500 personas juegan cada año a este deporte

El milagro del béisbol en Benamejí: la fiebre popular logró un campo millonario

En 1985 se empezó a jugar en este municipio cordobés de 5.000 habitantes. Tienen una instalación que costó 1,2 millones. La mitad del pueblo lo ha practicado alguna vez

Foto: Un grupo de benamejicenses jugando al béisbol.
Un grupo de benamejicenses jugando al béisbol.

No eres de Benamejí si no has tocado el tambor en Semana Santa… y no has jugado alguna vez al béisbol. Antes de 1985 nadie jugaba a este deporte, minoritario en España, pero que ha practicado la mitad de este pueblo. Benamejí tiene 5.000 habitantes. Se sitúa en la Subbética cordobesa, a 10 minutos en coche de Antequera. El 10% de la población juega cada año al béisbol: 500 personas entre el club (cuenta con 80 licencias), la escuela para 100 niños y la liga local formada por siete equipos con una media de 20 jugadores cada uno. Es la fiebre popular del ‘strike’, las carreras y el ‘hatcher’. “Yo no sé ni decirlo bien, ni tampoco escribirlo, pero aquí todos sabemos las palabras del béisbol”, comenta José Manuel Artacho, de 31 años, que en 1995 fue convocado a una concentración de la selección nacional. Artacho es concejal de Deportes del Ayuntamiento, gobernado por el PSOE. Habla de pie, en el tercer escalón de la grada del campo, inaugurado en 2010.

El campo costó 1,2 millones de euros. Y hay espacio para un debate. ¿Es un despilfarro en un municipio con más de un 30% de desempleo, que vive del subsidio agrícola y de la recogida de la aceituna? “Como tiran con dinero ajeno, pues dale, ¡alegría!”, señala un vecino. “Era totalmente necesario. Llevaba 25 años pidiéndoselo al alcalde”, interpela Antonio Espejo, el fundador del club Benamejí BC, que venía de Madrid, y que jugó en la selección nacional. El campo lleva su nombre y le pedía uno nuevo, con insistencia, a José Ropero, alcalde socialista entre 1991 y 2014. Antes jugaban en el antiguo campo de fútbol, de albero (el actual es de césped artificial y está anexo al de beisbol, con la hierba más alta que el del balompié).

El milagro del béisbol en Benamejí: la fiebre popular logró un campo millonario

El club, con cuatro categorías (dispone de una denominada prebéisbol para niños de cinco años), creó cantera. Empezaron a jugar la liga andaluza, luego la nacional. El campo se quedó pequeño. Tenían que exiliarse para jugar los partidos como local. El templo del béisbol en Benamejí, con un aforo para 350 personas, alcanza la categoría B2: se pueden jugar todas las competiciones hasta internacional Sub-21 (absoluta ya no). Es el mejor de Andalucía y uno de los tres mejores de España. La clasificación la lidera el estadio Pérez de Rozas, cuya denominación oficial es Campo Municipal de Béisbol Carlos Pérez de Rozas y el de Sant Boi de Llobregat, el municipio natal de Pau Gasol. Lo destaca Jerónimo Sánchez, de 38 años, árbitro nacional desde 2008.

“Más papistas que el Papa”

Sánchez, que cobra unos 100 euros de media por partido (incluidas dietas), ha arbitrado por toda España. El sitio que más le impresiona es Rota, con los militares estadounidenses cantando su himno, con la mano en el pecho y la mirada bien firme. “Yo, que solo me sé el de Andalucía, aluciné”. También se acuerda de otro partido en el que expulsó a un jugador de Oviedo que le recordó a su madre en varias ocasiones. No había dado ejemplo: se bebió 24 latas de cerveza y un paquete de tabaco rubio. “Sí, 24 latas”, dice el árbitro/pintor “de brocha gorda y fina, que yo hago los trabajos finos”. “Es verdad que las reglas no son fáciles”, admite. Las reglas son flexibles, indefinidas. “En Europa somos más papistas que el Papa. En Estados Unidos tienen más manga ancha”, suelta Espejo. El árbitro tiene que llevar el reglamento siempre en el bolsillo trasero del pantalón por si surgen dudas de las jugadas.

Una bola de béisbol en el estadio Antonio Espejo de Benamejí.
Una bola de béisbol en el estadio Antonio Espejo de Benamejí.

