto tuvo lugar en la Casa América de Barcelona y junto a Bilbeny y Carod se sentaba también Josep Rull, secretario de Organización de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), que ha asumido muchas de las competencias que tenía Oriol Pujol como secretario general. Las teorías conspirativas, pues, pueden alardear de dos fichajes de peso.

Los discursos de Carod y Rull no dejan lugar a dudas de cómo las tesis de los investigadores del INH van calando entre la clase política catalana. “Lo que explica este libro es tan heavy metal que parece imposible. Y al leerlo, acabas cuestionando la verdad oficial del descubrimiento de América. Los que no conocíamos la tesis que difunde Bilbeny, y con la que poco a poco nos ha ido haciendo cómplices, sorprende la magnitud de la operación. Es muy bestia lo que se explica en el libro, porque se borra todo rastro, por minúsculo que sea, de la catalanidad del Descubrimiento”, dejó dicho Carod.

El exvicepresidente catalán asegura que en esa conspiración desaparece “hasta el mismo nombre del país, la simbología, la heráldica, las banderas, los símbolos, se disfrazan los colores, la cruz de Sant Jordi, la catalanidad de los nombres y se llega a intervenir incluso en la grafía de determinadas palabras, por lo que se demuestra justamente cómo todo es un montaje”. ¿Y de quién? Carod lo tiene claro: si algo huele a catalán, se activa el Tribunal Constitucional del siglo XV o, si no, la Conferencia Episcopal (sic). Carod afirma también que Bilbeny “desmonta punto por punto toda la operación de camuflaje, ya que todo fue una verdadera operación de Estado, perfectamente diseñada, en la que se llegaron a retocar los grabados de la época y se modificaron con toda normalidad frases históricas. Eso no se improvisa”.

A la espera de la ‘comunidad científica’

El convergente Josep Rull no se quedó atrás en su alocución. “A medida que te sumerges en los trabajos de Bilbeny y su equipo, la presunción de verosimilitud que tenías como primera impresión se va reforzando y te va generando ese sentimiento de perplejidad, de una cierta indignación, sorpresa y rebeldía”. El dirigente convergente señala que hay pruebas que sostienen la gran conspiración de Castilla y que, ante eso, “es imposible permanecer indiferente, por lo que te produce la necesidad de leer más cosas de Bilbeny”.

Rull señaló que los primeros campesinos que fueron a América “llevaban barretina”, cuando “en Castilla nadie la llevaba” y sostiene que en las carabelas de Colón ondeaban banderas catalanas, no castellanas. Por tanto, la conclusión es lógica: “Como pueblo que perdió la guerra, nos impidieron conocer nuestra propia historia”.

Claro que los métodos “científicos” fallan. Por ejemplo, Pep Mayola, que reclama que Erasmo era en realidad Ferran Colom, hijo de Cristóbal y barcelonés de nacimiento, o que Pizarro y Almagro eran catalanes, se basa únicamente en un método al parecer infalible: “Se trata de leer entre líneas, de no creer según qué”. Y Mayola es, junto a Bilbeny, el investigador estrella del INH.

Un dossier que ha realizado sobre Juan Sebastián Elcano, por ejemplo, delata la manipulación de algunos pseudoinvestigadores. Según los partidarios de la catalanización del navegante, este se llamaba Joan Caçinera del Canós. Se basan para ello en algún documento donde aparece firmando J. del Canós. Pero en realidad, en esa firma no existe el acento. Es simplemente, una extensión de la rúbrica que llega hasta la parte superior de la o final. Y en todos los demás documentos aparece la firma como Del Cano y Del Caño (en varios de ellos). Este simple detalle desmontaría su catalanidad, puesto que no existe la ñ en catalán.

Una plaza polémica

Por si fuera poco, el inventor de la teoría de que Colón era catalán, el historiador peruano Luis Ulloa, disfruta desde hace dos años del nombre de una plaza en Barcelona. El pleno del distrito de Ciutat Vella aprobó el 3 de mayo del 2012 dedicarle el espacio público porque hizo esa “osada propuesta” de catalanidad del descubridor ya en el año 1927. 

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