UNA MASACRE DE 109 MUERTOS CIVILES

Cabra, el pueblo de Carmen Calvo, y el mayor bombardeo del Ejército republicano

La vicepresidenta resalta el valor de recuperar la memoria de lo que pasó en su municipio natal hace ya 81 años. Un monumento para todas las víctimas, paralizado en el cementerio

Foto: Miguel Güeto, ayer, enseñando la único foto que conserva de su abuelo, justo en el lugar donde murió tras el bombardeo que sufrió Cabra (Toñi Guerrero).
Miguel Güeto, ayer, enseñando la único foto que conserva de su abuelo, justo en el lugar donde murió tras el bombardeo que sufrió Cabra (Toñi Guerrero).

— Abuela, ¿qué pasó con el abuelo?

Dolores Jiménez le explicaba al niño Miguel que vinieron unas bombas al pueblo y las bombas lo mataron. Y ya está. Era algo tabú. Ni con el pequeño, ni con los mayores.

De la Guerra Civil no se hablaba.

Juan Moreno tenía unos 60 años. Y unos días antes de morir en el mercado de abastos de Cabra (Córdoba), se negó a saludar con la mano levantada. La comitiva falangista ya le tenía ‘fichado’. “Te hemos visto. Sabemos quién eres. Ya te acordarás”.

El 7 de noviembre de 1938, hace casi 81 años, un trozo de metralla impactó en el cráneo de Moreno. Eran las ocho de la mañana y en la plaza hoy llamada de España, y donde se ubica el actual Ayuntamiento, los jornaleros se reunían para irse a la faena del campo. Y los hortelanos traían sus productos para venderlos.

Fueron 200 kilos de bombas lanzadas por aviones soviéticos. 109 muertos civiles y más de 100 heridos. La mayor masacre sobre una población civil provocada el Ejército republicano. Moreno iba a la Casa del Pueblo y sus ideas eran socialistas. Quizá unos días después del aquel fatídico 7 de noviembre le hubieran ‘invitado’ a un paseíllo por negarse a seguir las indicaciones del bando nacional.

El jardín de la concordia

Miguel Güeto nació en 1956. Es trabajador social del SAS (Servicio Andaluz de Salud) y ha sido portavoz del PSOE y segundo teniente de alcalde del Ayuntamiento de Cabra. Güeto impulsó la construcción de un monumento en el cementerio a todas las víctimas, no solo las del bombardeo, sino a los fusilados (más de 50) y los caídos en el frente de guerra; a izquierda y a derecha. Todos.

El monumento está paralizado. Está construido el prisma, pero faltan los nombres. También queda por inaugurar lo que se ideó alrededor: el llamado jardín de la concordia. “Hay que construir ciudades de paz”. Esta idea la tiene muy clara. En 2008 viajó a Granollers (Barcelona) a un encuentro de municipios bombardeados. Él era el único representante público de una localidad que no fue bombardeada por La Legión Cóndor o los italianos. Allí estaban representantes de Guernica, Durango o Alcañiz.

La vicepresidente Carmen Calvo y Miguel Güeto, ayer, en la Plaza de España de Cabra (Toñi Guerrero).
La vicepresidente Carmen Calvo y Miguel Güeto, ayer, en la Plaza de España de Cabra (Toñi Guerrero).

“Yo no quiero remover nada, lo que hay que aprender es de la historia para que no se repita”, subraya. La oposición (del PP), ahora en el Gobierno municipal, le dijo que “estaba levantando heridas”. El alcalde (Fernando Priego) no es que haya rechazado el monumento, pero ahora mismo no hay fecha para su remate.

Han encargado presupuesto para los marmolistas, pero falta definir las palabras que contendrán. Quizá una poesía. Güeto quiere algo de impacto. Esta es la frase que plantea: “La ciudad de Cabra en recuerdo a lo que jamás debió ocurrir”. “Mi abuela no pudo poner flores a su hermano porque no sabía dónde estaba y es lo que hay que superar”, apunta.

Son las 14.15 horas y una señora pasa por la plaza. No va ni muy deprisa, ni despacio. Es la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo. Cabra es su municipio natal y tiene un almuerzo familiar al que no quiere llegar tarde. Está de campaña electoral, claro.

Calvo indica a El Confidencial que de la Guerra en Cabra solo recuerdo lo que le decía mi madre: los italianos que iban a las peluquerías: "Rappa tutto"

Calvo dice que no ha parado de recibir felicitaciones tras la exhumación de Franco. “Llegó un momento en el que tenía el móvil colapsado de tantos mensajes y no eran mensajes políticos sino palabras de ‘gracias’. ‘Gracias por mis tíos y por mi padre que hoy descansa’. Era importante hacerlo”.

