ASENTAMIENTOS DE INMIGRANTES

Vivir como en el tercer mundo, trabajar en el primero: así arden las chabolas de Huelva

Más de un millar de extranjeros, la mayoría con permiso de trabajo, malviven en Huelva en asentamientos que suelen ser pasto de las llamas, sin que empresarios y políticos actúen

Foto: Un hombre observa el estado en que ha quedado el asentamiento de inmigrantes en Lepe (Huelva) tras el incendio. (EFE)
Un hombre observa el estado en que ha quedado el asentamiento de inmigrantes en Lepe (Huelva) tras el incendio. (EFE)

“¿Quieres conocer la explotación y la semiesclavitud en pleno siglo XXI? Pues pasa y mira”. Habla Antonio Abad, de la asociación Asisti. “Un marco aceptado por todas las administraciones, ayuntamiento, Junta y Estado”, agrega. Se perdió la cuenta del número de incendios. No son solo los 150 inmigrantes que han pasado las últimas noches en el polideportivo de Lepe tras haber visto cómo apenas en tres horas las llamas devoraban sus chabolas. Hay unos 1.500 extranjeros viviendo en varios asentamientos en la provincia de Huelva. Son datos del informe publicado en 2018 'La realidad de los asentamientos chabolistas en la provincia de Huelva', elaborado por todas las asociaciones y ONG que se sientan en la llamada Mesa de la Integración. Las cifras son de 2017, pero “se mantienen hoy ligeramente al alza”, aseguran desde Huelva Acoge.

Vivir como en el tercer mundo, trabajar en el primero: así arden las chabolas de Huelva

“Cuando celebremos el día mundial de la pobreza, no olvidemos que no hay más pobreza que esta con la que convivimos y estamos viendo cada día”, señala Javier Pérez, de la Fundación Cepaim, en alusión a este jueves. A un lado de la carretera, a las afueras de Lepe, hay un centro comercial donde las grandes superficies hacen negocio. Al otro, hasta la noche del lunes, se ubicaba uno de los mayores asentamientos chabolistas de la zona. El parque comercial Lepe Sur vendía hamburguesas de una gran cadena estadounidense a pocos metros de un deprimente paisaje de plásticos convertidos en infraviviendas. “La situación es dramática”, coinciden los voluntarios que trabajan en la zona. Tras el incendio, el segundo en el mismo asentamiento en pocas horas, los extranjeros pasaron la noche en el polideportivo municipal, que los acogió de nueve a nueve. Pero el ayuntamiento ya avisó de que es algo puntual. Hoy quedarán sin cobijo.

Se quedan sin nada

Las ONG instalaron el martes una carpa informativa donde ayudar en lo más urgente. Sobre todo, en recuperar su situación legal. Las llamas han arrasado con todo lo que tenían. También con sus papeles y documentación. Este miércoles, mantuvieron una reunión en la que repartirse el trabajo. Van por delante de las administraciones. “La actitud de los inmigrantes es pacífica y positiva, pese a todo”, señala Abad. Quienes conocen bien la zona sitúan el asentamiento que ha ardido en 2000 o, como mucho, indican, 2002. No hay respuesta oficial.

Ya no queda nada. Las llamas destruyendo con voracidad el 90% del asentamiento. “Fue cuestión de pocas horas. Al momento, la Guardia Civil acordonó la zona. Puso vallas. A la mañana siguiente, entraron las máquinas para desmontar las pocas chabolas que quedaron en pie. Ha sido visto y no visto”, explican los voluntarios. Los bomberos acudieron rápido a la llamada, pero no pudieron intervenir. Las explosiones se sucedían, posiblemente por las bombonas de butano que había en las infraviviendas.

