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¿Está Sevilla más sucia que nunca? El talón de Aquiles del Gobierno a 9 meses de las elecciones
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Más medios y más trabajadores

¿Está Sevilla más sucia que nunca? El talón de Aquiles del Gobierno a 9 meses de las elecciones

Las críticas de la oposición y la ciudadanía se agudizan y las inversiones millonarias en la empresa municipal siguen sin lucir a un alcalde que ha creado una delegación específica para aprobar una eterna asignatura pendiente

Foto: Basura acumulada en una calle de Sevilla. (Cedida)
Basura acumulada en una calle de Sevilla. (Cedida)

Lo primero que hizo Antonio Muñoz tras ser investido alcalde a primeros de enero fue crear una delegación municipal específica de limpieza, poner al frente de ella a un teniente de alcalde, Marisa Gómez, y nombrar a un nuevo gerente, Lucrecio Fernández, con un perfil mucho más institucional. Es un giro que demuestra que éste es un problema para la ciudad. La capital podría estar mucho más limpia, según admite un Gobierno municipal que se afana, sin éxito por ahora, en corregir esta asignatura pendiente.

Sevilla está sucia, pero no es un problema nuevo, más bien es un mal crónico que ningún alcalde ha resuelto en los últimos mandatos pues la percepción generalizada de los vecinos es que la ciudad sólo relució en tiempos de la alcaldesa Soledad Becerril y eso fue a finales del siglo XX. El tema es complejo, no todo es imputable a los servicios públicos, sino al propio ciudadano que necesita una buena dosis de pedagogía y civismo. Y a lo que se suman las dificultades que añade la climatología, con escasos días de lluvia al año.

placeholder Suciedad en las inmediaciones de la Torre del Oro. (Pablo Rivas Real)
Suciedad en las inmediaciones de la Torre del Oro. (Pablo Rivas Real)

Pero, una vez que el actual alcalde lanzó el desafío, la limpieza se ha convertido en un talón de Aquiles cuando el contador electoral ya está activado. La oposición hace bandera de la suciedad que se observa en las calles y las plazas y que brinda siempre una eficaz campaña: ¿Cuánto desgasta la foto de una rata muerta en una acera del centro de Sevilla el día del Corpus? ¿Y la de un concejal haciendo una prueba con alcohol y algodón que descubre el verdadero color blanco del pavimento de una avenida? Al margen del punto demagógico, basta con pasear por la ciudad o echar un ojo a las redes sociales para ver cómo se amontonan las quejas y fotos-denuncia que obligan a la empresa municipal Lipasam a actuar también a demanda y al Gobierno municipal, a revisar su estrategia.

El plan de trabajo que se puso en marcha hace cuatro meses contemplaba una mayor coordinación entre los distintos servicios municipales, partiendo de la premisa de que la limpieza y la conservación del viario y los espacios públicos son una responsabilidad compartida de todas las áreas de Gobierno y para la que es imprescindible también la cooperación ciudadana. De hecho, se puso en marcha un Plan Ciudad orientado a mejorar la limpieza en el que se han invertido ya tres millones de euros para la contratación de personal (más de mil contratos adicionales externos) y otros seis millones en la compra de nueva maquinaria, contenedores, repuestos y punto de reciclaje.

Si hay más medios y más trabajadores ¿por qué no luce el plan? Muchos coinciden en que el problema está en la propia empresa, con una plantilla muy consolidada y con la que no ha sido fácil negociar prácticamente nunca, tampoco imponer nuevos métodos de trabajo. En 2013 los trabajadores de Lipasam echaron un pulso al gobierno al rechazar recortes salariales que derivó en una huelga de once días que hizo que se acumularan en las calles de la ciudad más de 7.000 toneladas de basura. El entonces alcalde del PP se negó a resolver el conflicto a base de sumar más privilegio a la plantilla y de ceder a los chantajes en las fechas más inoportunas y se apuntó un tanto.

Por eso desde muchos sectores sociales piden al actual alcalde que no le tiemble la mano y actúe con firmeza para que Lipasam cumpla con sus objetivos. Y desde la oposición se pide una empresa “más profesionalizada”, en palabras del grupo de Ciudadanos; y se le afea al Gobierno municipal que “privatice” servicios, como por ejemplo un contrato externo para limpiar manchas incrustadas en el pavimento. Refuerzos que se añaden a un acuerdo de estabilización de 450 plazas para que el efecto no sólo se observe en periodos y campañas especiales, sino durante todo el año.

placeholder El líder popular en el Ayuntamiento de Sevilla visita una calle llena de grafitis. (Cedida)
El líder popular en el Ayuntamiento de Sevilla visita una calle llena de grafitis. (Cedida)

El Ayuntamiento anunció recientemente que en dos semanas de baldeos intensivos a alta presión se habían limpiado más de 380 calles en 40 barrios. ¿Es mucho o poco? Es insuficiente dada la dimensión de una ciudad que cuenta con más de 100 barrios, una urbe turística donde, por necesidad, se distingue entre los planes de limpieza diaria del centro histórico que frecuentan los visitantes y el resto de la capital. “Los barrios de Sevilla no están para más pruebas pilotos de limpieza. Lo que hay es que gestionar bien los recursos, planificar los servicios diarios, contar con los magníficos profesionales, dotar a Lipasam de los medios necesarios y actuar con inmediatez”, apunta en redes sociales el candidato del PP a la Alcaldía, José Luis Sanz.

El alcalde confía en que “pronto” comiencen a notarse los efectos de su estrategia de limpieza que contempla también un capítulo importante de concienciación social que evite también la proliferación de pintadas y grafitis en las fachadas. Una ordenanza de 2014, cuando el PP estaba en el gobierno de Sevilla, fija la limpieza de las fachadas a los edificios públicos y sólo privados si se trata de mensajes ofensivos. Sólo el año pasado Lipasam actuó en 1.500 inmuebles, lo que da idea del alcance de este problema.

Lo primero que hizo Antonio Muñoz tras ser investido alcalde a primeros de enero fue crear una delegación municipal específica de limpieza, poner al frente de ella a un teniente de alcalde, Marisa Gómez, y nombrar a un nuevo gerente, Lucrecio Fernández, con un perfil mucho más institucional. Es un giro que demuestra que éste es un problema para la ciudad. La capital podría estar mucho más limpia, según admite un Gobierno municipal que se afana, sin éxito por ahora, en corregir esta asignatura pendiente.

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