El soberanismo catalán pierde la batalla del ‘asalto’ al Liceu de Barcelona
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UNA ALEMANA DIRIGIRÁ LA INSTITUCIÓN MUSICAL

El soberanismo catalán pierde la batalla del ‘asalto’ al Liceu de Barcelona

El Gran Teatro del Liceu de Barcelona aprobará el 27 de junio el nombramiento de Scheppelmann como nueva directora artística de la institución

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Gran Teatre del Liceu.

El Gran Teatro del Liceu de Barcelona aprobará el próximo día 27 de junio en su comisión ejecutiva el nombramiento de Christina Scheppelmann como nueva directora artística de la institución, con el fin de que se incorpore en septiembre, a punto para comenzar la temporada. El proceso político catalán, que impregna y contamina, en mayor o menor medida, todas las actividades institucionales, políticas, económicas, empresariales o sociales de esta comunidad, no ha podido hacer nada en este caso. Es cierto que en ese proceso cobran especial relevancia las instituciones que agrupan a lo que se conoce como la sociedad civil catalana y que en la institución musical por antonomasia de Cataluña, esa contaminación sube enteros. Pero los cimientos del Liceu han sido un hueso demasiado duro de roer.

De hecho, un sector catalanista lleva años intentando colocar al frente de esta enseña musical a alguien de prestigio, pero afín al soberanismo. Por ello, la filtración, ayer, del nombre de Scheppelmann ha levantado ampollas, ya que había postulados nombres catalanes y catalanistas para su sillón. En los últimos años, algunos círculos vinculados no sólo a partidos como puedan ser ERC, sino a instituciones como Òmnium Cultural o el Ateneu han estado modelando la presentación de una candidatura potente para ese puesto. Pero la decisión ya está tomada y representa un duro golpe a las aspiraciones soberanistas.

En realidad, elLiceuha hecho lo que muy pocas instituciones de su nivel se atreven a hacer:convocar un concurso públicopara escoger al director musical. En noviembre pasado, se hicieron públicas las bases y en enero se cerró el plazo para presentar candidaturas.Se presentaron 49 candidatosde 11 nacionalidades diferentes. Y ganó la alemanaScheppelmann, que hasta ahora era la directora artística y directora general de la Royal OperaHousedeMuscat, deOmán, la mayor institución musical de Oriente Medio.

En Barcelona, un sector político y social mantenía un pulso para promover a Àlex Serraclara. Es más: hace un tiempo, Serraclara fue presentado como candidato a director general y director artístico al mismo tiempo, cobrando un solo sueldo en vez de dos. “Es músico y es abogado, además de entender de finanzas. Hubiese sido un excelente gestor del Liceu”, dice a El Confidencial una persona de su entorno. Y desde Esquerra se apoyaba firmemente su postulación.

No pudo ser. Y ahora tampoco, lo que ha provocado malestar entre algunos círculos políticos. De hecho, las instituciones catalanas han sufrido desde hace algunos años el “asalto” de candidaturas soberanistas. Entre otras, el Ateneu de Barcelona, que celebró elecciones hace escasas semanas y de la sociovergencia que había dominado los últimos cuatro años pasó a junta proindependentista.

El control de CiU

El Liceu, como institución musical por excelencia, era uno de los objetivos a batir. “Aquí tenemos gente muy preparada para dirigir la institución, por lo que no tenemos que buscar profesionales de fuera”, subrayan fuentes de este entorno a El Confidencial.

Desde los sectores críticos, se considera que el nombramiento de Scheppelmann “es un síntoma más de que el stablishment sigue dominando la sociedad civil catalana. El Liceu ya puso al frente del patronato a Joaquim Molins, un hombre puro de Convergència [había sido líder de la oposición municipal, portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados y consejero de Economía con Jordi Pujol]. Y luego, se llevó de director general a Roger Guasch, el hombre al que CiU puso en la Alianza para sanear las finanzas de la mutua. Ahora, cierran el paso a cualquier aire nuevo. En otras palabras, las élites políticas y económicas siguen manejando las instituciones a su antojo. Y aquí CiU ha mostrado su verdadera cara, evitando la apertura del Liceu a los nuevos tiempos”.

Desde la institución musical, se contrarrestan los argumentos de los críticos. “Lo que se hizo fueun proceso inédito para escoger la nueva dirección artística, puesto en la práctica totalidad de los teatros del mundo se eligen los responsables a dedo. Se presentaron profesionales de todo el mundo con un altísimo nivel profesional y muchos de ellos con cargo en teatros importantes. Y en las bases se explicaba muy claramente los requisitos que queríamos: tener experiencia internacional, conocimiento de producciones y de artistas de nivel mundial, conocimientos de programación, de producción de obras y criterios económicos para estas programaciones. Por tanto, se llegó a la elección deChristinaScheppelmannporcriterios estrictamente profesionales”, explica una fuente delLiceuaEl Confidencial.

Scheppelmann lleva 21 años de directora artística en diferentes instituciones. De ellos, 17 años los pasó en Estados Unidos (durante 7 años fue directora artística de lña Ópera de San Francisco, una de las más importantes del mundo, y durante otros 10 años, de la Washington National Opera). Además de haber sido asistente de la dirección artística del emblemático La Fenice, de Venecia, ya estuvo en el Liceu entre 1992 y 1994 como directora artística adjunta con Albin Hänseroth. “En los sitios donde ha estado, ha promovido escuelas de óperas de niños. Ya lo hizo en Estados Unidos, pero también en Omán, donde ha recuperado la música tradicional de la región del Golfo”, subrayan las fuentes.

A su favor cuenta también que es una consumada políglota y que “es muy sensible con el entorno social donde trabaja”, lo que no acaba de convencer a sus detractores, que destacan su fuerte carácter. Desde otros círculos, en cambio, aseguran que “la gente que trabaja con ella acaba encantada”.

De lo que no cabe duda es de que su nombramiento ha sentado mal en algunos círculos que querían el puesto de director artístico para valores locales que llevan años esperando. Y aunque en algunos círculos se minimizan sus virtudes, nadie puede discutirle su extenso curriculum y su labor como profesional de primera fila en los últimos años: fue capaz de llevar a Omán no sólo las grandes producciones internacionales de danza y ópera, sino que también fue capaz de programar recitales y conciertos sinfónicos “con la participación de voces líricas y directores de orquesta de primera línea”. Parece ser que su potente voz eclipsa, de momento, a cualquier reivindicación independentista.

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