Hacía diez días que no entrenaban. La semana pasada estaban de fiestas patronales. A las 19:15 empiezan a llegar los jugadores, sin prisas pero con ganas. El técnico está indispuesto. Hoy dirige el entrenamiento el ‘catcher’ Juanma Ropero. Él es el cerebro, el 10, el organizador, el que ve todo el campo y controla el juego. “Aquí es donde hay más afición de España”, proclama. Juanma es el hijo del exalcalde. Tiene 39 años y lleva 20 años practicando el deporte. Suele entrenar los martes y jueves. Unas dos horas. Trabaja en el área de Turismo de la Mancomunidad de Municipios de la Subbética controlada por el PSOE. “Cuando mi padre era alcalde yo no le decía nada. Tenía el perfil bajo”. “Es verdad”, interpela el fundador del club, “yo no paraba de pedir el campo y nunca llegaba”. Ahora quieren dos torretas de luz. Calculan que les costará 30.000 euros. Otra fuentes creen que costaría "muchísimo más". Cuando se hace de noche no pueden jugar mucho rato. Lo hacen gracias a uno de los focos del campo de fútbol.

Las opiniones son divergentes. “Juanma estaba muy incómodo por la situación y llegó a no jugar para que no dijeran nada. Él no es un enchufado. Te lo digo yo”, dice un experto del béisbol. “Yo soy neutral”. Un vecino de Benamejí que trabaja fuera del pueblo dice que Ropero “le hizo el campo al niño”. “Si no es porque jugaban sus hijos [Raúl, hermano de Juanma, lo practicó] no se hubiera hecho el nuevo campo”. “Hubiera habido más pegas para hacerlo, desde luego”, dice Juan José Martín, edil de IU. Reyes, también  aporta su visión: “Es una infraestructura demasiado grande para un pueblo de 5.000 habitantes, pero también es verdad que era una vergüenza que, con la afición que había aquí, el equipo tenía que jugar fuera de Benamejí. Había que hacer un nuevo campo, está claro, pero creo que el coste fue exagerado”. “No creo que sea un despilfarro. Las instalaciones actuales son idóneas y en el campo de fútbol no se podía seguir”, precisa José María Lara, portavoz del PP.

Antonio Espejo (i), Juan Ávila (c) y José Manuel Artacho (d).
Antonio Espejo (i), Juan Ávila (c) y José Manuel Artacho (d).

Espejo jugó en el Piratas, Condepols, Johnson and Johnson y Arquitectura de Madrid. “Que me guste el béisbol no quiere decir que sea americano. Si me vieras el otro día en la feria con sombrero cordobés. A mí me gusta José Tomás, Morante…”. Cuando volvió a Benamejí le empezaron a llamar “Antonio, el del béisbol”. Junto a su hermano, Francisco (Kiko), oftalmólogo y actual jefe de la Unidad de Oncología Ocular del Hospital Virgen Macarena de Sevilla, iniciaron la practica del béisbol. Hoy Kiko, fundador de la federación andaluza, también colabora con el equipo cuando interviene para curar un pelotazo en el ojo a un jugador que requiere atención hospitalaria. Alguna fisura de costilla también ha costado un pelotazo.

- Quítate de ahí. ¡Como no te quites, te van a dar!, avisa el fundador al club al novato que entra en el campo a fotografiar la escena del bateador que cada vez tiene el brazo más caliente. La velocidad en el golpeo de la pelota se incrementa pasados los minutos.

El club que preside Espejo Ávila cuenta con un presupuesto de 3.000 euros, más 8.000 de la Diputación de Córdoba y 3.000 del Ayuntamiento

Hay bolas que impactan en los vehículos que están al lado del campo. “¡Ese no es mi coche! ¿Tú crees que lo voy a dejar tan cerca? ¿Para qué? ¿Para que me rompan el cristal?”, deja claro Antonio Espejo, que no tiene teléfono móvil. Un par de veces se ha quedado “tirado” en la carretera y cuando lo ha rescatado la Guardia Civil le ha preguntado que por qué no había utilizado el celular para pedir ayuda. “¡Y lo tranquilo que estoy sin móvil!”.