La vicepresidenta, hija de un vaquero egabrense, se refiere a la “desgracia” de la Dictadura. “Por su culpa no hemos podido tener memoria”. “La gente empezó a hablar después, pero como no se hablaba tú no tenías memoria directa. De la Guerra en Cabra solo recuerdo lo que me decía mi madre… la cantidad de italianos que iban a las peluquerías y le decían: “Rappa tutto”, o sea, córtalo todo”.

Silencio obligatorio

En Cabra, cuando alguien se corta el pelo mucho, se dice “Rappa tutte”, "pélame a ‘rappa tutte". “Cuando de mayor hilaba cosas, no se hablaba de la guerra, ni del bombardeo, ni de nada… lo que tengo son recuerdos de vida cotidiana más que de la Guerra. Te quedan flashes de cuando eres una niña, de cosas nimias. Durante la Dictadura hubo un silencio obligatorio con el dolor de no recordar”.

Calvo contesta por WhatsApp con las palabras “Bs” a sus compañeros de partido de Cabra cuando les envían temas locales. “Joaquín me envió una foto y a veces contesto solo con ‘Bs’ a algo que hicisteis con el bombardeo”. “Todo el mundo se equivoca”, admite, “si se piensa que 40 años después no somos tan fuertes como Democracia ni tan maduros como para no poder recordar. Se equivocan quienes dicen eso. Se equivocan también los que piensan que los que han sufrido un silencio no se merecen el mismo respeto que los demás que han podido tener sus muertos en listas”.

No quiere seguir hablando. Su equipo mira como pidiendo la hora.

— Que me voy, que me voy; voy a comer.

Antes de irse, vaticina que el debate electoral del lunes “no influirá tanto”. “Será durante la semana cuando el votante progresista se dará cuenta de todo lo que la derecha será capaz de hacer con tal de intentar arrebatarnos la victoria”.

Monumento a medio terminar en el denominado 'Jardín de la concordia' del cementerio de Cabra (Toñi Guerrero).
Monumento a medio terminar en el denominado 'Jardín de la concordia' del cementerio de Cabra (Toñi Guerrero).

Miguel Güeto se despide de la vicepresidenta y saca de su cartera la fotografía, fechada en 1935, de su abuelo. Está orgulloso. También de los años que vivió en Cataluña. Fue funcionario del Ayuntamiento de Rubí (Barcelona) y fue allí cuando conoció la letra del himno de Andalucía. “Me crispa mucho la situación actual. No hay que tener odio”, remata.

"Símbolo de conciliación"

El profesor Antonio Arrabal rescató la memoria de la masacre con su libro ‘El bombardeo de Cabra’. ‘El Guernica de la subbética’. “Fue una maniobra de distracción de las fuerzas gubernamentales, que aprovecharon la concentración de efectivos que había en la batalla del Ebro”, declaró Arrabal a ‘ABC ‘. Este diario no ha podido conversar con Arrabal a pesar de las reiteradas llamadas y mensajes por WhatsApp.

El alcalde de Cabra, Fernando Priego, del PP, manifiesta en declaraciones a El Confidencial que hay creada una comisión de memoria histórica que debe elaborar un listado de nombres para terminar el monumento que será "un símbolo de conciliación", asegura. "La comisión se creó cuando ya gobernábamos nosotros. Una vez tengamos a todas las víctimas, terminaremos el momumento. Queremos hacerlo a la mayor brevedad posible, pero es compleja su elaboración".

Una señora reza, ayer, en el cementerio de Cabra (Toñi Guerrero).
Una señora reza, ayer, en el cementerio de Cabra (Toñi Guerrero).

A las 12 horas empieza la eucaristía en conmemoración del Día de Todos los Santos en el cementerio municipal. Están las autoridades del pueblo. Más de 500 personas escuchan las palabras del sacerdote. Un trabajador explica a este diario que la herida no se ha cerrado en Cabra. “Está muy abierta. El recuerdo sigue vivo y latente. Todavía no se ha dado el carpetazo definitivo. Yo creo que es mejor ir olvidándolo. Imagínate vivir con un odio que te hace daño a ti mismo. Va siendo hora de que se viva el día a día”.

"Ni olvidarlo, ni recordarlo"

En el monumento del cementerio hay varias adolescentes que miran su móvil. Y familias pasean por los nichos (hay 1.500 vacíos) recordando a sus padres, a sus abuelos. La memoria. “Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, dice el manifiesto de homenaje que leyó Miguel Güeto.

En la puerta del camposanto, Joaquín Cazorla y Manuel Padilla, de 82 años, están sentados, cada uno con su bastón, mirando cómo la Policía Local ordena el tráfico. “Aquello fue un imprevisto, según dicen. A mí me llevaron a unos huertos que había en las afueras para refugiarme. Yo creo que no hay que ni olvidarlo, ni recordarlo. Recordarlo, creo yo, tampoco interesa. Eso ya pasó. Lo que sí me acuerdo es de mucha hambre y calamidades que pasé durante la posguerra”.

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