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La ley trans vuelve a dividir en dos al PSOE con una lucha de poder en el feminismo
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LA AUTODETERMINACIÓN DE GÉNERO, LÍNEA ROJA

La ley trans vuelve a dividir en dos al PSOE con una lucha de poder en el feminismo

La dirección del grupo parlamentario trató de convocar una reunión interna para solventar las diferencias, pero, ante la magnitud de las posiciones encontradas, se optó por dar una patada hacia adelante

Foto: La ministra de Igualdad, Irene Montero (i), junto a la presidenta de la Comisión de Igualdad, Carmen Calvo (d), durante una comparecencia en el Congreso. (EFE/Javier Lizón)
La ministra de Igualdad, Irene Montero (i), junto a la presidenta de la Comisión de Igualdad, Carmen Calvo (d), durante una comparecencia en el Congreso. (EFE/Javier Lizón)

Ni el acuerdo de la exvicepresidenta Carmen Calvo con las principales entidades LGTBI+ para blindar la autodeterminación de género en la ley trans ni las resoluciones del último congreso federal del PSOE avalando el proyecto del Gobierno han conseguido cerrar la brecha abierta dentro del partido. Un asunto que ha delimitado el enfrentamiento entre dos sectores del feminismo y que ahora vuelve a reproducirse dentro del grupo parlamentario socialista. El denominado feminismo clásico, contrario a la autodeterminación de género y que, según varias fuentes parlamentarias, está volviendo a espolear Calvo, ha vuelto a poner trabas para la tramitación de la norma. El compromiso entre los socios del Gobierno pasaba por aprobar la ley antes de final de año a través de un trámite de urgencia. Un objetivo que se aleja debido a la decisión del PSOE de sumar sus votos al PP para volver a retrasar la tramitación al ampliar el plazo en el Congreso de la presentación de enmiendas. La falta de consenso interno ha obligado a ello.

La dirección del grupo parlamentario trató de convocar una reunión interna para solventar las diferencias, pero, ante la magnitud de las posiciones encontradas internamente, se optó por dar una patada hacia adelante. Ganar tiempo para intentar encauzar la discusión, lo que no ha hecho más que azuzar las discrepancias. Desde el feminismo clásico se ve el retraso en la tramitación como una pequeña victoria y confían en revisar el concepto de autodeterminación de género para promover que sea necesario un informe médico.

Foto: La ministra de Igualdad, Irene Montero. (EFE/Chema Moya)

Una línea roja no solo para sus socios de Unidas Podemos, que rechazan cualquier cambio, sino también dentro de la dirección del grupo. Fuentes de este niegan que se esté estudiando presentar enmiendas sobre la autodeterminación de género. Son tajantes al respecto, aunque admiten que, "en todo caso", se valorará dotar al texto de una mayor "seguridad jurídica". Oficialmente, no se ha producido este debate, pero desde el PSOE insisten en que "no estamos estudiando presentar enmiendas sobre la autodeterminación".

Entre las modificaciones a las que se abrirían en pos de generar un consenso interno sobre la futura norma se destacan aspectos para dar más garantías legales y blindarla de posibles recursos. Asimismo, se plantea una enmienda para eliminar del texto la equiparación de la violencia intragénero con la violencia machista. Un aspecto en el que hay entendimiento entre las distintas sensibilidades.

Fuentes del grupo socialista niegan que estén valorando presentar enmiendas sobre la autodeterminación de género

La principal paradoja de que se haya reavivado este debate por la ley trans a nivel parlamentario, tras zanjarse tanto en el Gobierno como orgánicamente en el PSOE, es que algunas voces que vivieron en primera persona todo el proceso apunten a la mano de Calvo. La exvicepresidenta fue quien pactó la ley en los términos en los que ha llegado al Congreso. Al menos, los aspectos nucleares que se han mantenido del anteproyecto. El texto final aprobado en el Consejo de Ministros solo incluyó pequeñas modificaciones por parte de Unidas Podemos, como es el caso de la equiparación de las violencias machista e intragénero.