Los asentamientos forman parte del paisaje desde hace 20 años. "El único efecto llamada es el trabajo"

Hace ya 20 años que los asentamientos chabolistas forman parte del paisaje en algunas localidades de Huelva. Mazagón, Lepe, Palos de la Frontera, Lucena del Puerto y Moguer conocen bien esta realidad. Están directamente ligados a la mano de obra inmigrante para la agricultura intensiva de la fresa y otros frutos rojos. Los ocupan mayoritariamente hombres, magrebíes y subsaharianos (70%). En contra de lo que mucha gente piensa, la mayoría sí tiene permiso de trabajo (74%). Hay también mujeres e incluso menores, no acompañados o con sus familias. Las chabolas, hechas de palés de madera, tubos de riego y plásticos de los invernaderos, son altamente inflamables. Una chispa de una lumbre en la que se cocina o se calienta agua para los baños o un cigarro mal apagado ocasionan con periodicidad incendios que arrasan los asentamientos y que suelen ser fortuitos.

Del invernadero a la cuadra

Hay distintas tipologías de chabolas, perfectamente identificadas por las asociaciones y ONG de la zona. Chabolas de estancia y chabolas de duchas o cocinas, que utilizan de forma común. Algunos asentamientos tienen huertos, donde cultivan por ejemplo hierbas para el té, algo muy habitual para la población subsahariana. Sus habitantes vienen de Malí, Ghana, Marruecos, Rumanía y Senegal, mayoritariamente. Muchos han intentado tener una vivienda, alquilar, pero no hay. Los precios son elevados y los propietarios suelen evitar alquilar a inmigrantes. Esta mano de obra va de la recogida de naranja a los 'berries', de la venta ambulante por la playa a la limpieza de cuadras o la vigilancia de fincas y chalés.

Tan solo un 10% de los asentados consigue trabajar de siete a 12 meses al año. Alrededor de un 48% logra tener un empleo entre cuatro y seis meses. El 32% restante solo puede trabajar de uno a tres meses. Entre las consecuencias más grave de vivir en condiciones inhumanas, Cáritas apunta al alcoholismo. Cada vez que hay un incendio y lo pierden todo, atraviesan una situación muy dura.

Imagen de las llamas producidas por el incendio en el asentamiento. (EFE)
Imagen de las llamas producidas por el incendio en el asentamiento. (EFE)

Políticos a pie de chabola

Por esos asentamientos han paseado diputados del Congreso, eurodiputados, diputados andaluces... Los mismos voluntarios los han acompañado para que vieran de primera mano la realidad que viven esos inmigrantes. El pasado junio, el Parlamento andaluz aprobó por unanimidad, Vox sumó sus votos, una proposición que exigía eliminar de una vez los asentamientos. Recordaba que ya en 2014 hubo un pacto de todas las administraciones para actuar cuanto antes. Adelante Andalucía sostuvo en ese debate que los responsables son los empresarios y exigió a la Inspección de Trabajo que redoble esfuerzos. Los ayuntamientos están obligados a empadronar a quienes viven en estos asentamientos. Tratan de evitarlo, según denuncian las asociaciones que trabajan en la zona. Este martes, los voluntarios citaron a los extranjeros en los aparcamientos del parque comercial y, además de darles ropa y alimentos, les ofrecieron asesoramiento jurídico y los inscribieron en un censo no oficial.

“Solo hay un efecto llamada”, avisan quienes trabajan en la zona, “el trabajo”. La alta demanda de mano de obra en momentos puntuales. En el pueblo de Lepe, señalan el asentamiento como un nido de venta de drogas y prostitución. “No es verdad. Hay muchos prejuicios. Habrá, claro que sí, eso no trae nada bueno, pero en un porcentaje mínimo”, sostiene Javier Pérez. ”Hay muchos prejuicios. Es el tiempo de los bulos”, asegura. “No son indigentes. No son personas sin hogar como pensamos. Son los trabajadores que levantan la zona. De los que se nutren las empresas que son el motor económico de Huelva. Sostienen la economía y los empresarios callan. No sería tan caro. Un 'camping' con 'bungalows' de construcción barata”, defiende Abad.

Andalucía

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