El logo de la empresa funeraria

En la categoría sénior entrena un informático, un encofrador, otro que trabaja en la huerta de su padre, un soldador, un yesista y otro que hace ataúdes. Hace un par de años el logo del club lo patrocinaba una empresa funeraria. “Lo quitamos porque no era plan”, señala Espejo, que va explicando a El Confidencial el método de entrenamiento. Cuentan con dos equipaciones: una azul (la titular) y otra blanca (la suplente). En la preparación llevan ropa deportiva cómoda. Dos jugadores entran en vestuarios y se ponen la camiseta azul. Al lado se encuentra una abarrotada sala de trofeos. Juan Espejo Ávila, el presidente del club, tesorero en el Ayuntamiento de Benamejí, enseña con orgullo uno entregado por Onda Cero Córdoba en 2015 como mejor club deportivo de la provincia.

Juan Espejo Ávila, presidente del club.
Juan Espejo Ávila, presidente del club.

El club que preside Espejo Ávila cuenta con un presupuesto de 3.000 euros. Aparte cuentan con 8.000 de subvención de la Diputación de Córdoba. El Ayuntamiento local aporta otros 3.000 euros. Hay rifas de jamones todos los meses y papeletas de participaciones de Lotería de Navidad. Los entrenamientos están bonificados para los deportistas. Utilizar el campo es gratis total para los integrantes del Benamejí BC. “Esto no es un club, sino una familia”, resalta sobre el equipo, que también cuenta con jugadores foráneos como el cubano Carlos Brito, nacionalizado español, y Orlando Doyen, francés, que juega como comunitario. Brito y Orlando son las estrellas en los derbis regionales cuando juegan con Sevilla Red Fox, Venenciadores de Jerez, Atlético de Chiclana, los dos equipos de los Blue Devils de Rota y los Tiburones de Málaga. El equipo malagueño ha estallado contra la Federación Andaluza de Béisbol, que ha impedido a los Tiburones, actual campeón de Liga, "participar en el Campeonato de España del próximo 29 de septiembre por una denuncia del cuadro de Benamejí, organizador del torneo", según 'La Opinión de Málaga'

El presidente todavía se acuerda de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 cuando, sentado en la grada del club Viladecans, escuchaba cómo el público sabía de béisbol. “Eso no pasaba entonces en Benamejí; pero ahora sí”, asegura mientras explica al neófito que los partidos de béisbol son como los de tenis: se sabe a qué hora comienzan, pero jamás cuándo terminan. Los alevines juegan un máximo de hora y media. En categoría sénior hay partidos que coquetean con las cinco horas. Llega al campo Javier Adalid, “el pollo chico”, de 21 años. Bromean de su mote, pero Javier lo lleva bien. Agarra el bate y salta al campo. Antes se topa con un cartel blanco con letras rojas que dice: “Queda terminantemente prohibido usar ‘spikes’ metálicos o botas con tacos de aluminio para no dañar el césped”.

Bates y gorras.
Bates y gorras.

En el pueblo, conocido por sus buenos melones, no hay ningún monumento al jugador de béisbol desconocido. Ni falta que hace. No es extraño encontrar a un niño de nueve años paseando de la mano de sus padres mira el escaparate de una zapatería clásica al lado del Ayuntamiento que luce guantes, bates, pelotas. Ignacio tiene 40 años y tiene dos hijos. Uno de ellos, con ocho años, ya practica el béisbol. “Nos lo pasamos bien. Es divertido y estoy con los amigos”, señala Ignacio. En el Benamejí BC hay jugadores que podrían haber tenido futuro. Como Cristino Lendinez, ahora con 30 años, que tenía 11 cuando fue convocado por la selección nacional infantil para jugar en Japón. El padre de Cristiano no le dejó viajar solo.

Un lanzador arroja la pelota con fuerza hacia el ‘catcher’. Intenta conseguir un ‘strike’. Lo logra. Termina el entrenamiento. Desde la vecina pista de pádel devuelven varias pelotas. Aquí nadie ha visto 'Moneyball, la célebre película de béisbol protagonizada por Brad Pitt. Ellos saltan el campo como si fueran de Saint Louis o de los Oakland Athletics. Pero no eres de Benamejí si no has bateado alguna vez, como apunta el árbitro Jerónimo. O una bola te ha dado en el cuerpo. 

- ¡Ten cuidado! ¡Tú verás que te dan!

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