La exvicepresidenta puso trabas desde el principio a la norma estrella de Igualdad, cuestionando tanto su falta de seguridad jurídica como aspectos relacionados con la identidad de género. Se puso en duda la autodeterminación de género como un derecho fundamental y, por tanto, se situó fuera del marco constitucional. La discusión aplazó la aprobación del texto hasta que la presión de los colectivos y la amenaza de sufrir un boicot en la celebración de Orgullo ayudó a desencallarlo. Fue entonces cuando Calvo interlocutó principalmente con la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB+), y levantó el bloqueo. Desde esta entidad se había llegado a manifestar su "más absoluto rechazo y condena al argumentario tránsfobo del PSOE y sus posteriores intentos de justificación por parte de algunas de sus responsables". Lo que eran dos borradores, uno de cara a una futura ley trans y otro aparte LGTBI, se fusionaron en uno.

Autoenmienda

Unidas Podemos se puso la medalla, aunque fuentes cercanas a la Moncloa que vivieron aquel episodio apuntan que fue la propia Calvo quien utilizó una potestad que se le otorga a la vicepresidencia en caso de discrepancias para elevar directamente el texto a la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios. En todo caso, a Calvo tampoco le interesaba reivindicar su autoría al introducirse la autodeterminación de género. Sí se asociaron a ella los aspectos más técnicos para profundizar en la tan mentada "seguridad jurídica".

Tras la última polémica, desde los colectivos en defensa de los derechos de las personas LGTBI+ han alzado la voz para apuntalar esta versión. A través de un comunicado, FELGTBI+, Chrysallis y Fundación Triángulo afirman que no aceptarán "recortes a la ley Trans pactada con Carmen Calvo en junio de 2021". Desde Unidas Podemos se limitan a señalar que la norma "se pactó con Carmen Calvo".

La paradoja, por tanto, sería que las nuevas trabas a la tramitación de la ley trans suponen una "autoenmienda", ironiza una fuente socialista defensora del proyecto. La división que ha vuelto a reavivarse tiene ecos de una guerra de poder y de posicionamientos de cara a preservar la representación de sectores contrarios a la norma dentro del PSOE. Posiblemente de cara a futuros cónclaves. De hecho, en el último congreso federal fue el tema de mayor fricción y una buena parte de las enmiendas contra la ley siguieron la estela del argumentario firmado por Carmen Calvo en junio de 2020, como secretaria de Igualdad del PSOE en aquel entonces. Una carta para responder a la supuesta "polémica creciente respecto a la utilización y la confusión, en ocasiones interesada, de algunos conceptos fundamentales en el feminismo, como son el sexo y el género". La teoría 'queer', se abundaba, va "ganando terreno en el mundo académico y activista" y "niega la existencia del sexo biológico, por lo que desdibuja y difumina la realidad de las mujeres".

Ni el acuerdo de la exvicepresidenta Carmen Calvo con las principales entidades LGTBI+ para blindar la autodeterminación de género en la ley trans ni las resoluciones del último congreso federal del PSOE avalando el proyecto del Gobierno han conseguido cerrar la brecha abierta dentro del partido. Un asunto que ha delimitado el enfrentamiento entre dos sectores del feminismo y que ahora vuelve a reproducirse dentro del grupo parlamentario socialista. El denominado feminismo clásico, contrario a la autodeterminación de género y que, según varias fuentes parlamentarias, está volviendo a espolear Calvo, ha vuelto a poner trabas para la tramitación de la norma. El compromiso entre los socios del Gobierno pasaba por aprobar la ley antes de final de año a través de un trámite de urgencia. Un objetivo que se aleja debido a la decisión del PSOE de sumar sus votos al PP para volver a retrasar la tramitación al ampliar el plazo en el Congreso de la presentación de enmiendas. La falta de consenso interno ha obligado a ello.

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